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Anhelos secretos sobre la patria mía
Fecha de Publicación: 14/09/2019
Tema: Valores
Anhelo, patria mía, que quienes te gobiernan solo tengan poder para servirte, y nunca poder para imponerte servidumbre; y que, si alguien pretende someterte a inicuo vasallaje, rebelarte sea tu mejor virtud y obedecer sea tu peor vicio. Y anhelo que no te refugies en la historia para nutrir tu presente con nostalgia, sino que vivas ese presente como si fueras combatiente, y atisbes en el futuro la victoria que tu nobleza reclama.

Anhelo, patria mía, que la justicia sea siempre tu mayor riqueza; que la paz sea un tesoro que repartes fecunda entre tus hijos; que te jactes de ser un codiciado reino del derecho, en el que los derechos de cada ciudadano sean sagrados y ninguna minoría o ninguna mayoría pueda violarlos. Y anhelo que nadie pretenda imponerte una creencia, un pensamiento o una ideología, no porque temas ser víctima de una falsedad, sino porque ni aun la presunta verdad debe ser impuesta.

Anhelo, patria mía, que no vivas de la piedad extranjera ni inspires en el resto del mundo una ofensiva compasión que nunca te mejora pero siempre te humilla; ni intercambies soberanía por dádivas que mucho te insultan y poco te ayudan. Y anhelo que sepas que la pobreza indigna es peor pobreza, porque ya no solo es pobreza sino vergonzosa pobreza.

Anhelo, patria mía, que el poder de elegir gobernantes no sea el poder para destruirte, y que no te embriague el tóxico licor del demagogo, y que tu elección sea un atino de la reflexión y no un engendro de la alucinación, y que, entonces, elegir no sea convertirte en mísero heredero de la decepción.

Anhelo, patria mía, que suministres siempre la oportunidad de mejorar, y nunca obligues a empeorar; y que nadie te reproche que no brindas oportunidades para progresar. Y anhelo que el triunfador no sufra el ataque del resentido ni el odio del envidioso. Y que aquel que es pobre por negligente maldiga antes su negligencia que su pobreza; y que aquel que es rico por diligente bendiga antes su diligencia que su riqueza.

Anhelo, patria mía, que nadie de los tuyos se destierre porque sepultas cualquier esperanza, ni prefiera sepultura en extraño país porque de ti reniega; y que seas tan valiosa, que haber nacido en tu tierra sea un divino privilegio, y que ser sepultado en ella sea un apetecido honor. Anhelo, patria mía, que nadie te difame, ni te calumnie, ni te injurie en el extranjero, y que nadie te acuse en tribunales extraños y exija que te condenen y que decoren la condena con el desprecio a tu soberanía.

Anhelo, patria mía, Guatemala, que seas la tierra que se cultiva con la más fecunda semilla: la libertad, de la cual surge el progreso como si fuera inevitabilidad. Y anhelo que pronto ya no seas más la patria que inútilmente soñamos sino el sueño mismo consumado. Y que el quetzal, símbolo de tu libertad, nunca pueda morir resignado en cautiverio, sino que pueda transformarse en ave poderosa, temida por el cóndor y el águila real, capaz de destruir cualquier cautiverio y de aniquilar cualquier opresión.

Post scriptum. Anhelo, patria mía, que quienes predican que te aman, y sinceramente quieren procurar tu bien, con luminoso intelecto elijan los mejores medios para beneficiarte, y no procuren tu mal en nombre de la más beatífica intención.
SOBRE EL AUTOR
Luis Enrique Pérez
Reseña curricular Guatemala, 26 de noviembre de 2018 Luis Enrique Pérez Estrada es profesor de filosofía. Ha impartido cursos sobre teoría del ser, teoría del cono
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