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Teorema

Muso
Fecha de Publicación: 07/05/2020
Tema: Notables
De niño desarrollé un interés peculiar. Debió empezar una mañana, a primera hora, cuando tenía unos 4 años y acompañaba a mi abuelo a Santa Adelaida, una de sus fincas, situada a un par de kilómetros de su casa, en el centro de Mazatenango.

Conforme caminábamos por las calles, entonces empedradas, la gente lo saludaba con una reverencia. Él contestaba los saludos con respeto, pero a nadie daba la mano. Debí pensar que mi abuelo era una persona importante, cualidad que reforzaba la actitud de mi papá (su hijo) hacia él. Lo admiraba, respetaba y se mostraba dispuesto a obedecer sus instrucciones, lo que no hacía con nadie más.

Al crecer, cuando me encontraba con alguien importante, buscaba su cercanía. En la USAC, encontré en Arias de Blois y Solís Hegel a esas personas. En la URL, la relación cercana fue con Flores Calderón. Creo que allí se originó mi interés en identificar a los Hombres Notables de Guatemala. Sigo soñando con que, algún día,ellos fundarán el país que anhelo. He escrito mucho a ese respecto. Ojalá acontezca que dentro de ese territorio hermoso que tenemos, pueda erigirse un país próspero.

En esa búsqueda que se ha prolongado más de medio siglo, la persona más importante que tuve la fortuna de conocer fue Manuel Ayau Cordón, más conocido como Muso. Estoy persuadido de que fue el hombre más destacado de nuestro país en la segunda mitad del siglo pasado y principio del actual. Quizá de toda nuestra historia.

No hace mucho razoné que, si naciera uno como él cada siglo, nuestra amada Guatemala no tendría el subdesarrollo que ahora padece. Si sucediera cada 25 años, seríamos uno de los países más evolucionados sobre la tierra. Es impresionante lo que el ser humano puede lograr, incluso a partir de nada.

Uno no puede sino asombrarse, por ejemplo, de que un pobre cura de aldea, contemporáneo de nuestros abuelos, crecido en pobreza, haya construido una organización tan grande y poderosa como el Opus Dei. Ese es el potencial creativo del Hombre (debo aclarar que no soy religioso).

Muso fundó en Guatemala una universidad con prestigio internacional. Ese fue, sin ninguna duda, un éxito importante. Pero no creo que haya sido su mayor logro. Sospecho que lo satisfizo más haber presidido la Sociedad Mont Pelerin. Esta organización congrega a los más grandes pensadores de la libertad, opuestos a regímenes totalitarios. Fue fundada en 1947 por Friedrich von Hayek (Premio Nobel de Economía en 1974). Incluía entre sus miembros a Milton Friedman (también Premio Nobel de Economía en 1976) y a otros como él.

Así como el Foro de Davos reúne a los más importantes líderes políticos y empresariales del globo, la Sociedad Mont Pelerin congrega a los intelectuales de mayor compromiso con una sociedad libre. Y Manuel Ayau la presidió durante dos años (1978-80).

Hay muchas anécdotas sobre Muso. Quiero compartir algunas. En una ocasión había preparado un documento que proponía crear becas en la UFM para jóvenes de pocos recursos, el programa ITA. En mi propuesta, para conservar la beca el estudiante debía tener un promedio de notas alto. Muso aprobó el proyecto, pero pidió suprimir el requisito de las notas. Dijo: Los becados no tienen por qué tener notas más altas que los demás. No debemos jamás hacer reglas diferentes para unos y otros.

Mario Carpio, el hermano socialista del periodista y político Jorge Carpio Nicolle, criticó un artículo de Muso sobe la balanza comercial. Muso respondió así: El señor Carpio, aunque en términos respetuosos, menciona a la UFM tres veces y al neoliberalismocuatro veces. Como ninguna de las dos cosas tiene que ver con la balanza comercial, pues no son atingentes al tema, entonces es evidente que su argumentación no es objetiva, ni técnica, ni lógica, sino ad hominem, historicista e ideológica. En consecuencia, no tengo por qué responder.

