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Recordando a Muso

Era de aspiraciones frustradas
Fecha de Publicación: 07/06/2020
Tema: Economía
El 10 de agosto de 2011 Juan Carlos Simons ofreció una charla conmemorativa del primer aniversario del fallecimiento de Manuel Ayau Cordón, acaecido el 4 de agosto de 2010. Haber delegado en Simons tal rememoración fue un merecido honor. Juan Carlos fue, después de su esposa e hijos, posiblemente quien más tiempo compartió con Muso.

Después, Simons recopiló unos 180 artículos escritos por Muso y publicados en los principales periódicos de Guatemala y en el CEES ―que él fundara. El libro se titula “Sentido común” ―nombre de su columna periodística― tiene 324 páginas que incluye un prólogo de Juan Maegli Müller y una introducción de Carlos Alberto Montaner.

Está ordenado cronológicamente y separado por décadas. Simons escribió un breve resumen de los acontecimientos más relevantes de cada década. Juan Carlos nos ha proporcionado copia digital de esos artículos.
 

Era de aspiraciones frustradas
 

Este artículo fue publicado originalmente por su autor, Manuel Ayau Cordón, en el diario El Imparcial, el 6 de julio de 1970.

En esta época cuando todo tiene un nombre sofisticado, como la Alianza Para el Progreso, y ya no se analiza, lo que se dice sino quién lo dice. Cuando se cataloga nítidamente en casillas semánticas como «derecha» e «izquierda», «negativo» o «positivo», surgió también el clisé de la «época de aspiraciones crecientes». 

Primero, se aseveró que ya los pueblos pobres, los países pobres o cualquier grupo o persona que fuese pobre, no soportarían más su opresión. Que, de no reducir las diferencias entre ricos y pobres, vendría una revolución que convertiría sus justas aspiraciones en realizaciones. 

Aseguraron que la salvación de la cultura occidental (basada en el respeto a la propiedad privada y libertad de producir, consumir y servir, en ausencia de privilegios o coerción) consistiría en que quienes tienen mayor riqueza, dieran parte a quienes no la tienen. Surgió la nueva ciencia de la «diferenciología». Surgieron nuevos «derechos» y «obligaciones». 

La justicia se convirtió en justicia «social», implicando que existe justicia «anárquica» o «autárquica» o, inclusive, justicia injusta. Procedieron entonces muchos políticos, profesores, diletantes, intelectuales y clérigos, a difundir la tesis de que, de no reducir «las diferencias», el mundo se iría hacia el socialismo, donde las diferencias serían mínimas. 

Pero, y he aquí la causa de la verdadera frustración que se está engendrando: Reducir esas diferencias significativamente no consigue (como es generalmente admitido ante la pregunta directa) elevar a los de abajo. Sólo logra bajar a los que ya habían subido. 

Convertir el sistema en socialista, tampoco puede resolver ningún problema económico debido a la inherente inutilidad de ese sistema para asignar en forma económica la utilización de los recursos (de capital y de trabajo). 

De manera que, ante la caprichosa negativa de enfrentar la única alternativa que sí podría elevar el nivel de vida de los pobres, lo único que se logrará es empobrecerlos más. Esto causará más desorden y violencia, fomentará el antagonismo hacia la solución verdaderamente económica. 

Postergará, así, por varias generaciones, la eliminación de la pobreza e inclusive creará un clima propicio para abandonar la democracia y favorecer el establecimiento de regímenes totalitarios. 

La única solución económicamente confiable, es un régimen de economía de mercado, o capitalismo, o economía liberal, o neo-liberal. Este sistema, hasta la fecha es desconocido en países subdesarrollados. Desde la época de la colonia, casi invariablemente han vivido bajo alguna forma de despotismo con muy pocas excepciones y sólo de breve duración. 

Esta es la única solución porque es exclusivamente bajo tal régimen que se puede actuar racionalmente para disponer la económica utilización de nuestros recursos.