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La mentalidad anticapitalista
Fecha de Publicación: 07/02/2020
Tema: Economía
Uno de los libros más originales que he leído es obra del filósofo austriaco de la economía Ludwig von Mises. Se denomina La Mentalidad Anticapitalista. En ese libro Mises afirma que la economía capitalista posibilitó el aumento de la población e incrementó la calidad promedio de vida hasta un grado sin precedente. Empero, hay gente que detesta el capitalismo, presuntamente porque antes de la revolución capitalista industrial los seres humanos eran felices y prósperos, y después de esta revolución, fueron infelices y miserables.

Mises afirma que la mentalidad anticapitalista surge principalmente por dos motivos psicológicos.

El primer motivo es la ambición frustrada. Aquel que tiende a valorar excesivamente sus méritos y cuya ambición de éxito se frustra, puede creer que la causa de esa frustración es, no su propia ineptitud, sino el capitalismo. Por ejemplo, el escritor que cree ser un extraordinario genio literario, pero fracasa como si fuese el peor escritor que la humanidad ha conocido, puede atribuir su fracaso a una sociedad capitalista que es incapaz de reconocer el genio literario que él mismo pretende tener.

El segundo motivo es el resentimiento. Aquel que cree que otros tienen inmerecidamente el éxito que él debería tener, puede resentirse y acusar al capitalismo de no reconocer sus méritos. Por ejemplo, el gerente que cree ser un genio administrativo, merecedor de un codiciado ascenso empresarial, puede resentirse porque ese ascenso es otorgado a un gerente que él cree que es un miserable aprendiz de administrador; y atribuirle al capitalismo la causa de que haya sido víctima del desprecio del fabuloso talento gerencial que él mismo se atribuye.

La ambición frustrada o el resentimiento (que a veces tienen una secreta hermandad con la envidia) tienden a surgir en una sociedad en la que el éxito es obra del mérito propio, y no, por ejemplo, de la pertenencia a una privilegiada casta social, o de la posesión de un arrogante título nobiliario. Precisamente en la sociedad capitalista es manifiesta la diferencia entre aquello que un ser humano es y hace, y aquello que él cree que es y puede hacer. Por ejemplo, un ser humano puede creer que es un ser dotado de fantásticos atributos, y que puede ser el autor de admirables hazañas empresariales; pero en la sociedad capitalista tiene que demostrar que tiene esos atributos, y que puede ser el ejecutor de tales hazañas. Si no lo demuestra, su creer es inútil. No demostrarlo puede ser humillante; y un recurso para mitigar esta humillación, conexa con frustración y resentimiento, es culpar al capitalismo, precisamente porque no reconoce sus atributos y su aptitud para ejecutar hazañas empresariales.

Mises afirma que la mentalidad anticapitalista también surge por motivos no psicológicos.

Un primer motivo es creer que el ser humano no es feliz sólo porque posee los bienes que produce la sociedad capitalista. El capitalismo, empero, pretende únicamente suministrar medios que contribuyan a la felicidad; pero no pretende suministrar la felicidad misma. Suministrarla es imposible, por la infinita diversidad de los seres humanos y los correlativos infinitos modos de ser feliz.

Un segundo motivo es lamentar que no todos pueden disfrutar de los bienes que produce la sociedad capitalista. El capitalismo, empero, posibilita que, en el futuro, todos puedan disfrutar de los bienes que él produce. Inicialmente, por ejemplo, solo algunos seres humanos poseían un teléfono celular; pero tiende a haber un creciente número de ellos que lo poseen, y en algunos países pobres, como Guatemala, casi todos los habitantes poseen un teléfono celular.

Un tercer motivo es que el capitalismo distrae de la búsqueda de finalidades espirituales. Sin embargo, si una finalidad del ser humano es mejorar su estado material de vida, el capitalismo contribuye a lograr esa finalidad; y ya lograda, el ser humano puede perseguir o no perseguir una finalidad espiritual. También podemos afirmar que el capitalismo suministra medios para lograr finalidades espirituales; pero es ajeno a tales finalidades, que pueden ser tantas como seres humanos hay en el mundo.

Un cuarto motivo es que el capitalismo es injusto porque en la Naturaleza hay abundancia, y por leyes naturales y divinas nadie debe apropiarse de lo que, por derecho, le corresponde a cada ser humano. Empero, el ser humano crea la riqueza que erróneamente es atribuida a la Naturaleza. La Naturaleza no es intrínsecamente rica. El ser humano la convierte en riqueza; y el capitalismo ha demostrado ser el medio más eficaz de lograr esa conversión. Nunca podría ser injusto convertir en riqueza aquello que no es riqueza.

Post scriptum. Quizá aquel cuya ambición se frustra o que se resiente por el éxito ajeno tiene la esperanza de que los grandiosos méritos personales que cree tener, que en la sociedad capitalista no son reconocidos, serán reconocidos y hasta glorificados en un reino socialista. Es explicable, entonces, que la consumada mentalidad anticapitalista engendre una ilusionada mentalidad socialista.