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Política Pública

La tercera vuelta
Fecha de Publicación: 30/06/2022
Tema: Electoral
Tribunal Supremo Electoral –TSE: Salvemos el país, hagamos una patria mejor. Evitemos muertes inútiles. No desperdiciemos esta oportunidad. Pensemos que podríamos no tener otra.

La construcción del Estado es asunto de todos. La responsabilidad de los funcionarios no debe, necesariamente, incluir la obligación de concebir los cambios que deba hacerse. Ellos son la autoridad a cargo de estudiar, validar y, si fuera el caso, poner en vigor las propuestas ciudadanas, más no es suya la obligación de concebir tales planes.

Este documento contiene una propuesta de cambio. Sea por el TSE actual, el que sigue o el posterior a ese. Creo, con firmeza, que es asunto de los ciudadanos formular los cambios que conduzcan a crear un mejor país. Los proyectos deben plantearse ante la autoridad que corresponda. Es función de las instituciones analizar las propuestas y, de encontrarlas convenientes, darles vigencia.

Tengo un generalizado temor de enfrentar a funcionarios arrogantes, displicentes, desdeñosos o apáticos. Tal recelo carece de fundamento. Se trata de un prejuicio que no consigo superar. Temo llegar al TSE y sentarme a esperar a que un magistrado me envíe con un secretario quien, en el mejor de los casos, me preguntará ¿en qué podemos ayudarlo? Por eso lo dejo hasta aquí, rogando al lector que conozca al magistrado que corresponda, se lo haga llegar.

Nuestros dirigentes políticos forman parte importante del gran problema nacional. Con pocas excepciones, el espíritu de servicio está ausente. La camarilla que rodea a los gobernantes estimula la soberbia de ellos. Los hombres honrados, inteligentes y preparados, con auténtico interés en sacar adelante a Guatemala, experimentan una enorme soledad. Muchos renuncian, se van. En cambio, los más corruptos se arraigan con fuerza. Son como el chichicaste, cuya raíz, se dice, mide siete veces la altura de la planta. De allí la corrupción, el robo, la malversación, la defraudación, la ratería y aún crímenes de mayor envergadura.

Pero somos nosotros, los ciudadanos, quienes hemos elegido a las cabezas de gobierno ¿Por qué escogemos mal? Quizá no se trate de una grave perturbación mental colectiva. Podría ser el sistema, la forma de seleccionar lo que conduce, inexorablemente, a optar por “el menos peor”.

Lo grave es que los ciudadanos elegimos con base en promesas, mentiras, engaños, vídeos, canciones, regalos con sabor a soborno... Nos dejamos convencer por campañas publicitarias sofisticadas e intensas que ya demostraron ser capaces de encerrar a la población. De ocultar hechos como que la destrucción de Ucrania no es sino una guerra Este-Oeste, como la que asoló nuestra tierra durante treinta años.

Sabemos que hay asesores de campaña internacionales que se presentan como “fabricantes de presidentes”. Son muy buenos. Tienen un gran conocimiento de la psicología de masas. Trabajan con quien pueda pagar sus elevados honorarios. Crean credibilidad, confianza, venden la idea de que el candidato conoce, no solo los problemas sino también las soluciones. Consiguen, además, desarrollar afecto en los electores por los candidatos. Piense, esos asesores consiguieron que la gente viera con esperanza a ¡Baldizón y a Estrada! Recuerde que ambos estuvieron en prisión. Pero no solo con ellos, también lo hicieron con los últimos nueve presidentes.

No exagero. Usted recordará que Baldizón regalaba motocicletas y sillas de ruedas en sus mítines al tiempo que prometía llevar a Guatemala a ¡Un mundial de fútbol! Estrada regalaba caballos de raza. La gente les creía. Le pregunto: ¿Recuerda algo del plan de gobierno de uno u otro? Lo verdaderamente importante, lo que harían por la gente, quedó oculto entre sus gastos multimillonarios de propaganda.

Debemos cambiar el procedimiento de selección de tal manera que los candidatos no engañen a los ciudadanos. Es imperativo que la selección se haga con base en los planes de Gobiernos y en la gente y otras personas que rodean al presidente y vicepresidente sean gente de bien.

Permítame entonces proponer un proceso electoral sobre bases diferentes. Uno que no se ocupe de la forma, como ahora, y que se preocupe por el fondo:

Primero: derogar las disposiciones que limitan la participación ciudadana. Que la creación de un nuevo partido político sea expedita. Que se reduzca tanto como sea posible la obligación de tener sedes en diferentes localidades. Que no sea necesario haber celebrado asambleas donde se proclame a los candidatos. Que se reduzca la exigencia del número de afiliados. Se debe activar, a través de nuevos candidatos la participación ciudadana, hay que reducir la indolencia, conseguir que participe un mayor número de electores en la votación.

