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Apuntes

Sin ton ni son
Fecha de Publicación: 13/05/2020
Tema: Otros

  DRAE: Sin ton ni son: Sin motivo ocasión o causa, fuera de orden y medida.

Llevamos encerrados desde mediados de marzo, confinados en prevención de contagiarnos del Covid-19. Hemos leído, oído, estudiado y tratado de entender qué es esta pandemia que aflige al mundo entero y nos hace sentir vulnerables al punto de que, salir a la calle y continuar con nuestras actividades cotidianas laborales y sociales, equivale a un desafío a la muerte.

Y yo, la verdad, ya no la veo así. Si veo, una cobertura continua y que amedrenta en los medios de comunicación. Una cobertura que me parece dimensiona muy exageradamente el peligro real en que estamos y que nos ha encallejonado a no tener forma, que no sea de rebeldía, de regresar a nuestra normalidad. Es notoria la influencia política en dicha cobertura. Y este es otro aspecto de la crisis creada.

Conste que soy respetuoso de la salud de las personas en mi alrededor y, en consecuencia, observaré las normas de evitar transmitirles de mi parte, infección alguna.

Síntomas de gripe, fiebre y saturación de oxígeno en sangre, son variables fáciles y al alcance de todos de medirse en casa. Hacer inhalaciones, tomar medicinas de uso común, también puede hacerse sin abarrotar hospitales.

Les sugiero ver las entrevistas en Facebook de la Doctora Chinda Brandolino y del Doctor Alfredo Miroli [https://youtu.be/e8MSY7PqQ]

Se puede decir que el Covid 19 es manejable y, afortunadamente, de muy baja mortalidad y hemos pasado peores riesgos sin que nos lo comunicaran.

Ahora, ya tenemos estadísticas actuales y específicas de la experiencia habida de este virus, que apuntan ciertamente en esa dirección relativamente benigna.

Y creo que puedo concluir sanitariamente, con qué no hay vacuna, y con qué el bicho dejará de ser amenazante de muerte, cuando el 60 o 70 % de la población se haya infectado, generado sus antivirus y sanado. Ni antes, ni de ningún otro modo.

Veamos: ¿Pandemia? De una población de 8,000 millones, con un número de muertos totales en el orden de las 280 mil personas ¿se puede hablar de pandemia?

Cada año, por enfermedades cardiovasculares mueren unos 16 millones, de diarrea 1.6 millones, del virus de la influenza mueren 1.8 millones, por accidentes de carro muren más de 1.2 millones, y por suicidio más de 800 mil ¿podemos denominar pandemia del Covid 19 por los muertos habidos? Ciertamente no podemos ¿Y podemos justificar con estas cifras del Covid 19, la catástrofe económica impuesta a 8 mil millones de personas? Tampoco podemos.

Es muy lamentable la muerte de cualquier persona y si a los muertos se les pone el nombre y el apellido, la muerte se convierte en una tragedia personal. Pero de allí, a las dimensiones de una pandemia sanitaria, al menos de momento, hay un trecho.

La pandemia sanitaria de la Fiebre Española ―por cierto, mal llamada así, ya que empezó en Francia, China o Estados Unidos mató, dicen, entre 50 y 100 millones de personas. Sí, con esa precisión los contabilizaron. La Segunda Guerra Mundial, mató 60 millones y el holocausto judío a 6 millones.

En Guatemala han muerto solamente, a Dios gracias, menos de 30 personas, de una población de 18 millones.

Vistas las cifras relativas a las mayores causas de muerte de las personas, ciertamente no se puede calificar de Pandemia al Covid 19.

Lo que si tiene ya dimensiones pandémicas es el desempleo y sus consecuencias económicas, enforzadas por el publicitado y tenebroso halo del Covid 19. No la infección, ni el virus.

Y este caos mundial ha sido orquestado y dirigido por una institución de muy dudoso y desprestigiado ADN, la OMS y su nefasto presidente y que han influido tan desastrosamente en muchos gobernantes, los que, atropellando los principios más elementales de la libertad de sus ciudadanos, los han encerrado, ofrecido incluso encarcelarlos y multarlos por desobediencia si no acatan el encierro recetado.

Las motivaciones y objetivos de la OMS las iremos identificando con el pasar del tiempo, aunque algunas, las más importantes, ya se pueden anticipar. Ya conoceremos las acciones que se deriven en beneficio de sus patrocinadores. Vuelve a sonar aquello de que “la mentira repetida muchas veces, llega a ser verdad”, por cierto, de tenebroso y funesto autor.

El desempleo, también causado por diligentes gobernantes a lo largo y ancho del mundo, ya se mide en millones de personas en el paro y el aumento de la pobreza también en millones de afectados.

Y es que la gente necesita salud y bienestar, ambos relacionados por cierto con su condición económica. Y no se trata de una o la otra, tienen que ser las dos.

Y para satisfacer la necesaria condición económica hay que regresar al trabajo, no conozco otro medio. Confío qué, en nuestro caso, esta decisión de regresar al trabajo sea auténtica y exclusivamente sanitaria y que no sea considerada como “políticamente inconveniente”.

¿Será que nuestro presidente, hábil político es el Presidente, ha identificado esta oportunidad como su catapulta al máximo nivel de popularidad? Ojalá que así sea también, porque de crisis similares se han hechos los cambios de instituciones y producido los mayores beneficios para los ciudadanos.

Igualmente confío en que el Presidente y su Gabinete tienen clarísimo el nefasto efecto del populismo y que de esta crisis no se saldrá ofreciendo dádivas y regalos.

Cuánto ha costado el aval del Congreso en estos traslados de fondos del presupuesto y los casi mil millones de dólares contratados con el BM o el FMI, todavía no nos lo han contado. Ya lo sabremos y realizaremos la magnitud de la pandemia económica.

Tan solo los 2 meses de encierro que ya llevamos al lomo, son equivalentes a unos 12 mil millones de quetzales del presupuesto nacional totalmente desperdiciados y desviados del bienestar de 18 millones de chapines.

Esta Pandemia económica creada, y que afecta en nuestro caso a 18 millones de chapines, sí que se puede llamar Pandemia.

La única salida de la pandemia económica es trabajando y siendo eficientes en el uso de los recursos económicos que se tengan. Los recursos deben invertirse en actividades productivas de forma que tenga el mayor efecto multiplicador posible y que produzcan el mayor beneficio colectivo.

Todos sabemos que la histórica ineficiencia y mal funcionamiento, cobertura e incapacidad de las instituciones estatales, por mucho esfuerzo y buena voluntad que ahora les pongan, no es posible reformarlas en el tiempo disponible.

Yo considero que cada ciudadano es capaz de asumir bajo su propia responsabilidad su cuidado, atender su trabajo y recetarse el ocio observando las normas dictadas para prevenir el contagio y curar la infección si la hubiere.

Sinceramente confío en que las disposiciones vayan flexibilizando nuestro retorno a la normalidad y que no se nos califique de delincuentes por salir a trabajar y/o pasear.

Yo tengo 76 años y estoy consciente de estar en el grupo de edad de mayor riesgo y, aun así, prefiero morir de pie que de rodillas y no perdiendo el tiempo que me quede de vida encerrado e improductivo, gravando la situación de mi familia, o considerando romper la ley en rebeldía y convertirme en un delincuente en las circunstancias actualmente obligadas por ley.

¡No me defiendas compadre! “El buey sólo, bien se lame”