ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Mi Esquina Socrática

Cuando los ángeles se van
Fecha de Publicación: 15/09/2020
Tema: Piel adentro
El anterior fin de semana nuestra imperfecta humanidad de meros sobrevivientes sufrió la pérdida de dos bellos ángeles en Guatemala: la de doña Isabel Gutiérrez de Bosch y la de doña Bertha de Permuth.

En cuanto expatriado y remoto al mundo de las grandes decisiones globales, me solidarizo de todo corazón con los allegados de esas dos espléndidas almas humanas, ya sea por vínculos de sangre o por la gratitud solidaria que supieron inspirar en otros.

Ambas damas han constituido a mis ojos los fieles y enaltecedores testimonios de la creciente cohesión chapina, porque Guatemala es otra y una mucho mejor que aquella más simplona que por lazos familiares habían heredado de sus antepasados.

Los logros humanísimos de la señora Gutiérrez de Bosch –una de las cien mujeres más destacadas a nivel mundial según la revista Forbes– son también por aquí las mucho más reconocidas en el mundo de la beneficencia. Los de la señora de Permuth, siempre no menos ejemplares, constituyeron los frutos de una generación muy piadosa y muy hogareña. Tales cuales el de aquella figura bíblica de la “mujer virtuosa” que tanto ensalzó el libro de los Proverbios de la Santa Biblia:

“Una mujer virtuosa, ¿quién la encontrará?
Es mucho más valiosa que las perlas.
En ella confía el corazón de su esposo, y no será sin provecho”
Proverbios 31:10-11
 
Encima, a cada una de ellas las conceptúo como un verdadero termómetro de la calidez del progreso moderno en Guatemala: gracias a tantísimas obras personales de solidaridad muy humana dentro y fuera del ámbito de sus familias respectivas. Y de compasión por el sufrimiento de tantos otros hijos de esta misma tierra, muy olvidados por los más. Y de una pureza de vida y de lealtad incondicional tanto hacia los de su misma sangre como también en múltiples ocasiones hacia quienes les eran perfectos desconocidos.

Además, de su generosidad sin otros límites que los de aquellos momentos que les tocaron sufrir simplemente por ser dignas expresiones de su género femenino, y sin las cuales, nosotros los hombres no llegaríamos a nada excelso.

Madres ejemplares ambas y de bondad muy fecundas según los modelos heredados por ellas de sus progenitores.

Aunque no figurarán tal vez dentro de mil años en los posibles anales de la historia política entre las progenies de su pueblo como sí ha sucedido con una Cleopatra de Egipto o una Catalina la Grande de Rusia, pero mucho mejor sí a los ojos de Dios, así como quedarán en la memoria de todos los hombres y mujeres de buena voluntad que hemos tenido la oportunidad de haberlas conocido.

Que Dios les recompense de tan buen ejemplo que a todos nosotros, absolutamente a todos, nos han regalado.

Y mi más sentido pésame a todos aquellos que ahora lloran por sus ausencias.