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Apuntes

Llegar y ¿Gobernar?
Fecha de Publicación: 24/09/2013
Tema: Política

Vamos a ver, un político con posibilidades políticas decide correr para la presidencia. El candidato tiene, que ya es mucho en su favor, aptitudes para gobernar e ideales que aplicar. Y diseña su estrategia para ganar la contienda electoral y esboza un plan de principios de su gobierno. Al candidato realmente lo animan propósitos de genuinos de cambiar el rumbo del país en beneficio de la colectividad.

El candidato también sabe que lo primero es ganar las elecciones, “llegar” como se conoce este triunfo. Lo segundo será gobernar. Lo primero no tiene medias tintas, o llega o no llega, lo segundo resultará como se pueda, aunque se parezca poco o nada a los ofrecimientos de campaña y a sus genuinos propósitos.

La estrategia de la contienda electoral debe incluir todas aquellas técnicas publicitarias que sus asesores en la materia le recomiendan y sobre sale el punto de que la mayor campaña publicitaria es la que le puede asegurar su triunfo, una verdadera contienda de quetzales entre los candidatos con los que competirá con sus planteamientos pero principalmente con la chequera publicitaria. Para las agencias publicitarias y para los medios de comunicación social, puede ser que la contienda electoral sea la más grande oportunidad de negocio que exista para ellos.

Los slogans de campaña extractados de su plan de gobierno deben incluir la solución de todos los problemas que aquejan a la sociedad,  sus posibles electores. Y en el diseño de lenguaje y mensajes debe tomarse muy en cuenta el nivel intelectual de los electores, principalmente de los que depende el mayor número de votos. ¿Cómo los hará realidad? es realmente harina de otro costal y solo deberá debatirlos en los debates en que participe, que por cierto deberán ser el menor número posible ya que la implementación de las soluciones serán del gusto de unos y de la reprobación de los más, o serán, muchos de ellos, imposibles de realizar.

También le recordarán las enseñanzas del Príncipe de Maquiavelo, especialmente las relativas a los cambios: los cambios, serán atacados fuertemente por los que se van a ver afectados con los cambios y serán defendidos débilmente por los que crean que los cambios los beneficiaran, pero este teórico beneficio no es seguro…

Pero el candidato si cree en que con su gobierno él va a hacer mejoras generales para sus ciudadanos y con tales premisas elabora su plan de gobierno. Al hacerlo identificará las causas de la anarquía y desgobierno en que vivimos y planteará teóricamente las soluciones. Sus asesores le advertirán que la mayoría de las soluciones no las puede anticipar porque perdería un alto porcentaje de los electores de entrada.

Por ejemplo, medidas tales como reducir el gasto público, reducir el número de empleados públicos, hacer que los salarios estatales estén sujetos a productividad, etc., hacer cumplir a rajatabla las disposiciones legales en salubridad, educación, gobernación, etc. que existen y no cumple nadie y que las autoridades se hacen de la vista gorda, serán de las cosas que nadie afectado o con la posibilidad de ser afectado negativamente apoye en una elección. Por lo tanto ni mencionarlos. Y de los temas populistas ya en funciones, ni tocarlos, es más en las entrevistas lo comprometerán a aumentarlos aunque él los considere de resultados negativos.

Y entonces los asesores de campaña elaboran el presupuesto respectivo y el programa de trabajo. El candidato se dará cuenta de las cantidades enormes de dinero que se requieren para ganar la contienda y los asesores también lo documentan en cuanto a la solución para contar con los fondos necesarios. Aparece entonces la figura de los financistas de la campaña.

El candidato repasa la lista de financistas y realiza que conoce a la mayoría y sabe lo que a cada quien le interesa de su eventual llegada al poder. Y empieza su peregrinaje para asegurar los fondos.

Los financistas convencidos por el candidato, pasan a la etapa siguiente y le piden al candidato asegurar los mecanismos bajo los cuales obtendrán los beneficios que son de su interés, único objetivo que el financista tiene y única razón por la cual le apuesta al candidato, apuesta que generalmente no es en exclusiva.

Cada financista va colocando sus piezas (candidatos a los puestos de gobierno) y así se va conformando el gabinete y los principales puestos de gobierno y si no los pone, al menos tiene capacidad de veto en la selección de funcionarios relacionados con sus intereses. De cualquier forma el funcionario seleccionado sabrá los compromisos con los financistas relacionados.

El candidato a presidente, recorre afanosamente cuanto pueblo existe en el país para promover su figura y que lo conozcan. El contenido de sus discursos será seleccionado por los asesores publicistas y coincidirán con los que los ciudadanos en cada pueblo quieran oír. Estas son las ya famosas promesas de campaña.

