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Teorema

Sumisión civil
Fecha de Publicación: 11/02/2020
Tema: Valores

En Guatemala somos irrespetuosos de la ley y la reglamentación, pero lo somos en cosas pequeñas. Cuando se trata de asuntos de gran magnitud somos tremendamente sumisos. En temas políticos, aunque hay muy honrosas excepciones, la inmensa mayoría a lo sumo asistimos a concentraciones en los parques, hacemos plantones y escribimos en nuestras computadoras lo que debiera hacerse. Pero en el fondo somos pusilánimes. Lo peor es que sin haber aceptado esa característica nuestra, agredimos a quienes son diferentes buscando inhibirlos. Exigimos que ellos sean igualmente respetuosos del orden establecido. Nosotros estamos bien, ellos están mal.

¿Exagero? ¿Acaso no fuimos víctimas de un tremendo fraude electoral a mediados del año pasado? ¿Y qué hicimos? Los magistrados del TSE siguen allí… tan campantes ¡Viva la Pepa! ¡Y que viva doblemente la Pepona! ¿Qué sucedería si el presidente del Ejecutivo ordenara la aprensión de cuanto magistrado corrupto haya en el TSE, la CC y la CSJ a manera de sanear la Justicia?
¿Lo apoyaríamos o denunciaríamos abuso de autoridad y violación a la Constitución y la independencia de poderes?

Nos encanta ser políticamente correctos y atacar ferozmente al pobre infeliz que se atreve a ir contra la corriente. El cuento ese de los cangrejos, fue hecho para nosotros. Pero ahora pareciera que además de mantener orden dentro de nuestro canasto de cangrejos, nos regocijamos con hacer lo propio en otros canastos.

Es muy cómodo ser políticamente correctos, sentarnos frente a nuestra computadora, ver en los blogs por dónde va la corriente y unirnos a ella. Al escribir, solo nos preocupa superar lo que ya dijeron otros. Nunca ir contra la corriente. Fuimos enseñados a no exponernos, a ser “bien portados”, a no levantar la voz contra la injusticia. Si un ladrón veja a una anciana en la calle, la inmensa mayoría mira hacia otro lado, se aleja para no meterse en problemas. Es como si la voz de nuestra abuelita cobrara vida exigiendo ser precavidos.


Cuando Alejandro conquistó Frigia (333 a.C.) enfrentó el reto de desatar el nudo creado por Gordias. Antes que él, muchos habían fracasado al intentarlo. Alejandro resolvió el problema cortándolo con su espada por la mitad; dijo “Es lo mismo cortarlo que desatarlo”.

Si Alejandro hubiera seguido el procedimiento establecido y normado para desatar nudos, habría fracasado y su gran imperio habría quedado sin construir.


Fujimori hizo posible que el Perú resurgirá después del desastre dejado por Alan García. Pinochet derrocó el régimen de Allende. Ellos no respetaron el orden establecido. Cuando esto sucedió la situación económica en Chile era insostenible. Las “marcha de las cacerolas vacías” sucedían a diario. Tanto Fujimori como Pinochet fueron perseguidos, atacados y vilipendiados. Hoy su nombre se encuentra cubierto de ignominia. Ellos hicieron lo que debía hacerse, y tuvieron éxito. Pero eso parece olvidado por el mundo entero. Los mismos chilenos no recuerdan que fueron pobres; los peruanos ignoran el terror causado por Abimael Guzmán. Lo que sí recuerdan, y lo hacen para condenar, es que actuaron en contra de la ley y del orden establecido.

Es muy cómodo seguir la corriente y favorecer que se destruya la imagen de Pinochet, olvidando que durante su régimen se crearon las bases que permitieron a Chile situarse dentro del mundo desarrollado. Lo correcto es ensalzar el recuerdo de Allende porque actuó dentro de la ley, mientras Pinochet la contravino. Sin embargo, es de canallas dejar de reconocer qué Chile es hoy lo que es, debido a que Pinochet hizo lo que hizo. “Aunque” eso haya significado actuar contra el estamento político y el orden jurídico chileno que prevalecía en 1974.