En otra ocasión recibió una crítica insidiosa, mal educada y perversa de un individuo. Me preguntó: ¿Quién es el autor? Le contesté que se trataba de alguien a quien los españoles llamarían gamberro y nosotros metrefeque. Un tipejo que unos diez años atrás había conseguido un cargo importante en el gobierno, pero siendo incapaz de conservarlo lo habían despedido y jamás pudo reponerse, convirtiéndose en un perdedor nato. Agregué que al injuriarlo posiblemente buscaba notoriedad. Muso respondió: Ah, entonces no tengo nada que decir.

El último proyecto de Muso, fue reformar la Constitución, lo desarrolló enmarcado rigurosamente en el procedimiento que describe la ley. Su esfuerzo recibió apoyo de prácticamente todos los pensadores a quienes une la búsqueda de una sociedad libre y consecuentemente, próspera. Pero también recibió una fuerte oposición de quienes favorecen un gobierno grande, con mayor ascendencia sobre los ciudadanos. Pensadores multidisciplinarios, incluso expertos en derecho constitucional y exdiputados constituyentes manifestaron su posición acerca de la reforma propuesta. Unos a favor y otros en contra. La gran mayoría argumentó con el respeto y educación que tan trascendente tema merece.

A Muso siempre lo guio su amor a Guatemala y la certeza de que los cambios que proponía permitirían hacer del nuestro un país mejor. La ley exigía 5 mil firmas para que el Congreso tramitara su propuesta y fueran los ciudadanos, y no los políticos, quienes decidieran, mediante consulta popular, si la aceptaban o no. Muso consiguió, no el doble o el triple, sino casi quince veces más adhesiones que las exigidas por la ley. Tal receptividad le permitió confiar que la gente comprendería los alcances de su proyecto y lo aprobaría.

No obstante, dentro el Congreso, el diputado Oliverio García Rodas, entonces presidente de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales, mediante argucias y artimañas indignas de su alto cargo, alargó el proceso y terminó archivando la documentación y violentando la Constitución que él mismo había contribuido a elaborar 24 años atrás.

Nunca nadie se había mostrado —y muy difícilmente volverá a suceder— que haya un ciudadano dispuesto a ofrecer el esfuerzo, dedicación y energía que una reforma a la Constitución exige. Para Muso y los expertos que desinteresadamente (nadie cobró un centavo) consiguió motivar para que colaboraron con él, fueron 8 años de intenso trabajo.

Dentro de quienes objetaron el proyecto, posiblemente algunos pensaban que el texto constitucional es perfecto y que, por lo tanto, es inmejorable. Otros lo hicieron por razones puramente ideológicas. Los menos, estaban auténticamente persuadidos de que los cambios eran inconvenientes y hubo honradez intelectual en su oposición.

Creo, sin embargo, que, de convocarse a una ANC, muchos se postularían. Si los honorarios fueran altos, los candidatos serían muchísimos.

Muso, amigo, maestro, patriota, hombre de éxito, poseedor de un razonamiento lógico formidable en temas económicos, dejó a Guatemala una herencia gigantesca. La UFM es solo una parte de ese legado. Lo más valioso para Guatemala, indudablemente, fue su pensamiento, sus ideas, su proyección...

Quienes lo conocimos, quizá habituados a hablar con él y discutir esas ideas de tú a tú, pudimos haber pensado, en insensato momento, estar a su altura. Su sencillez y buen trato acaso nos impidió valorar la magnitud del hombre que teníamos enfrente.

Es difícil apreciar la dimensión de una ceiba cuando uno la tiene enfrente. Afortunadamente el tiempo crea la distancia necesaria para verla mejor. Al recordar aquellas fechas lejanas, hoy percibo mejor su inmensidad.

Entre 1968 y 2010 Muso publicó varios libros y unos dos mil artículos de opinión en diferentes periódicos. Un año después de su muerte, en enero de 2011, la UFM publicó un libro con cerca de la décima parte de su producción. En Pi, Plaza de Opinión, nos proponemos reproducir esos artículos, confiando que su pensamiento pueda llegar a quienes no lo conocieron. Buscamos que su razonamiento se mantenga vigente en beneficio de las generaciones de hoy.

Las buenas ideas no debieran morir jamás.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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