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Reflexión

Una década complicada y destructiva
Fecha de Publicación: 23/09/2019
Tema: Historia
Leyendo varios comentarios sobre etapas históricas de Guatemala, me ha sorprendido la falta de realidad de sus enfoques y afirmaciones. Por ejemplo, me tocó vivir de cerca el desempeño de las autoridades, principalmente militares, que tomaron control del país a partir del 20 de Octubre 1945, con el triunvirato integrado por Francisco Javier Arana, Jacobo Arbenz y Jorge Toriello Garrido, único civil, quienes gobernaron hasta la llegada al poder por la vía electoral del doctor (en Filosofía y Ciencias de la Educación) Juan José Arévalo. Durante su gobierno, Jacobo Arbenz Guzmán, militar de izquierda, ocupó el Ministerio de la Defensa con mucho poder y aquello no fue positivo para Guatemala.

Tal proximidad con Ubico se debió a que mi padre Arturo Altolaguirre Ubico, era el único sobrino varón de Jorge Ubico Castañeda. La aviación militar había tenido su más fuerte impulso en 1927 cuando Lindbergh voló a París y más tarde, a fines de ese mismo año cuando visitó nuestro país. Regresado a Guatemala, después de concluir sus estudios de secundaria, mi padre se incorporó a la Escuela de Aviación y se convirtió en un excepcional piloto aviador; años después, llegó a dirigir la Escuela de Aviación.

A Ubico se le tilda de dictador lo que, dentro de la actual visión de los Derechos Humanos es verdad. Pero muchos aspectos han cambiado desde entonces. Por ejemplo, la alternancia en el poder por medios democráticos en aquellos tiempos era más una meta que una realidad. Entonces, en España gobernaba Franco, en Italia lo hacía Mussolini, en Alemania Hitler, en Rusia Stalin y en Estados Unidos Roosevelt. Este último asumió en 1933 un año más tarde que Ubico y habría terminado su período en 1948 lo que no sucedió debido a su muerte súbita. Roosevelt, fue reelecto cuatro veces (Ubico tres veces), la última en 1944. En Hispanoamérica la situación era semejante.

Ubico asumió el poder en una Guatemala hundida en inseguridad política y social, desorden financiero, crimen, violencia y con las finanzas del Estado en caos. Con un trabajo diligente y ordenado, austeridad y uso de su autoridad logró la recuperación económica del Estado, construyó una extensa red de vial que comunicaba a casi todas las poblaciones del interior, mismas que antes solo contaban con veredas y extravíos. Esas carreteras muchas veces incluían puentes que siguen en uso hasta la fecha. Hizo construir bellos edificios como el Palacio Nacional, el Edificio de Correos, el Palacio Legislativo, el Edificio de la Tipografía Nacional, el Palacio de la Policía Nacional y muchos otros que hoy constituyen el Patrimonio Cultural de Guatemala. A pesar de los años transcurridos muchos de ellos son utilizados para el fin con que fueron construidos.

Su renuncia tuvo origen en una carta con 311 firmas que así lo solicitaban, fechada 22 de junio de 1944. Dentro de los firmantes había varias personas a quienes había dado su amistad, aprecio y confianza, lo cual le causó una profunda depresión misma que dos años después lo condujo a la muerte (una versión afirma que su deceso lo ocasionó un cáncer de pulmón, pero este era incipiente, asguró el médico tratante a mi padre en Nueva Orléans). Nueve días después de haber recibido esa solicitud, el 1 de julio de 1944, inmerso en inmensa tristeza, presentó su renuncia a tres de sus generales, quienes debían llevarla al Congreso en su nombre. Después se marchó a su casa y terminó radicando en Nueva Orléans, donde falleció el 14 de junio de 1946.

Es importante señalar que habiendo recibido su mandato con una Guatemala endeudada y un Estado inoperante, canceló la “deuda inglesa”, dejó una nación financieramente solvente con un saldo importante en caja. Durante su administración, el ahorro nacional fue invertido en obras de alta calidad. El monto de lo gastado se publicaba cada semana en el Diario Oficial.

Tras su renuncia, Federico Ponce Vaidez, Buenaventura Pineda y Eduardo Villagrán Ariza formaron un triunvirato con el que se proponían gobernar el país pero el Congreso debía formalizar legalmente el poder Ejecutivo y optó por un gobierno unipersonal seleccionando a Federico Ponce quien asumió de inmediato. En su libro “Triunviratos”, Roberto Ardón refiere ese período con mucho detalle y precisión.

Sobrevino la “revolución” del 20 de octubre, causando la muerte de muchos ciudadanos, civiles y militares. Ponce fue destituido y se exiló en México. Se formó un triunvirato integrado por Francisco Javier Arana, Jacobo Arbenz Guzmán y Jorge Toriello Garrido el cual asumió el poder Ejecutivo. Se redactó una nueva Constitución y se convocó a elecciones generales, que ganó por abrumadora mayoría Juan José Arévalo. Cuatro años más tarde, Árbenz había ganado el favor de Arévalo y su apoyo para las elecciones de 1991. Sin embargo, Francisco Javier Arana, Jefe de las Fuerzas Armadas durante ese gobierno, también estaba interesado en competir por la presidencia.

En 1949, buscando concentrar el respaldo militar, Arana pidió a mi padre aceptar la jefatura de la Fuerza Aérea y este lo aceptó. Pero cinco días después de haber asumido en, el Coronel Arana conoció que se había producido el ingreso oculto, no oficializado, de armamento a Guatemala, el cual había quedado escondido en Amatitlán. Se rumoraba que estas servirían para armar un “ejercito civil” con ideólogos, obreros y campesinos todos aliados a Jacobo Arbenz. El presidente Arévalo y otros funcionarios tenían conocimiento y concedían velado apoyo a ese plan.

