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Invitado de honor

Augusto de León Fajardo: La fiesta de El fin de la cosecha de la mazorca seca
Fecha de Publicación: 25/11/2020
Tema: Historia
El 4 de diciembre de 1563 terminó el Concilio General de la Iglesia en Trento, realizado en esa ciudad por la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Una de las resoluciones mandaba que se reformara la cuenta del tiempo y se hiciese el ajuste del calendario Juliano en el que ya no coincidía el año civil con el año trópico, lo que hacía que el calendario litúrgico también estuviera desfasado. Así es que, hechos los estudios y formulada la solución, el Papa Gregorio XIII proclamó la Bula Inter Gravísimas el 24 de febrero de 1582, para que el cambio se hiciese lo antes posible, cuando la orden hubiese llegado a los confines del mundo católico.

El cambio se hizo a partir de 1582 en todos los territorios en los que la Iglesia Católica tenía autoridad gubernativa. Así, en Guatemala, dos años después, la Audiencia dictó providencia el 4 de enero de 1584 para que el jueves juliano del 19 de enero se computara como el domingo gregoriano del 29 de enero. Ese adelanto de 10 días correspondía a los que se habían contado de menos en el calendario anterior.

Cuando en ese año llegó la fecha de celebración de El fin de la cosecha de la mazorca seca, común entre los habitantes Nahuas del centro de México y los de las tribus semi-agrícolas de la América del Norte, acá ya era 7 de diciembre de 1584 mientras que en los territorios afuera del dominio hispano todavía era 27 de noviembre.

Esa diferencia se mantuvo hasta que en el mundo inglés y protestante de Norteamérica se hizo el cambio calendárico 69 años después, en 1752. Allá, al jueves 2 de septiembre juliano le sucedió el miércoles 14 de septiembre gregoriano; es decir, 12 días de adelanto, con dos días más que en el cambio en nuestra región, debido a los años adicionales transcurridos. Lentamente, el cambio se hizo mundial. En Rusia se haría el cambio en 1919 y, finalmente, en Grecia hasta en 1923.

En cada año antes del cambio, durante la colonia hispánica en América, entre el 9 y el 28 de noviembre juliano ocurría El fin de la cosecha de la mazorca seca o veintena de Panquetzaliztli entre las gentes de los pueblos Nahua, en que el último día, después de danzas ceremoniales y actos religiosos, se hacía una comilona nocturna; alumbrada con las fogatas en las que se quemaban los olotes y las tusas de las mazorcas y los restos secos de las plantas del maíz.

Era una fiesta de abundancia y significaba que los humanos, ahora agricultores, tendrían suficiente alimento para pasar los duros inviernos de frío y hambre que antes diezmaban a la población; y que contrastaba con el recuerdo de su pasado mediato de escasez en sus vidas de recolectores y cazadores. Una justa recompensa por el duro trabajo ―dirigido por sus autoridades― de los meses anteriores de siembra y cosecha.

Cuando la reducción hispana de los indígenas en los pueblos y, sobre todo, en las ciudades de los colonizadores españoles desligaron materialmente del cultivo del maíz a muchos de los Nahuas en el Virreinato de la Nueva España y en el oeste de la Capitanía General de Guatemala, la celebración ya no tuvo muchos olotes, tusas y restos de las plantas de maíz que quemar. Apenas quedaba la ropa vieja utilizada continuamente y sin baño durante todo el año, los utensilios de cestería rotos y, ahora, los colchones de paja, llenos de plagas como chinches, pulgas y ácaros.


En Guatemala, continuarían esa tradición los Tlaxcaltecas que se asentaron en el centro de Guatemala con el extremeño Pedro de Alvarado y que le habían acompañado bajo obediencia a su concubina, la princesa Xicoténcatl; así como los Texcocanos y Nonoalcos que se asentaron en el occidente de nuestro territorio con el leonés Juan de León y Cardona y sus sirvientes moriscos, todos en 1524. Por ello es una fiesta citadina, centrada en los asentamientos de los mexicanos que participaron en la conquista de estas tierras. No lo hicieron, sin embargo, los Toltecas que acompañaron al extremeño Jorge de Alvarado en 1526; por ser ellos de una cultura agrícola de muchos siglos.

Y la nueva feliz coincidencia en el 7 de diciembre con la Fiesta religiosa católica de la Concepción de María, madre de Jesús, reforzó esa celebración y la puso en el calendario religioso oficial con fogatas cada año a las 18 horas en esa fecha, en un acto en el que desde 1584 participarían americanos y europeos. Así, en lugar de celebrar el fin de la cosecha, la ocasión se convirtió en los ámbitos urbanos en un acto de profilaxia: el de quemar “lo malo”: las ropas apestosas y mugrientas, las canastas y los cestos rotos, la basura, los colchones infectados y otros artículos que representaban a “El Maligno”. La Quema del Diablo, se le llamó desde entonces; sin el significado de la celebración original.

En los territorios del norte de la Nueva España, por otro lado, hay noticias de 1598, sobre la celebración con españoles de El fin de la cosecha de la mazorca seca en lo que ahora es El Paso, Texas. En los EUA se recuerda otra ocasión similar, (referida en una carta del colono Edward Winslow, encontrada en 1841), que fue celebrada en Plymouth, Colonia de Massachusetts, en 1621.

En esa segunda ocasión, los colonos europeos fueron invitados por Massasoit, el gran Sachem de los Wampanoag, a cenar en medio de las fogatas, y comieron alimentos americanos como el pavo, el maíz, la calabaza y frutas del lugar. En esa cena no hubo trigo ni los otros alimentos que mala e insuficientemente habían podido producir los europeos en ese primer año de asentamiento. Fue, claramente, una cena dada por los Wampanoag a los nuevos colonos, y no al contrario.

En 1863 fue declarada fiesta nacional en los EUA y desde entonces, el día de aquella Fiesta ―que ya había sido fijada en el día calendárico sin relación al evento sideral― quedó como una fecha flotante; ya que desde 1941 se celebra cada cuarto jueves de noviembre.

Por eso es que nuestra fecha festiva del 7 de diciembre, La quema del diablo, corresponde a la misma celebración del Thanksgiving Day en Norteamérica, ambos originados en la fiesta de El fin de la cosecha de la mazorca seca; pero ésta se celebra antes. Anteriormente esos 12 días antes, pero ahora en una fecha cambiante.