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Teorema

Educación, las soluciones
Fecha de Publicación: 19/07/2013
Tema: Educación

 

En una tabla comparativa por país, los indicadores internacionales de educación nos colocan hasta el fondo. Cada vez nos afianzamos mejor como los más diestros en el uso del machete, el azadón y la pala. Pero esa no es una superioridad de la que podamos enorgullecernos. Tal vez sea necesario repetirlo: no se trata solo de un problema de imagen de país, la realidad que estas cifras reflejan es mucho peor.

Habla de jóvenes que no están capacitados para realizar tareas que requieren de algún grado de conocimiento. Se refiere a nuestros conciudadanos que viven y trabajan en el exterior, a aquellos que mandan esas generosas remesas a sus parientes locales. Describe por qué ellos ocupan posiciones de trabajo inferiores a las que reciben los asiáticos, mexicanos y sudamericanos. Explica por qué las empresas tecnológicas transnacionales, buscan otros países en vez de instalarse en Guatemala, como lo hizo Intel cuando se fue a Costa Rica.

He pluralizado, y toda generalización es inexacta. Los jóvenes que estudian en muchos planteles privados y otros en algunos institutos públicos reciben una preparación que puede ser igual o aún mejor que la formación promedio en la mayoría de países del mundo. Pero la generalidad es diferente, en Guatemala, la inmensa mayoría de quienes terminan la secundaria lo hacen con calificaciones precarias, 72.3% no saben leer correctamente textos simples y 92.5% tiene conocimientos insuficientes en matemática ¿Cómo resolver tal deficiencia?

Los expertos en educación conocen muy bien el nombre del profesor Nicolás Negroponte de MIT y sus éxitos en la educación por medio de computadoras (ahora con tablets). Negroponte abrió una brecha por la cual, posteriormente muchos otros investigadores y científicos revolucionarios de la educación entraron. Durante más de 25 años ellos han conseguido innovar la enseñanza por medio de computadoras. Eduardo Süger, a quien considero mucho mejor profesor que político, aseguraba que la educación no podía seguir siendo lineal, que era necesario desarrollar un proceso Quantum, en el sentido de que en un corto período tiempo debían suceder grandes transformaciones.

El programa pionero One laptop per child,  otros proyectos como Longmeng, Lihuen GNU/Linux, Plan Ceibal, Raspberry Pi  y muchos más, llevan años divulgando un método que cada vez es mejor. Han demostrado plenamente que un niño con una tablet y las instrucciones adecuadas puede aprender entre 3 y 5 veces más rápido y con mayor profundidad y especialización que con el sistema actual.

Quisiera explicar esto con un razonamiento de mi cosecha: Considere la dificultad que tiene un niño para dibujar una letra (peor aún, una secuencia de ellas para formar una palabra) y compare esa complejidad con la relativa facilidad de identificar la o las letras correspondientes en un tablero y luego presionarlas. Posteriormente, hacer las letras a mano, cuando estas ya son conocidas y tienen un significado y un propósito, es un proceso mucho más simple. Si se le ocurre que aprender a dibujar las letras es sencillo, considérese a sí mismo ante la tarea de aprender a escribir con caracteres chinos o japoneses.

Niños con orígenes tan diferentes como puedan ser los de Paraguay, Ruanda, Madagascar, Uruguay, Kenia, Perú, Nepal, y muchos más, ya cuentan con centros en los que disponen de laptops o más recientemente con  tablets. Los resultados resultan difíciles de creer: En un experimento desarrollado simultáneamente en varias aldeas, se entregó a los niños una caja con una tablet en su interior, sin ningún tipo de instrucciones. Al término de 5 días los niños ya usaban múltiples aplicaciones de, juegos, ebooks, vídeos, tests, y otros productos. Nadie les había enseñado.

¿Qué? ¿No lo cree? Los padres de niños de 2 a 4 años, ven con el mayor de los asombros cómo sus hijos usan su iPhone mejor que ellos. Para la gran mayoría de adultos, el control multifunciones del TV y sistemas asociados, solo sirve para encender y apagar los aparatos, cambiar canales y subir o bajar el volumen. Para niños de 5 años sirve para mucho más; una gran mayoría manejan todas esas funciones que a nosotros nos da “pereza” aprender (en realidad podría ser temor de no entender) ¿Quién enseñó a esos niños a usar todos los botoncitos? ¡Aprendieron solos!

