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Teorema

Lucha de poderes
Fecha de Publicación: 15/09/2013
Tema: Política

 

El miércoles 11 recién pasado, recibí una presentación electrónica (.pps) sobre Siria (Ver http://www.youtube.com/watch?v=kNtDNy7wlRw). Es una colección interesante de fotografías y datos, muchos de los cuales desconocía. La presentación consigue ponerlo a uno en los zapatos de un sirio diciendo: Dejen tranquila a Siria, no tenemos petróleo.


Siento indignación ante la visión y práctica de las políticas musulmanas radicales, mismas que considero aberrantes. Pero esa Siria sobre el Mediterráneo, que tiene fronteras con Turquía, Irak, Israel, Jordania y Líbano y que es miembro de las Naciones Unidas, parece ser distinta. Es fácil asociar la situación actual en Siria con lo sucedido en Irán en los años 70. El entonces presidente Carter intervino en protestas en contra del Shah Reza Pahlevi, consiguió quitarlo del poder, destruirlo. Posiblemente las razones fueran válidas, pero al hacerlo se ayudó a convertir a Irán en lo que es hoy, un país dirigido por extremistas religiosos.


Pasada la Segunda Guerra Mundial, Siria obtuvo su independencia de Francia. Siguió mucha inestabilidad, guerras con Turquía e Israel, 4 constituciones, más de 20 gobiernos… El 13 de noviembre de 1970, el entonces ministro de Defensa Hafez-al-Asad por medio de un golpe militar incruento, expulsó a la autoridad civil y asumió el rol de primer ministro.


Al-Asad se mantuvo en el poder 30  años, hasta que falleció en el año 2,000. Mediante referendo, lo sucedió en la presidencia su hijo, Bashar al-Asad, para un período constitucional de 7 años. Este, un médico oftalmólogo que había vivido y trabajado en el Reino Unido, mediante la influencia de su padre, tuvo una serie de ascensos militares que lo convirtieron en Coronel a los 34 años y en General un año después, al morir su padre.


En 2007, Bashar al-Asad sometió su intención de mantenerse en el gobierno otros 7 años (hasta 2014), a un referendo donde fue candidato único. Según anunciaron oficialmente, el evento tuvo una participación de 94.6% de la población y votos favorables por 99.7%. Ambas cifras, particularmente la última, son inverosímiles. Pero eso no necesariamente contradice la posibilidad de que haya recibido un apoyo popular amplio.


Desde 1956 Siria se había convertido en socio de Rusia, se declaró socialista y recibió apoyo militar de Moscú, condición que se mantiene a la fecha. Al-Asad padre había completado sus estudios militares, becado, en Rusia. Buscó convertir a Siria en un país moderno, progresista, abierto a los extranjeros. El hijo siguió la ruta del padre, pero se acusa a su régimen, como también se señaló a su antecesor, de no tener prácticas democráticas y de un abierto irrespeto a los derechos humanos.


En Siria hay una razonable separación entre Iglesia y Estado. La inmensa mayoría de sirios son musulmanes pero la Iglesia Musulmana Siria no interviene en las decisiones del gobierno. Por eso, aunque hubiera un fondo religioso, los conflictos políticos iniciados en 2011 estuvieron dirigidos no contra el Estado sino contra el Presidente, como había sucedido con el Shah. Cuando se intensificaron las protestas, el gobierno las reprimió, causando que la población tomara partido. Esto condujo a que dentro del ejército sirio se formaran facciones disidentes. Así nació el Ejército Libre de Siria, cuyos integrantes son más conocidos en el mundo occidental como los rebeldes.


El conflicto adquirió otra dimensión el 21 de agosto anterior, los rebeldes denunciaron el uso de armas químicas, causando la muerte de al menos 1,300 personas. El gobierno negó enfáticamente haber usado tal armamento. Obama saltó amenazando con un ataque en gran escala y envió portaviones y demás equipo bélico sofisticado al Mediterráneo. Putin también intervino, pero a favor de Siria negando el uso de tales armas por el Gobierno. Bashar al-Asad asegura que encontraron armas químicas en poder de los rebeldes. Más recientemente, Nadim Balush, un rebelde sirio declaró que ellos (los rebeldes) usaban armas químicas para matar mujeres y niños, siguiendo consignas de Osama Bin Laden.


