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Cumplidos los 74 años, un brindis
Fecha de Publicación: 03/06/2020
Tema: Filosofía
En las primeras horas de este día 3 de junio paseo solitario en el silencioso jardín de mi casa, con una copa de purpúreo vino en una mano, y una rosácea rosa en la otra. Cumplo 74 años de edad. La fulgente bóveda celestial me invitó a meditar, no precisamente en los misterios del grandioso acontecer universal, sino en el sentido de la vida y de la muerte.

Y entre amigables rumores de la noche, un repentino y efímero destello estelar me insinuó que, ya muy lejos de la cuna en la que lloraba inquieto, y cada vez más cerca de la tumba que ahora paciente me espera, y contemplando el largo pasado y atisbando el corto futuro, debía brindar por mí mismo.

Y brindé por mí mismo; pero no porque he tenido aciertos, que son muy escasos, sino porque he corregido los abundantes errores que he cometido. No porque he tenido éxitos que son propicios para la suma satisfacción, sino porque he superado los fracasos. No porque he disfrutado de los bienes que la fortuna me ha brindado, sino porque he derrotado los infortunios. No porque las esperanzas que he tenido se han consumado, sino porque han surgido nuevas esperanzas. No porque la Naturaleza me haya dotado de algunos preciosos dones sino porque me he esforzado por aprovechar los modestísimos dones de los que pudo haberme dotado. No porque meramente soy yo mismo, como si imprudentemente me jactara de mi intrínseca imperfección, sino porque he querido tener una vida que sea digna de ser vivida.

Brindé por mí mismo, porque soy un apasionado buscador de la verdad, que consume su vida en el intento de saber qué son las cosas, y comprender por qué son como son. Porque soy un persecutor de la verdad por la verdad misma. Porque me esfuerzo por impedir que, en la persecución de la verdad, sea víctima de un interés ajeno a la verdad misma. Porque admito que, en la búsqueda de la verdad, el tribunal supremo es la razón y no autoridad alguna. Porque distingo entre verdad y utilidad, y por ello mismo no busco utilidad en la verdad, ni busco verdad en la utilidad. Porque creo que la convicción no es prueba de la verdad. Porque detesto cualquier pretensión dogmática, y plácidamente me regocijo en un sensato racionalismo crítico o en un cauteloso escepticismo. Y porque reconozco que, en el proceso incesante de búsqueda de la verdad, la evidente verdad del presente puede ser la evidente falsedad del futuro, no necesariamente porque crea que toda verdad es relativa, sino porque puede dificultarse tener indiscutible certeza de la apetecida verdad absoluta.

Brindé por mí mismo porque jamás, ni en mis más espléndidos momentos de presunción, o de orgullo, o de arrogancia, o de vanidad; ni cuando he disfrutado de ser yo mismo; ni cuando me he deleitado en los fabulosos territorios de mi exclusiva, gloriosa, sagrada, y soberana individualidad, he pretendido ser infalible. Brindé también por mí mismo, entonces, porque reconozco que, como ser humano, inevitablemente contingente y necesariamente finito, soy más propenso al error que al acierto; y si el acierto se ha complacido en eludirme, yo me he complacido en el intento de evitar el error.

Brindé por mí mismo porque reclamo libertad como si ella fuera mi esencia misma. Porque el ideal de libertad late en mí espíritu como mi más auténtico corazón. Porque el ideal de libertad es mi eterna y vigorosa juventud. Porque, aunque no sepa cuál es la verdad, sé que quiero libertad. Porque mi necesidad de libertad es un poderoso fuego interior dispuesto a incendiar cualquier esclavitud, o servidumbre o vasallaje. Porque en las más profundas regiones de mi naturaleza humana siento un explosivo ímpetu de libertad. Porque mis fatigadas cuerdas vocales pugnan por cantar un cósmico himno de libertad. Porque creo que la libertad, como portentosa divinidad benefactora, le confiere a la vida un valor único en el Universo. Y porque creo que el estado ideal del género humano es la máxima e igual libertad de cada uno, para que cada quién sea todo lo que quiere ser, y todo lo que puede ser, y sea un cósmico altar de suprema individualidad.

Post scriptum. Brindé por mí mismo porque intento ser mi crítico más acechante, siempre dispuesto a la máxima severidad, y jamás dispuesto a la indulgente tolerancia.
SOBRE EL AUTOR
Luis Enrique Pérez
Reseña curricular Guatemala, 26 de noviembre de 2018 Luis Enrique Pérez Estrada es profesor de filosofía. Ha impartido cursos sobre teoría del ser, teoría del cono
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