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Vocación de Libertad

Guatemala al revés
Fecha de Publicación: 07/04/2019
Tema: Construir el Estado
¿Cómo está, señor Anacleto? Cada día me cuesta levantarme, me rechinan las bisagras, cada vez que despierto me pregunto si aún estaré en ésta o ya estoy en la otra… A mi edad da lo mismo despertar aquí o allá.
Humberto Ak’abal

Este es una las pequeñas grandes contribuciones de Humberto Ak’abala la reflexión humana, desde su talento poético con el título: El anciano Anacleto.


Pongo esta expresión poética sobre nuestra mesa de dialogo amigo lector, porque creo que recoge en buena medida la vivencia de un país hermoso, rico y bello como Guatemala, pero que por sobradas razones históricas de las decisiones de sus hijos, vive hoy como el anciano Anacleto, frustrado, lastimado y perdido en el mar de confusiones que la convergencia de los males del descuido irresponsables de sus ciudadanos en el pasado, le hacen explotar en la cara su incapacidad, de una forma violenta, aunque sutil, cuando se tiene que ver enfrentado a la modernidad global que el cambio de época impone.

Por sobre todos los males tangibles y objetivos – hambre, ignorancia, pobreza, desnutrición y un largo etcétera, existen males más profundos sobre los cuales ni siquiera nos atrevemos a insinuar, porque al final lo que existe es un profundo desprecio por la dignidad humana, puesto que esta no se conoce y menos se valora. Hoy, en este mundo al revés, un gatito o un chuchito y hasta una lagartija, tiene más y mejores cuidados que millones de seres humanos en nuestro país.

Hoy, hablar de dignidad humana en el más profundo de sus sentidos y desde la cosmovisión judeocristiana que supone visionar esa dignidad muy próxima a su creador, es hablar de cosas con las que no se compra en el supermercado; elegante y despreciativa respuesta hacia la dignidad humana, de posiciones que han convertido al ser humano en una mercancía más de intercambio, puesto que la valoración de lo humano, se recoge mejor por cuanto se tiene en la cuenta del banco, qué vehículo se conduce, en que zona se vive y hasta en qué colegio o universidad estudian los hijos. Es sin duda, un mundo al revés, puesto que en la cultura judeocristiana supone existir la supremacía de principios y valores, ética y moral por sobre lo utilitario y material.

Esta forma de ver la vida ha penetrado hasta el tuétano de nuestra débil, frágil y por tanto permeable concepción social y comunitaria de la vida. Si no, vea usted como el crimen organizado sin pena de ninguna naturaleza se pasea por nuestras oficinas de gobierno, nuestras instituciones políticas, desde partidos políticos hasta autoridades electorales, pasando por toda suerte de empresas grandes, medianas y pequeñas; lo mismo que medios de comunicación, iglesias y clubs deportivos. Todo ello y sin la menor vergüenza, en nuestra propia cara, hace uso de nuestro sistema jurídico para validar sus acciones y aceptación social.

Guatemala esta al revés y la mejor muestra es la validez con que estamos aceptando tres cosas fundamentales para el desequilibrio de nuestra nación: primero, un sistema político –partidos, autoridades y administradores del Estado– corrupto en un ejercicio electoral anormal que no conduce a ningún lado a nuestra Democracia Republicana y Constitucional; segundo: una convivencia económica con el crimen organizado, puesto que de todos es sabido que gran parte del motor que mueve hoy nuestra economía, es el dinero producto de la lavandería de réditos ilícitos que opera en nuestros diferentes ámbitos de negocio; y tercero: seguimos validando un modelo económico mundial que exige perpetua expansión del consumo, para dar salida a su producción creciente y para que no se caigan las utilidades, a la vez exige mano de obra barata y materias primas a costo casi cero, para abatir sus costos de producción.

Guatemala al revés es un realidad cotidiana en la que, de no hacer nada desde nuestro rol ciudadano, hace más peligrosa la ruta que llevamos hacia potenciales rompimientos no deseados y lo que aún es peor, pasar a ser un país paria, no solamente porque sus gobernantes siguen lineamientos del crimen organizado, sino porque todo su sistema de vida pasaría a ser de una cultura tal cual se ve en las que hoy son películas de supuesta ficción de países vecinos, basada en la predominancia de poderes ocultos, no tan ocultos. Como dicen los abuelitos, ¡Que Dios nos encuentre confesados!