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Teorema

Pronóstico de probabilidad
Fecha de Publicación: 16/03/2019
Tema: Electoral
Estoy llamando de esa manera a un pronóstico –político en este caso— basado en la historia electoral de los últimos 30 años (1985 a 2015). Reuní los datos de la primera vuelta electoral de los 8 comicios presidenciales y de ellos obtuve valores promedio y desvíos estándar. Luego los asocié a una distribución t de student. Hice los cálculos correspondientes y aquí presento los resultados omitiendo la parte aburrida de la operatoria matemática.

Un refrán popular dice que “caballo que alcanza, gana”. En la historia que recopilé, eso solo sucedió una vez. Fue en los comicios de 1990. Carpio había ganado la primera vuelta con 25.7%; Serrano llegó en segundo lugar con 24.1%. En el balotaje Serano tuvo una victoria contundente sobre Carpio, capitalizando 68% de los votos válidos. En los otros siete procesos electorales, el ganador de la primera vuelta también fue quien ganó en el balotaje.

En primera vuelta, la asistencia de los electores a las urnas fue, en promedio 60.3%, con un máximo de 69.7% en 2015, cuando ganó Morales y un mínimo de 46.8% en 1995, cuando ganó Arzú. El pronóstico de probabilidad para la votación del 16 de junio de este año, es para una afluencia de electores entre 53% y 67%.

Algunas personas se muestran fas-ci-na-das con lo del voto nulo y las nuevas disposiciones que podrían invalidar la elección. A ellos, la LEPP les dio “atol con el dedo”; se trata de una fantasía improbable. Además, si tal extremo llegara a suceder, los candidatos más votados –si no todos—volverían a presentarse. Nada habría cambiado. Pero no vale la pena siquiera discutir acerca de esa situación porque prácticamente no existe ninguna posibilidad de que suceda. La probabilidad de que el voto nulo para Presidente o Vicepresidente supere a 50% de los votos válidos (ver Artículo 203 Bis de la LEEP) es nula.

En la elección presidencial, el voto nulo, es un voto duro, consistente, invariable a través del tiempo; es un reflejo del nivel cultural de la población. Unido al voto en blanco tuvo un máximo cercano a 12% (votos en blanco incluidos) en 1985, cuando ganó Cerezo. También en 2011, cuando ganó Pérez. El voto nulo mínimo fue de 8.6% y también se repitió. Sucedió en 1999 y en 2003 cuando ganaron Portillo y Berger.

Los registros en Wikipedia, basados en datos del TSE solo reportan cifras separadas entre blancos y nulos de 1999 en adelante. En el promedio de esas últimas cinco elecciones, los blancos (47 de 100) fueron casi iguales a los nulos (53 de 100). El pronóstico de probabilidad para los votos blanco y nulo sumados en los comicios del 16 de junio próximo es que estará entre 8.9 y 11.2%.

No existe ningún antecedente –entre 1985 y 2015— de que un candidato haya conseguido ganar en la primera vuelta. Siempre hubo segunda ronda en la que compitieron los dos candidatos más votados. En promedio, la votación a favor de los dos candidatos (sumada) que pasaron a balotaje fue de 56.2% de votos. Sin embargo, la dispersión es alta. En 1999, cuando Portillo pasó a balotaje con Berger, entre ambos obtuvieron 78% de los votos. El 22% restante se distribuyó, de manera desigual, entre los otros nueve candidatos. En el otro extremo, en 2015, cuando Morales se impuso sobre Torres en primera vuelta, la votación compartida por ellos fue de 39.9% de votos. Otros doce candidatos se repartieron el 60.1% restante de votos. El pronóstico de probabilidad para el 16 de junio de 2019 es que entre 46.9% y 65.4 de votos válidos, será para los dos candidatos punteros.

La población aumentó cerca de 10% en los últimos 4 años pero el empadronamiento solo refleja un crecimiento próximo a 2%. A su cierre, el padrón electoral había superado la marca record de 8 millones de  ciudadanos habilitados para votar. Así que si la asistencia electoral fuera de 53.4%, habrá unos 4.24 millones de votos totales y 3.77 millones de votos válidos. En el extremo alto, con un padrón de 8 millones y asistencia en su máximo probabilístico de 67.3% la votación total sería de 5.36 millones de electores que dejarían en las urnas 4.88 millones de votos válidos.

Entonces, al sumar la votación de los dos punteros, esta podría ser tan alta como 3.19 millones de votos. Esta se obtendría si ambos "binomios" punteros se alejaran mucho del tercero y posteriores lugares. Pero también podría ser comparativamente tan baja como 1.76 millones de votos, lo que sucedería en caso la votación fuera muy reñida entre los contendientes. Vale la analogía de un pelotón grande del que se logran escapar dos corredores, como diría un cronista de la vuelta a Guatemala.

O sea que para entrar a la final y en primer lugar un candidato debe obtener arriba de 1.6 millones de votos. Con una cifra así podría estar seguro de que disputará el balotaje con muchas posibilidades de ganar la presidencia.

Pero también podría pasar a la segunda vuelta y en primer lugar con tan solo superar los 880 mil votos. Más eso solo sucedería si entra en un pelotón de seis o más competidores. Lo que no deja espacio a dudas es que aquellos que tengan menos de 880 mil votos, ciertamente pasarán a formar parte del pelotón que las estadísticas, cruelmente, refieren como “otros” o como “los demás”.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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