Con la ayuda de la tecnología digital, los profesores han pasado a ocupar una posición de menor importancia ¿Acaso Duolingo precisa de un profesor? (Duolingo: programa gratuito para aprender idiomas desarrollado por el guatemalteco Luis von Ahn, ahora ampliamente usado en los 5 continentes). Y si eso es así con un idioma, mucho menos importante es el maestro con los cursos de matemática (aritmética, álgebra, geometría, trigonometría y de allí en adelante, con excepción acaso, de los programas de maestría o doctorado). Mi amigo Helmuth Chávez, quien trabaja en la zona 10, a poca distancia de donde posiblemente trabaja usted, sabe mucho al respecto. Él ha confiado la educación de sus hijos a la tecnología y se considera gratificado por haberlo hecho.

Hace unos 10 años escuché un discurso de Roberto Montano. En una parte refería cómo, los jóvenes en clase, con las manos bajo el escritorio, poniendo cara de mucha atención al profesor, estaban en realidad tecleando mensajes en sus teléfonos, sin ver la pantalla. Roberto cerró su mensaje afirmando que esa (la de entonces) era la primera generación de niños que saben más que sus profesores. Eso es simplemente una gran verdad que el Discovery Chanel y otros medios modernos han contribuido a crear ¿Qué dirá Roberto ahora, 10 años después?

¿Puede alguien poner en duda que los niños indígenas en lugares remotos de Guatemala no podrían entenderse con una tablet? ¿Estamos dudando tan gruesamente de esos niños y de los geniecillos, como von Ahn, que crearon el software? ¿Tenemos calificaciones suficientes como para sustentar un tipo de dudas así?

¿Qué es muy caro, y que los países pobres no nos lo podemos permitir? ¡Vamos! Con la décima parte del presupuesto de educación se puede dotar a todos los niños en la primaria y preprimaria con una Tablet. Una de las ensambladas en Guatemala cuesta $100 comprada por unidad en los comercios de la ciudad. Indudablemente, si se ordena un millón, algún descuentico habrá de haber. En India están produciendo tablets a precios tan bajos como $35 la unidad.

El problema no es económico ni es de inteligencia ni es de... ni de... ni. El problema es político ¿Quién es el guapo capaz de enfrentar al lobo feroz? Los maestros y sus organizaciones sindicales se sentirían perjudicados ante la expectativa de una transformación así. Aunque podrían prepararse para dirigirla, lo más probable es que responderían a ella con manifestaciones, paros, huelgas, quema de buses… de esa forma habrían decidido ser parte del problema y no de la solución.

El Ministerio de Educación ¿está orientado hacia enseñanza de los niños o hacia el bienestar de los maestros? Negroponte y otros como él han estado en Guatemala más de una vez y se han entrevistado con las autoridades de educación. Por lo menos, los últimos ocho ministros conocen de esto con mucho detalle. Sin embargo, que yo sepa, no hay ni un solo plan piloto dirigido por ese Ministerio, con ese propósito ¿Por qué? ¿A quién temen? La respuesta es obvia. Dentro de la educación privada sí hay, por lo menos un proyecto muy avanzado en este sentido, aquel donde se educan los hijos de Helmuth.

 

¿Cómo hacerlo? No se puede despedir a todos los maestros sin causar una crisis social de dimensiones descomunales, una que ningún gobierno podría sobrevivir. Pero esa visión apocalíptica no es real. Acaso habría que empezar dando a cada maestro, en propiedad, una Tablet y después de unos tres meses identificar a quienes hayan aprendido a utilizarla con propiedad. Con la colaboración de los maestros, podrían crease planes para hacer el cambio con un sacrificio mínimo por parte de ellos. Progresivamente unos asimilarían la nueva tecnología. Otros serían reubicados en ocupaciones distintas. Y unos más se mantendrían desarrollando su trabajo en la forma como lo han venido haciendo. Seguirían enseñando el nombre de las sinfonías que escribió Beethoven sin poder diferenciar una de otra y en algunos casos, sin haberlas escuchado jamás.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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