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Beethoven, 250 años después
Fecha de Publicación: 18/12/2020
Tema: Arte
El 16 de diciembre del año 2020 se cumplieron 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven. En él, el arte musical consumó su más asombrosa realización, y confiriole la calidad de ser inaudito milagro universal de potencia creadora destinada a ser residencia de la perfección. Algunos de sus grandes contemporáneos fueron los artistas musicales Haydn y Mozart; los filósofos Kant y Hegel; los poetas Goethe, Schiller y Hoelderlin, y Napoleón Buonaparte, en quien admiró al héroe republicano, pero nunca al monarca imperial.

El arte de Beethoven puede sugerir sentimientos y pensamientos, ideales e ilusiones, sueños y esperanzas, regiones fantásticas del ser y territorios superiores del espíritu, capaces de transformar la concepción del mundo e influir en la vida. Esos sentimientos y pensamientos, ideales e ilusiones, sueños y esperanzas, regiones y territorios, solo pueden ser toscamente aludidos por medio del lenguaje ordinario, aún con el auxilio de la devota oración funeral de Franz Grillparzer, la imaginación fecunda de Richard Wagner, la metáfora exaltada de Romain Rolland o la persistencia analítica de Donald Tovey.

Cada obra de Beethoven es una totalidad en la que ninguna parte es accidental, sino que todas las partes son igualmente esenciales. En algunas obras esa impresión de totalidad de partes esenciales es tan patente que uno puede creer que jamás fueron creadas, sino que son obras eternas, que yacían en una grandiosa región celeste, y cuyo hallazgo solo podía ser obra de un genio dotado de un maravilloso privilegio divino.

Beethoven constituyó, con Bach, Haendel, Haydn y Mozart, una cósmica hermandad artística creadora de la época más gloriosa del arte musical. Empero, fue Beethoven quien, en esa época única, transformó la música en una expresión completa, en la suprema, exhaustiva expresión artística; y demostró que la música podía ser la síntesis de todas las expresiones artísticas, y que ningún otro arte podía desempeñar esa colosal función sintética. Es explicable que Beethoven, cuando aún vivía, haya sido comparado, no solo con artistas musicales, sino con Miguel Ángel y con Shakespeare.

La obra de Beethoven suele ser dividida en tres períodos. El primero le brindó al mundo sonatas para piano, tríos y cuartetos para cuerdas, que eran obras suficientes para incluirlo entre los más grandes artistas de la civilización occidental. Es el período del artista que tiene la certeza de que, con su genio poderoso y su formidable originalidad, crea un reino artístico que transformará la experiencia estética de la humanidad.

Empero, impredeciblemente, el genio de Beethoven se expande de manera colosal. Surge entonces un segundo período, que le brinda a la humanidad renovadas obras para piano y para cuerdas, e impresionantes obras sinfónicas. Es el período del héroe que, en su ya creado reino artístico, ensancha su territorio y suscita el asombro mismo de Orfeo, quien le reprocha a sus padres, Apolo y la musa Calíope, haberlo dotado de escaso talento.

La música de Beethoven y, con ella, toda la música, parece haber llegado a su límite, y por ello parece imposible que haya un tercer período; pero lo hay, y le brinda a la humanidad obras que constituyen un nuevo Universo. Es el período del artista místico, reconciliado con el mundo, purificado por el sufrimiento, solitario en su majestuoso y expandido reino, y en quien la humanidad manifiesta su máximo poder creativo.

Es el período del artista que ha visitado prodigiosos mundos superiores, ocultos territorios del espíritu y secretas residencias del alma, que precisamente se presienten en la divina música de su fantástico período final. Es el período de aquellas últimas sonatas para piano y de aquellos últimos cuartetos para cuerdas; obras en las cuales la música suspira profundamente y contempla su propia plenitud expresiva.

Beethoven, interrogado alguna vez acerca de sus preferencias sobre sus propias obras, respondió así: “cada una tiene su pleno valor en su propio momento; pero el arte nos exige que progresemos cada vez más. E intentó crear una décima sinfonía, cuyo primer movimiento laboriosamente el musicólogo Barry Cooper ha pretendido reconstruir. Aunque Beethoven no haya concluido esa sinfonía, con las obras que creó progresó infinitamente; y transcurridos 250 años, sus obras son cósmicas flores siempre frescas de un eterno jardín del Universo.

Post scriptum. Evoco el último movimiento de la última sonata. Es la “Arietta: Adagio molto, semplice e cantabile.” En ese movimiento atisbo benefactores resplandores de un misterioso devenir del espíritu inmortal, en el que se disuelve el dualismo de vida y muerte.