El candidato también sabe que ganar en la primera vuelta es aritméticamente imposible por lo que debe incluir en su estrategia la segunda vuelta y en consecuencia anticipar las alianzas que serán necesarias para sumar los votos que los partidos no finalistas representan. Estas alianzas por cierto, complican un cacho los compromisos contraídos durante la campaña.

Y en el mejor de los casos, el candidato a presidente ha conseguido “llegar” a ganar en la segunda vuelta y resultando el ganador de la campaña será el próximo presidente de la república.

Durante el tiempo que transcurre entre la victoria electorera y la toma de posesión, el futuro presidente conforma su gobierno nombrando a las personas oportunamente designadas o aprobadas por los financistas y éstos a su vez empiezan a escoger de entre los más allegados al partido ganador y de entre los compromisos de “chance” que cada uno de ellos tiene.

El ahora presidente, se da cuenta de lo difícil que es juntar digamos a 100 personas idóneas para los cargos principales y jerárquicamente más altos. Sencillamente ni los conoce a todos y de los que conoce y reconoce como idóneos, la mayoría no aceptarán participar en política. Generalmente son celosos de su prestigio personal y no querrán arriesgar su seguridad jurídica en los próximos 20 años, “gracias, pero no”

Pero ¿y si se pueden nombrar funcionarios con personas obedientes y no beligerantes de forma que se puedan dar las órdenes desde el asiento de atrás y sin aparecer públicamente? Ah entonces esta modalidad permite ordenar sin aparecer públicamente y sin responsabilidad legal, algo así como el poder atrás del trono que ya también se ha practicado. Y entonces a cambio de ser pantalla, el funcionario llega a servirse en lugar de a servir.

Par reclutar gente recurre a sus allegados del partido, al fin y al cabo el partido es más bien una potencial agencia de empleos estatales, de la que los seguidores del partido esperan su chamba, sin muchas exigencias sobre la naturaleza del trabajo siempre y cuando sea pagada y con la granjerías de ley, los sindicalizados por ejemplo pedirán incluir entre las granjerías el permiso de no trabajar…y así irán sucediendo los nombramientos de miles de funcionarios públicos…

Al fin y al cabo, todos los favores y compromisos de todos los participantes en el gobierno, se pagan con pistos presentes o futuros del estado. Lo que es de todos no es de nadie, reza el refrán.

Y el presidente toma posesión del cargo y empieza su gobierno, en el mejor de los casos, conociendo de cerca su gabinete y menos de cerca o sin conocer a la mayoría de sus funcionarios y entonces empieza a darse cuenta que las cosas no se pueden cambiar como él quisiera y necesitara para implementar las medidas de su plan de gobierno, y no se pueden cambiar por varias razones, la primera es que encuentra pocos dispuestos a cambiar algo, la segunda es que la masa de empleados estatales es la misma incrustada de siempre y que éstos se encargan con su inercia de que no cambie nada, la tercera es el presupuesto heredado de la administración anterior que no contemplaba los cambios que él quiere hacer, la cuarta es cuando le explican que cualquier cambio que implique legislación debe hacerlo el congrueso y que eso cuesta plata y desgaste político, la quinta es que hay que empezar a cumplir con los financistas y así sucesivamente hasta que el presidente (el candidato) se da cuenta que el único que no puede realmente exigir es el pueblo que lo eligió…

Curiosamente, ese pueblo es ahora el eslabón más frágil de la cadena y es el que se queda como estaba cuando empezó el juego democrático de elegir un presidente.

Pasarán los primeros 100 días de gobierno y la luna de miel del nuevo gobierno empezará a desmoronarse, empezarán las críticas y la oposición empezará su labor de zapa. Para el segundo año de gobierno el comentario general será de desconsuelo y de desesperanza de los cambios ofrecidos. El gobierno terminará un nuevo ciclo y empezará a atisbarse la nueva campaña electorera.

Reaparecerán los candidatos que se consideran con posibilidades de triunfo. Posibilidades estas basadas en los resultados que alcanzaron en la recién pasada contienda y en el principio que con tenacidad “a la tercera es la vencida”.

Los resultados de la gestión de los gobiernos electos han sido frustrantes y en cada oportunidad se sumarán 4 años más a los desperdiciados por los gobiernos anteriores. Y así seguiremos mientras no se cambie el esquema cuyos resultados han sido patentes.

Y en algún lado leí que el documento que se requería en la Grecia cuna de la democracia, era el comprobante de haber pagado los impuestos. El que no pagaba impuestos no votaba. Y también aprendí que en algunos países, el valor del voto es ponderado con la productividad del estado que lo emite…