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Teorema

El criterio ético
Fecha de Publicación: 10/06/2019
Tema: Electoral
Indudablemente usted recuerda o, si es muy joven, al menos conoce por referencias a Luis Flores Asturias quien fue vicepresidente de la República entre 1996 y 1999. Su trabajo, junto al de Álvaro Arzú merece encomio. Muchos creemos que aquel fue el mejor gobierno que ha tenido Guatemala en muchos años. Quizá en toda su historia.

Luis proviene de una familia donde los padres enseñaron a sus hijos valores y principios. Les dijeron que la palabra empeñada vale lo que quien la empeña. Que debían ser cuidadosos al seleccionar a sus amistades. Que no debían mentir, ni engañar, ni aprovecharse de otros con menores capacidades o recursos que ellos. Cosas así…

Ricardo Flores Asturias, hermano menor de Luis, fue formado con los mismos principios y valores. Entiendo que con la familia de Isaac Farchi, quizá menos estrictos, pero también sucedió algo parecido.

Aquellos chicos, se hicieron hombres y, que yo sepa, nada reprobable hay que señalar de su conducta ética. Ellos, hoy convertidos en candidatos, deben conservar gran parte de esas enseñanzas. Si son electos, será esa formación la que guíe sus pasos al conducir a nuestro país. No podría ser diferente, porque esa conducta forma parte integral de su naturaleza. Ellos, simplemente son así.

Hace 4 años, hubo un candidato que, en su campaña proselitista, reclamaba haber sido un niño muy pobre. Dijo que a eso de los diez años vendía productos en la Terminal. Consiguió graduarse como ingeniero, pero –debido a sus condiciones de pobreza– sus estudios le habían costado diez veces más que a los demás. No dudo de la veracidad de esos datos, pero pongo en tela de juicio que tales atributos conduzcan, necesariamente, hacia un buen dirigente para nuestro país.

Cerraba su discurso mencionando lo exitoso que, con base en su esfuerzo, había logrado ser. Había hecho fortuna suficiente para regalar costosos caballos “pura sangre”, entre sus seguidores y amigos. Poseedor de tanto éxito, decidió postularse como una opción para conducir el destino de nuestro país.  Hoy, sin embargo, aquel candidato guarda prisión en una cárcel de los Estados Unidos.

Los valores, los principios, se forman en la niñez, en la casa. Llegan en menor proporción de los discursos de padres y abuelos y en una dosis mucho mayor del ejemplo de esos personajes que habrán de acompañarnos toda la vida. De aquellos con quienes, aún en nuestra vejez, sostenemos amenas conversaciones en las que, en soledad, terminamos pidiendo consejo.

Yo le sugiero a usted, amable lector, pensar en usted mismo, en sus hijos y en cómo se formaron. Piense también en los siguientes candidatos (he omitido a los de izquierda y los que quedaron fuera de la papeleta) y trate de imaginar cómo podrían haber sido cuando andaban por los quince años. Evalúelos desde un criterio ético. Danilo Roca y Manuel Martínez; Héctor Estrada y Yara Argueta; Estuardo Galdámez y Betty Marroquín; Roberto Arzú y José Antonio Farías; Guillermo Cabrera y Ricardo Sagastume; Luis Velásquez y Arturo Soto; Pablo Duarte  y Roberto Villeda; Alejandro Giammattei y Guillermo Castillo; Isaac Farchi y Ricardo Flores A; Edwin Escobar y Blanca Alfaro.

Habrá encontrado que algunos reúnen condiciones éticas altas. Otras las tienen un poco menores. No permita que las campañas negras guíen su pensamiento. Descrea de las encuestas que no tienen respaldo válido. Pruebe a seleccionar a los mejores desde otro punto de vista. Si aún no ha decidido por quién votar este domingo, el criterio ético de selección podría acudir en su auxilio.

Hice el ejercicio que propongo y escogí a Isaac Farchi Sultán y a Ricardo Flores Asturias para la presidencia de la República. Recuerde que su voto es secreto, pero si usted no tiene que ocultar sus razones, puede compartir sus motivos con los demás.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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