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Teorema

Educación, los problemas
Fecha de Publicación: 17/07/2013
Tema: Educación

 

Hace unos 30 años, siendo presidente del recién fundado CIEN, escribí sobre la enseñanza primaria por primera vez. Previamente había investigado la experiencia de otros países, principalmente del Reino Unido. Entonces sugerí un sistema de vouchers, el cual permitiría que los padres de familia seleccionaran el plantel donde educar a sus hijos. Así se promovería la competencia entre los planteles educativos. Desde entonces, he estado consciente de que el desarrollo nacional está íntimamente relacionado con la educación de la población. Entendiendo con claridad que erradicar la pobreza requiere de niveles educacionales más altos. Nunca conseguí dejar de pensar en ello, con ese artículo había quedado marcado.

Parece que la generalidad ha comprado la idea de que si se gastara más, la educación mejorará. Olvidan, o parecen olvidar que el modelo educativo que seguimos, es el mismo con el cual estudiaron nuestros abuelos: profesor, pizarra, yeso, libros, cuadernos, escritorios, 45 minutos clase, tres meses y pico de vacaciones, recreo entre una y otra clase...

Un modelo con el cual, los maestros de hace cien años sin mayor tecnología a su alcance, consiguieron resultados que satisficieron la necesidad de conocimientos durante tres generaciones. Pero más recientemente, en forma creciente, esas necesidades han aumentado de manera exponencial. Un niño de hoy requiere tanto o más conocimiento que un adulto de entonces.

Además es necesario reconocer que los maestros de antes superaban ampliamente a los actuales. Desde luego, tanto de un lado como del otro hay excepciones pero solo son eso, excepciones. Así, las consecuencias sobre la educación de las personas de menos edad, no han mejorado, no podían mejorar. De hecho, estoy seguro de que casi todas las personas mayores se unirían a mí para decir que tales resultados son ahora peores. Los educadores argumentarán que los textos de ahora son mejores y que la extensión es mucho más amplia, que de 40% en cobertura se ha pasado a 85% ¿Y?

Los resultados en alumnos del ciclo diversificado son desconcertantes. Después de más de 11 años de asistir a clases, solo 23.7% ganó pruebas de lectura y 7.5% de matemática. Uno se preguntará ¿Qué pasó? La respuesta se encuentra, al menos parcialmente en los maestros que cuando fueron sometidos a una prueba semejante, 45.4% aprobó pruebas de lectura y solo 39.6% de matemática (1). Aun así, lo inaudito es que los estudiantes se muestren renuentes a mejorar su propia formación.

Los resultados son elocuentes, hay niveles bajísimos en matemática, lenguaje y hasta en lectura de ¡textos! Es cierto que el porcentaje de analfabetos es menor, pero esas son cifras que buscan justificar la enorme inversión pública en educación. Los así llamados alfabetos, son en la práctica analfabetos funcionales. Son niños que se volvieron adultos y que en gran proporción no leen nada, aunque quizá alguna vez hayan aprendido a hacerlo.

La educación en Guatemala, principalmente la que imparte el Estado tiene un costo que este año superará los 10 millardos de quetzales, once dígitos no es para tomarlo a broma. Tampoco los resultados, cuyas mejoras las autoridades se afanan por hacernos creer. Se dice que la inversión en educación en Guatemala es inferior a la de otros países. Pero generalmente esas comparaciones no incluyen la educación privada que en nuestro país es más importante que en muchos otros lugares. La suma de ambas proporcionaría cifras no solo más precisas sino también reflejaría mejor la importancia que como nación concedemos a la formación de los habitantes más pequeños.

Cuando en los medios se habla de educación, por lo general se hace utilizando frases indulgentes, comedidas, amables, que evitan la confrontación, se busca quedar bien con ese gremio. Se dice que el maestro es digno de los mayores elogios, se les llama apóstoles, se afirma que son, en nuestra sociedad, las personas que merecen el mayor respeto y admiración de todos. Si bien esto es cierto para algunos de ellos, hay una falla enorme al generalizar. Lo peor, es que utilizar un lenguaje políticamente correcto no arregla nada. Porque simplemente se trata del temor a decir la verdad, a llamar a las cosas por su nombre.

Los maestros no son mejores, ni peores que los policías, los soldados o los empleados de salud. Pero sí son más numerosos. El Ministerio de Educación ocupa a 77.4% de empleados públicos y el de Gobernación, segundo más numeroso, a 12.5%. Por su parte, el número de trabajadores en el Organismo Legislativo equivale a 3.2%. Estas cifras están referidas a un total de 278,840 empleados públicos (2), expresan, en mi opinión con la mayor elocuencia, que algo anda verdaderamente mal. Al menos, que los resultados debieran ser distintos.

Pero la educación, particularmente la de primaria y pre primaria, enfrenta otras dificultades. A ninguno escapa que dar clases en todas las lenguas del país (son 23) no puede ser sino un error. Especialmente cuando algunas lenguas son utilizadas por muy pocas personas. El Itza, por ejemplo, solo lo hablan 12 individuos y el Xinca 16 (no lo escribí mal); aún el garífuna lo hablan menos de 6,000 y el Poqomam 30,000.

Acaso no tendría más sentido que en al inicio de la escolaridad, en la pre primaria, por ejemplo, los niños aprendieran Castellano que es el idioma oficial (o inglés o ruso si quiere). Pero que lo aprendieran bien, para que toda la escuela primaria se desarrollara en ese idioma. Al mismo tiempo, pero sin sacrificar a los niños, el Estado podría invertir en la preservación de las lenguas nativas y desarrollar sus textos ancestrales y tradiciones a manera de preservar esas culturas.

Todos sabemos que de 365 días del año, actualmente algunas veces no se llega a la tercera parte con clases. Por qué, si la educación es tan importante como indudablemente lo es, los técnicos y expertos no plantean que haya, por ejemplo, solo cuatro semanas de vacaciones al año. Una en Semana Santa, otra a medio año, otra para la Independencia y la cuarta para Navidad, por ejemplo.

Los días de la semana, de lunes a viernes y la mañana de sábado deberían ser días lectivos ¿Cuándo fue que se decidió holgar los sábados? ¿Acaso no debemos revisar eso? Porque, al fin y al cabo estamos frente a una crisis educacional donde los nacidos en otros países habrán de superarnos ampliamente. No solo los noruegos y los finlandeses, sino también todos los ciudadanos de los más remotos y empobrecidos países, pronto serán superiores a nosotros.

(1) Cifras de http://www.dimension.com.gt/index.php/7._Educaci%C3%B3n_de_calidad,_un_pilar_del_desarrollo

(2) Cifras de http://www.prensalibre.com/noticias/Crece-burocracia-Gobierno_0_897510310.html

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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