¿A quién creer? ¿A Al-Asad, a Putin o a Obama? Yo diría que a ninguno, que es necesario razonar. Las armas químicas muy probablemente eran para ser usadas contra Israel. Después de 100 mil fallecidos durante el conflicto, ¿por qué usar armamento prohibido para atacar a 1,300 civiles? ¿Por qué matar a 300 niños? ¿Por qué causar estupor en Occidente? ¿Qué gana el gobierno? ¿Asustar a sus oponentes haciéndoles saber que está dispuesto a usar armamento químico? No le encuentro mucho sentido. Todo parece indicar que los rebeldes serían los beneficiados al obtener apoyo de Obama quien necesitaba una justificación así para intervenir.


En 1993, un total de 195 países firmaron un tratado que proscribía el uso de armas químicas, cobró vigor a  principios de 1997. Dentro de los firmantes está Rusia y USA. Siria nunca lo firmó. La  prensa italiana afirma que el arsenal químico de Siria es el más grande del Medio Oriente y el cuarto en el mundo. Asegura que posee entre 500 y 1,000 toneladas de “agresivos químicos”.


El 25 de agosto, el presidente Obama (de los Estados Unidos), envió el cuarto buque de guerra al Mediterráneo, ordenándoles ubicarse  frente a las costas sirias. Ni las Naciones Unidas ni la mayor parte de países europeos respaldaron la postura unilateral de Obama. Consideraron que un ataque contra Siria solo podría suceder como una última opción, no como la primera. Pero sus declaraciones son cautelosas, muy diplomáticas.


La prensa ha recordado a Obama que en los años 80, USA intervino a favor de las fuerzas islamistas en Afganistán, consiguiendo fortalecer a los rebeldes talibanes para que estos tomaran el poder. Años después, fueron las mismas fuerzas islamistas afganas las que protegieron a Osama Bin Laden y a Al Qaeda. Ahora Washington afirma que su participación es exclusivamente para castigar el uso de armamento químico y que no tiene vínculos con los rebeldes. Sin embargo, el Secretario de Estado John Kerry, en declaraciones un tanto torpes, ha insinuado lo contrario.


El 5 y 6 de septiembre anteriores se desarrolló una reunión del G-20 (reunión de 20 jefes de Estado que incluye a los 7 países más industrializados) en San Petersburgo, Rusia. Vladimir Putin acude como anfitrión y Obama como invitado, habiendo previamente declarado que no tendría una reunión personal con Putin. Esta sin embargo sucede, pero a puerta cerrada y bajo la condición de no dar declaraciones a la prensa. Se dijo que Obama había salido de la reunión, atropelladamente y muy molesto.


Obama llegó a San Petersburgo en busca de apoyo para lanzar su ataque a Siria. Conforme se lo iban negando, amenazaba, advertía,  suplicaba, regateaba… termina diciendo que si lo apoyaban solo haría un ataque “muy pequeño, minúsculo… un mini”. Sus colegas, políticos al fin, lo evitaban. En cambio apoyaron la salida política planteada por Putin que consiste en pedir a Siria que entregue su armamento químico y suscriba el tratado de prohibición de tales armas.


La postura de los colegas de Obama fue expresada de la manera más ambigua posible para no herirlo, para no asumir responsabilidad por la pérdida de autoridad del mandatario ni del virtual colapso de la hegemonía de Estados Unidos en el mundo. Así, las declaraciones, por un lado hablan de una respuesta rigurosa, drástica y severa al uso de armas químicas (lo que supondría un apoyo a Obama), pero por el otro concluyen afirmando que una solución militar es improcedente y apoyan cualquier esfuerzo que deba realizarse para alcanzar una salida política (favorable a Putin).


La gente se manifiesta en favor de Obama, de Putin o de Al-Asad, como si ellos fueran lo importante. Nos cuesta ver que dentro de unos años, serán otros quienes ocupen el escenario que ahora ellos dominan. En cambio allí estará Siria, que como los demás países, tiene condiciones de inmortalidad. Allí estarán los nietos de los ciudadanos de hoy, ignorantes de las causas del conflicto y de quienes lo dirimieron. Podrán estar disfrutando de bienestar como el que ahora disfrutan los habitantes del norte de Europa o tener cicatrices graves en el alma, como las que tienen los israelitas, los japoneses o los vietnamitas.

 


Pero eso podría no importar mucho a los dos principales dirigentes de hoy. Una lucha de poderes recién fue librada y hay un claro ganador.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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