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Vocación de Libertad

¡Increíble!, pero cierto
Fecha de Publicación: 07/08/2019
Tema: Construir el Estado

 

Los guatemaltecos, consciente y racionalmente – si se puede calificar de racional, el acto consciente de elegir, donde no hay opción sana por la cual decidir – iremos a ejercer nuestro sufragio electoral en esta segunda vuelta electoral en línea con el diseño jurídico que en nuestra democracia, algunos ciudadanos con el poder delegado y relegado por el soberano (nosotros) diseñaron.

Es increíble por cuanto, resulta difícil explicar la razón del ¿Por qué lo hacemos así?, sobre todo porque, demostrado esta que en estos 33 años del proceso democrático, con excepción del primer ejercicio eleccionario para autoridades electas en forma libre y transparente, todos los demás procesos hemos tomado decisiones entre lo “menos malo”. ¿Qué hemos obtenido y como nos ha afectado?, usted tendrá su respuesta. Lo único que quiero subrayarle es que ha sido siempre, una decisión suya.

Es evidente el franco deterioro de nuestra práctica democrática, puesto que si somos sinceros con nosotros, hemos venido de “mal en peor”. No solamente en nuestras decisiones de Presidente y Vicepresidente, sino también en temas parlamentarios y municipales, lo mismo que la contaminación hacia la elección indirecta de nuestros jueces y magistrados.

Habrá usted escuchado, amigo lector, muchisisisisimas veces el clamor para defender la institucionalidad, argumento sobre todo, proveniente de sectores que buscan mantener el status quo; es decir, la precaria estabilidad social, política y económica. Siendo la institucionalidad lo que es y su significado en la construcción de una Democracia Republicana y Constitucional, debe señalarse que la intención de defender la institucionalidad, es más que relevante y se constituye en deber de todo buen ciudadano.

No obstante esta buena intención, porque como todos sabemos, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno - y los guatemaltecos estamos empezando a vivir ese infierno – bien vale la pena aclararnos de que estamos hablando, cuando hablamos de “institucionalidad” sobre todo por nuestra ignorancia irredenta. Espero, no ofender a nadie, y si así fuera, ruego la benevolencia de su misericordia.

Los problemas políticos que nublan el porvenir de Guatemala, provienen de realidades como el hambre, la miseria y las desesperanza; pero aún más grave, provienen de la ignorancia irredenta de los interlocutores en nuestras élites dirigentes, quienes han establecido un mapa de la realidad en función de su intereses por el poder y no por el bien común. No existe en el mapa, el foco en facilitar el logro de acuerdos “políticos” en favor de todos en el país.

El error, la confusión; la mentira, el engaño; las mañas, el dolo; la patraña que se imponen desde las esferas del poder de la “Institucionalidad del Estado” a la cual también se han sumado las “instituciones privadas” y de la “sociedad civil” con honrosas y dignas excepciones, todo ello empacado en un florido lenguaje de lo políticamente correcto, han contribuido a traernos desde 1985 hasta la fecha, la destrucción de las ilusiones que la apertura democrática trajo consigo.

Un concepto de institucionalidad comúnmente aceptado, se expresa así: “es el conjunto de creencias, ideas, valores, principios, representaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan la conducta de los integrantes de una sociedad, caracterizándola y estructurándola” (Correa, 1999).

“La Institucionalidad entendida como un atributo básico del imperio o de la república, dentro de un Estado de Derecho. Por consiguiente se entiende que, si un Estado en ejercicio de su plena soberanía configura su distribución político-administrativa a la luz de la división de poderes, luego, esa República, se hará de todos los organismos (entendidos éstos en abstracto) que dirijan ese imperio y su ejecución al servicio de las personas y en pos del bien común.

En líneas generales e intuitivas, debe entenderse que una sociedad o un Estado tienen su institucionalidad más avanzada y fuerte, cuanto más eficientes sean las normativas y leyes que se aplican, y cuanto menos distorsiones se verifiquen en las regulaciones y resoluciones.”

https://es.wikipedia.org/wiki/Institucionalidad

Frente a estas ideas, es claro que el Estado de Guatemala desde 1986 a la fecha, ha venido desmontando en lugar de poner en práctica, la “teórica institucionalidad que debió haber desarrollado con la Constitución de la República de 1985” y peor aún, en un acto deleznable de contubernio con la “institucionalidad del sector productivo” y bajo la permisiva mirada ignorante de su población – a la cual no conviene educar y además, en esas condiciones de ignorancia se le puede manejar vía el miedo – han destruido las ilusiones de quienes siguen sin tener nada, y ahora, en un abuso sin precedente, le han quitado la posibilidad de elegir de forma diáfana a quienes quisieran fueran los que administren el Estado.

En próximos días, intuyo, estaremos escuchando voces altisonantes para defender la institucionalidad en el país. La pregunta es: ¿Existe tal cosa en Guatemala?, y si existe, ¿Estará en manos de las mafias?, y si la respuesta es sí, ¿Qué hacemos?

Me recuerdan la historia del elefante que desde pequeño lo ataron a una estaca para limitar su movilidad y ahora ya grandecito, sigue atado a la misma estaca y por supuesto sin posibilidad alguna de lograr su libertad.

Otros creen que, este proceso electoral producirá el milagro de encontrar a los súper héroes que vendrán a solucionar los problemas nacionales, sin darse cuenta que ese puede ser precisamente el problema. Seguimos cultivando la idea de una democracia republicana en la que se relegan las responsabilidades del ciudadano y con ello sus libertades, a cambio de tener a quien echarle la culpa para no admitir y menos asumir la responsabilidad de su vida.
 

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
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