Arana asumiendo la responsabilidad que le competía, hizo las investigaciones necesarias y ubicó en Amatitlán el lugar secreto donde escondían el armamento. El 18 de julio de 1949 muy preocupado de que se estuviera gestando una guerra civil, decidió ir en persona a decomisar esas armas. Cuando vaenía de regreso, sobre el puente La Gloria, fue víctima de un ataque planificado. Le atravesaron un vehículo y lo asesinaron a balazos junto a sus dos acompañantes. Trascendió que Arbenz observaba el área del ataque desde el Filón, un alto peñón cercano desde el cual, utilizando un largavistas, controlaba el puente. Una versión detallada de este suceso se puede encontrar en
https://educacion.ufm.edu/un-muerto-en-el-armario-el-asesinato-del-coronel-francisco-javier-arana/Jorge Palmieri también documentó detalladamente aquel suceso.

Los jefes militares que Arana había nombrado, incluyendo a mi padre, fueron todos detenidos y encarceladosen el sótano del Palacio Nacional, donde a semejanza del ataque armado que asesino a Arana, también fueron baleados los militares detenidos por los civiles del grupo arevalista, armados por Arbenz. Entre los baleados que no murieron estuvo Castillo Armas. Pero hubo una excvepción: A mi padre lo detuvieron a las 13:30 en la entrada de la Fuerza Aérea, colocando una escuadra sobre su cabeza los civiles sumisos y armados por Arbenz. Después, curiosamente, por orden de él lo enviaron a su casa la que le dieron por cárcel, evitando que fuera baleado en el sótano del Palacio.

Poco tiempo después, finalizaba el período de Arévalo; hubo elecciones y se sabe que hubo manipulaciones, lo que estableció el triunfo de Arbenz quien supuestamente ganó la presidencia. Lo comento porque Ydígoras Fuentes quiso competir ese año (lo escuche en una casa vecina que le dio posada), ya que lo persiguieron para encarcelarlo y balearlo, por lo que tuvo que salir del país.

Por su parte el presidente Arbenz, identificado con la izquierda radical, meses después impulsó en el Congreso, con el control, la presión e instrucciones desde el Ejecutivo a los diputados, la Ley de Reforma Agraria que al implementarse, destruyo mucha de la productividad agrícola. Siendo Guillermo Toriello (izquierda radical) Ministro de Gobernación, empezó a confiscar propiedades de muchos finqueros, pero….

Mi abuelo, José Larraondo Asturias, tenía muchas décadas de haber heredado y trabajado la finca La Compañía, Km. 34 Carretera a Palín. Eran 26 caballerías en las que se cosechaba principalmente caña de azúcar la cual utilizando un maravilloso trapiche, generaba la exquisita panela que era adquirida por los fabricantes de dulces en Amatitlán. También tenía una crianza de ganado.

Su única hija era mi madre. Pocos meses después de su fallecimiento, la implementación de la Ley de Reforma Agraria, también concretó la expropiación de la finca de 26 caballerías a mi abuelo. Aunque mi padre defendió en los juzgados la realidad de la finca, fueron enviados los invasores manejados por el Estado, quienes armados invadieron la finca y robaron bienes de la casa de mi abuelo e incendiaron los bonitos ranchos de los mozos (paredes de adobe y pisos de cemento), quienes tuvieron que huir del área.

También incendiaron todas las siembras de la caña de azúcar y parte del trapiche. La razón que argumentaron es que había unos terrenos vacíos que no producían, ignorando que estaban reservados para mover al ganado de unos a otros espacios, para el crecimiento del pasto accesible para la alimentación del ganado.


En muchas fincas productivas sucedió lo mismo. Pero además, o sea en mi caso siendo adolescente, fui testigo de cómo mi padre fue por muchos años amenazado y perseguido, y a mi abuelo y su única hija, les quitaron su finca. Lo que recuperó la legalidad es que, ciertamente gracias a la información documentada que un joven amigo llevara a su familiar, el Ministro de Relaciones Exteriores, Guillermo Toriello Garrido, vecino de mis padres, la finca fue devuelta meses más tarde, aunque con casi todo destruido

La oposición política fue creciendo ante la violación a derechos fundamentales de los ciudadanos que querían una democracia republicana. El grupo de militares, entre ellos el líder Castillo Armas, ciertamente recibieron el apoyo con armas y dinero de Estados Unidos, pero no fueron encauzados ideológicamente ni comprados por los gringos.

La matazón de guatemaltecos que por instrucciones de las “autoridades” en el poder, y la alianza del gobierno arbencista con los grupos armados civiles, fue terrible. Vean las listas. Recuerdo la tortura, irracionalmente cruel, atroz y salvaje, así como el posterior asesinato del joven Álvaro Rivera Aparicio, entre muchos otros también asesinados por ese gobierno. Listas completas se encuentran en un libro escrito por Mario Sandoval Alarcon.

En fin, mucho que compartir, pero un hecho claro: la caída de Arbenz no tuvo repercusión negativa en América Latina. Mientras estuvo en el poder, si afectó negativamente a la nación, que luego de su salida por fortuna se logró restablecer, especialmente la imparcialidad y certeza de derechos básicos y la recuperación de la confianza en el Estado.

Lo que sí pudo haber afectado, es la concientización y la importancia de una democracia republicana que respetara los derechos fundamentales de todo ciudadano y no el control de una dictadura armada y destructiva que dañó a la nación.