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Miseria histórica de los acuerdos de paz
Fecha de Publicación: 26/12/2019
Tema: Gobierno

El último de los actos ideológicos, políticos y delictivos denominados acuerdos de paz fue firmado el 29 de diciembre del año 1996. La guerrilla desistió del terrorismo, del chantaje, de la extorsión, del impuesto de guerra, del robo, del secuestro, del asesinato, de la represión de indígenas que se resistían a convertirse en guerrilleros, y del asalto del Estado.

Aquel día 29 de diciembre del año 1996, funcionarios gubernamentales y comandantes guerrilleros alzaron copas de vino, estrecharon manos, fundieron dedos, aproximaron pechos, intercambiaron flores de pascua, y se condecoraron, y quizá se prometieron sempiterno amor. Los contemplaban decenas de diplomáticos que, con su sonrisa, su ovación y su cuasi erótica felicitación, bendecían a dos clases de criminales: aquellos que habían cometido los peores delitos en la historia del país, y aquellos que celebraban acuerdos con ellos.

Funcionarios gubernamentales y comandantes guerrilleros debían haber acordado únicamente una amnistía. Empero, en el extranjero, los guerrilleros se habían mercadeado hábilmente. Y presuntamente combatían a militares represivos. Eran enemigos de ricos explotadores. Eran la suprema y única esperanza de los pobres. Eran piadosos defensores de los indígenas. Y el corazón popular palpitaba jubilosamente cuando ejecutaban destructoras hazañas terroristas y morían decenas o centenas de inocentes.

Y la celebérrima comunidad internacional, entre la ingenuidad propia de la estupidez y la perversidad propia de la confabulación ideológica, creyó o fingió creer que cooperar con los guerrilleros era cooperar con una sacrosanta y redentora lucha popular revolucionaria. Entonces los guerrilleros, cuyo número equivalía a una misérrima proporción de la población guatemalteca, adquirieron poder para negociar, no una amnistía, sino un conjunto infinito de acuerdos de reforma territorial, económica, jurídica y política del Estado. En la pretensión de lograr esa infinitud, se convirtieron en apasionados amantes del absurdo. Por ejemplo, aunque era evidente que en el país había varios volcanes, o varios lagos, o varios ríos, o varias montañas, había que reformar la Constitución Política para reconocer que el país era multivolcánico, multilacustre, plurifluvial y plurimontañoso.

Los guerrilleros habían sufrido ya una espantosa derrota militar; lo cual era un mérito del Ejército de Guatemala. Agregose una derrota ideológica: el colapso mundial del socialismo que ellos pretendían imponer. Sin embargo, habían logrado ya un padrinazgo internacional que equivalía a una victoria diplomática, apta para compensar la derrota militar e ideológica. Entonces el Ejército de Guatemala debió reconocer que, aunque era ejército ganador, en los antros de la política nacional, y en los prostíbulos de la diplomacia internacional, era perdedor. Y ansioso de sobrevivir, optó por ser uno de los negociadores de los acuerdos de paz.

Los acuerdos de paz eran realmente fórmulas alquímicas que pretendían transformar a nuestro país en un fabuloso paraíso social; pero eran producto del concubinato político, del simulacro pacifista, del aprovechamiento perverso de la esperanza de los pobres; de la imposición extranjera y de una fracasada y obsoleta ideología socialista. Y en el intento de conferirles valor, esos acuerdos eran invocados en cualquier acto público. El Presidente de la República que colocaba el primer ladrillo de un futuro edificio escolar, invocaba los acuerdos de paz. El Ministro de Comunicaciones y Obras Públicas que inauguraba el primer metro cuadrado de construcción de un camino rural, invocaba los acuerdos de paz. El alcalde que inauguraba un lavadero comunal de ropa invocaba los acuerdos de paz.

Transcurridos 23 años, podemos afirmar que los acuerdos de paz han fracasado. Y tenían que fracasar. Y debían fracasar. Y ese fracaso es precisamente su miseria histórica. Y todos los acuerdos reclaman un honroso destino común: ser la más grotesca bazofia demagógica que la degeneración política ha engendrado en nuestro país.

Empero, los acuerdos de paz tuvieron una utilidad: obligaron a la exguerrilla a competir en procesos electorales, en los cuales el pueblo mismo la ha derrotado. Y efectivamente, la exguerrilla no ha podido ganar la Presidencia de la República, ni un consolatorio número de diputaciones o de alcaldías. Y la ridícula proporción de votos que ha obtenido en los procesos electorales denuncia que la mayoría de ciudadanos la desprecia.

La exguerrilla pretende ignorar ese desprecio, y se queja de que los acuerdos de paz no se han cumplido. Empero, debe quejarse de su propio fracaso político, es decir, quejarse de que, dotada de su propio partido, no ha podido tener éxito electoral, y no ha podido, entonces, ejercer el poder del Estado para lograr lo que otros partidos políticos gobernantes no han logrado: que se cumplan esos acuerdos.

Presuntamente una causa de la insurgencia guerrillera fue la pobreza de la mayoría de los guatemaltecos; pero 23 años después de haber sido firmados los últimos acuerdos de paz, la pobreza persiste, y no ha surgido un nuevo grupo guerrillero, o diez, o cien o mil nuevos grupos guerrilleros. ¿Ya no hay guatemaltecos pobres, y la insurgencia guerrillera ya no tiene clientela? Creo que no le interesaba, a la insurgencia guerrillera, eliminar la pobreza. Le interesaba imponer el socialismo. No importaba que los pobres, como en Venezuela o en Cuba actualmente, fueran más pobres, y que los ricos fueran, también como en Venezuela o Cuba, los políticos.

Post scriptum. El producto más notable de los acuerdos de paz es una exguerrilla bufonesca que penosamente ha logrado algunos votos de los pobres. Una de las facciones guerrilleras se denominaba Ejército Guerrillero de los Pobres. Dada la cantidad de pobres que hay en nuestro país, debió haber sido un irresistible ejército de millones de soldados. ¡Jamás hubo tal ejército! Y una de las facciones guerrilleras se denominaba Organización del Pueblo en Armas. Dada esa misma cantidad de pobres, debió haber sido una formidable organización de millones de ciudadanos insurgentes armados. ¡Jamás hubo tal organización!