Segundo: El techo financiero de los partidos participantes se debe ampliar. Mejor si no existe tal techo. Que cada quién utilice los recursos que pueda obtener. Los partidos deben declarar el origen de su financiamiento y los esfuerzos del TSE deberán centrarse en determinar la licitud de tales fondos, no en su monto.

Tercero: Que la actividad proselitista no tenga una fecha de inicio. Que cada candidato empiece cuando lo considere conveniente. Es preferible un candidato que lleve cuatro años recorriendo el país para darse a conocer, a otro que ha permanecido alejado de la población y solo aparece junto con la convocatoria a elecciones.

Cuarto: Celebrar una primera ronda electoral tres meses antes de la 
“Segunda Vuelta”. En ella solo participarán los cuatro con mayor número de votos. Si alguno obtuvo más de la mitad de los votos queda automáticamente electo. En la votación para diputados, los distritos donde corresponde más de un diputado, se tomará tres veces el número correspondiente de quienes fueron más votados. La votación para alcaldes funcionará igual que la de presidente y vicepresidente.

Quinto: Se tiene a los cuatro candidatos punteros. Con ellos se puede debatir de ideas y programas, con 10 o 20, es imposible. Solo se puede conseguir un mal remedo de debate cuando un candidato tiene 5 minutos o menos para exponer y carece de tiempo para preguntas y respuestas. Se retiran las vallas, los rótulos y otras formas de propaganda y queda terminantemente prohibida cualquier actividad proselitista. El Estado absorbe los gastos que correspondan para llevar a cabo los debates, mismo que deberán ser de cuando menos uno por quincena.

Las presentaciones, foros, discusiones abiertas, mesas redondas y otras formas de comunicación entre los candidatos que puedan ser atendidos por los electores podrá recibir apoyo financiero del TSE. La totalidad de los gastos de las seis que organice el TSE serán sufragados con fondos públicos. El debate entre los cuatro candidatos con mayor votación popular se hará sobre la base de sus programas de gobierno, pero podrá abarcar otros tópicos.

El TSE pagará cuatro encuestas y publicará los resultados en los medios y por la internet, buscando maximizar la difusión. Las empresas que hagan los sondeos de opinión pública deberán estar previamente calificadas por el TSE en consenso con los cuatro partidos. Los resultados de otras encuestas solo serán publicados con autorización previa del TSE. Se considerará que los “sondeos” hechos por fuentes no autorizadas buscan desorientar al electorado y su publicación estará prohibida. El TSE actuará con severidad en contra de quienes traten de engañar a los electores.

Llevar a cabo un plan para gobernar presupone la participación de muchas personas además del Presidente y Vicepresidente. En consecuencia, se exigirá a los candidatos la presentación de una nómina de las personas a quienes pedirán, en primera instancia, formar gobierno con ellos. La nómina deberá incluir a los ministros de Estado y otros diez cargos más importantes. Quienes hayan sido nominados por los candidatos no tendrán que aceptar previamente entrar a formar gobierno con el ganador. Es más, una misma persona podrá haber sido propuesta por más de un candidato. Los candidatos a Diputado y a Alcalde estarán dispensados de este requisito.

Cuando se lleve a cabo la votación, el ganador deberá recibir la mitad más uno de los votos válidos. Si tal condición no llega a darse, tres semanas después se hará una tercera y última elección entre quienes hayan ocupado el primero y segundo lugar. Se mantendrán las mismas condiciones de la segunda votación.

La tercera vuelta, de ser necesaria, concluirá con un ganador. Este será el nuevo Alcalde, los nuevos diputados o los nuevos presidente y vicepresidente de la República

Me adelanto a responder dos posibles cuestionamientos

Primero: ¿Para qué tanto lío? ¿Por qué no seguir como se ha venido haciendo, que es también como se hace en otros países? Respuesta: Porque el procedimiento actual produce los resultados que hemos tenido hasta ahora y estos no han sido buenos para Guatemala. Con el cambio propuesto los electores escogeremos con base en los programas de gobierno y las personas que estarán a cargo de ejecutarlos. Se erradicarán así las elecciones basadas en publicidad, canciones, regalos, sobornos, el pago a personas para que asistan a las asambleas, mítines, recorridos...

Segundo: El gasto público necesario para sufragar el costo de los debates, las encuestas y su difusión, así como una eventual tercera votación es elevado y deberá ser cubierto con los impuestos que se cobra a los ciudadanos. Esos fondos podrían destinarse a inversión social. Respuesta: Así es. Tendrá un costo alto. Pero mucho más alto es el costo de tener un mal gobierno, como los que han evitado el desarrollo nacional y empujado a millones de los ciudadanos más valiosos a migrar hacia otros países. A veces, como sucedió esta semana, a morir abrasados dentro de un tráiler en Texas.
SOBRE EL AUTOR
J. Fernando García Molina
Graduado en Ingeniería Eléctrica por la USAC Graduado en Ingeniería Industrial por la URL Magister Artium en Economía por la UFM Diplomado en Ingeniería Pentacont
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