En la historia de la humanidad hay muchos ejemplos de eventos afortunados que sucedieron porque alguien, en algún momento, decidió romper las estructuras existentes al advertir que eran corruptas y conducían hacia la pobreza de su pueblo. Pero son muchos, muchísimos más los ejemplos de sociedades que se mantuvieron pobres, hasta paupérrimas, por haber respetado el ordenamiento creado, muchas veces en beneficio de los gobernantes. Me permito la cita siguiente:


“En cuanto a las pirámides de Gizeh, Egipto, no hay nada por lo cual asombrarse tanto como que muchos hombres fueran obligados a gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo ambicioso. Habría sido más sabio y viril ahogarlo en el Nilo, y arrojar luego su cuerpo a los perros.” –
Henry D. Thoreau en Walden (1854)


No estoy de manera alguna justificando los actos de fuerza, ni el tiranicidio ni siquiera los coup d"état. Y si no los favorezco, eso es principalmente porque hay un riesgo enorme de que el sucesor golpista en vez de ser un ciudadano dotado con los más altos valores cívicos sea un individuo propenso a convertirse en tirano. O lo más común, uno que considere que el gobierno es un botín y busque quedarse con él.

Quienes favorecen la conducta correcta y discuten a favor del apego a la ley parecen olvidar cómo fueron hechas nuestras leyes. Actúan como si estas fuesen necesariamente justas. Olvidan que son contadas —si alguna— las que tienen apego a la Ley Natural. Convenientemente ignoran o parecen ignorar que muchas leyes, la inmensa mayoría, proviene de negociaciones entre grupos interesados y los diputados en el Congreso Nacional.

La mayoría de las leyes que regulan asuntos económicos y políticos provienen de negociaciones bajo la mesa, ocultas, turbias, incluso de sobornos. El reino de la estupidez sienta sus lares en las salas legislativas de casi todos los países ¿Acaso los legisladores son electos con base a méritos académicos, éticos, de inteligencia o de experiencia? Posiblemente una de las leyes más importante del país sirva de ejemplo: la Ley Electoral y de Partidos Políticos tiene fallas de principio a fin. Fue negociada entre el TSE, el Congreso, los partidos políticos representados y grupos interesados en participar. Lo que es peor, permitió participar a delincuentes ahora en prisión o en el exilio, al tiempo que vedaba el concurso de otros con trayectoria personal limpia.

Nuestra legislación está plagada de influencias externas que presionan sobre los generalmente poco brillantes legisladores. La ONU quería modificar nuestra Constitución. Los noruegos presionaron una versión tropical de su Código de la Niñez y la Juventud. La ONU estuvo siempre atrás de Los Acuerdos de Paz. Soros quiere que se adopte una legislación favorable al aborto y el matrimonio homosexual. Y así…

Con todo, allí están los valientes defensores del orgullo nacional y la libertad, exigiendo respeto a las leyes y las instituciones. A esas leyes y a esas instituciones. Si fuesen consecuentes, debieran pregonar abiertamente el respeto al TSE, la CSJ, la PDH y desde luego, a la infame CC. Pero son ambiguos. Experimentan vergüenza por esas instituciones, pero siguen afirmando que es menester seguir el “debido proceso”.

Pro Reforma, en 2007, siguió meticulosamente el debido proceso, incluso excedió lo requerido. El Congreso debió discutir su proyecto y llevarlo a consulta popular. Pero en vez de cumplir su deber, la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales lo engavetó. Los proyectos mineros en Guatemala también siguieron el debido proceso para que autorizaran su operación. Hoy las mineras Fénix, San Rafael y otras buscan en tribunales internacionales ser resarcidos por el engaño sufrido. Es ocioso seguir citando ejemplos de un amplio repertorio por todos conocido.

Podemos seguir respetando las instituciones, la ley, las normas y sus procedimientos como parte de nuestra libertad, de nuestra educación y cultura. Más, si hostigamos a quien subvierte el orden buscando arreglar lo que está mal, entonces la evolución de la sociedad mantendrá el curso que ha seguido en los últimos 70 años. Un día encontraremos que mantenemos una clase política dominante plena de privilegios, arbitrariedad, inmunidad y otras ventajas. Ese día, que podría estar muy cerca, será demasiado tarde.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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