ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Vocación de Libertad

Comentarios a “El derrumbe de la social democracia”
Fecha de Publicación: 02/01/2019
Tema: Construir el Estado


Así tituló el respetable escritor y autor de la columna Contrapunto, Carlos Sabino, su ultimo articulo http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=1083. Al respecto y por considerarlo de sumo interés para los lectores de este espacio de opinión, sobre todo ahora, entrando el país a una jornada electoral de características muy particulares, tomaré su contenido para desarrollar algunas ideas que buscan aportar al debate, un debate de respeto y altura, un debate que forme criterio y sume al esfuerzo que su autor, estoy seguro hace.

Estructuralmente, tomaré los párrafos respectivos entrecomillados e iré identificando con mis iniciales JCV en mayúsculas lo que busco aportar, así como diferenciando el texto en cursiva. Sinceramente, espero sumar e invito a otros lectores a hacer lo mismo. En Guatemala, necesitamos desarrollar una cultura respetuosa de debate, en la certeza de que solamente escuchándonos podremos construir una mejor política que ayude a construir una mejor sociedad con el apoyo del Estado.

“Hartazgo de la ciudadanía con el modelo tradicional

Creo que ya es hora de reflexionar sobre el creciente auge de los populismos que se extiende hoy por América, Europa y algunas otras partes del mundo. Hay que tratar de entender las causas, lo que motiva esta ola de repudio a la política tradicional que tanta alarma provoca en muchos analistas. Y esto es importante, porque los cambios que se han producido en tiempos recientes parecen ser sustanciales y para nada efímeros. ¿Qué está sucediendo?”

JCV: importante y necesaria reflexión, sobre todo para quienes pretendemos como generadores de opinión, contribuir a la creación de un mundo en el que los humanos convirtamos el don preciado de Dios de ser pensantes en más actitud y vida dialogal, democrática, republicana y ciertamente libertaria y liberadora. Importante buscar todas las explicaciones posibles a la pregunta ¿Qué está sucediendo para y por qué exista esa ola de repudio a la política tradicional?

Partir de reconocer esta importancia y del porqué de esa búsqueda de respuestas, es básico. Vivimos con el mito creado en favor del ser humano, de que su característica principal, misma que le diferencia de los otros seres de la creación, es su capacidad de pensar y con ello crear y así cambiar las circunstancias a su favor. Es tan así que, estamos llegando a la posibilidad de concebir y crear – el ser humano – su propia aniquilación como ser superior sobre la tierra (vivimos el proceso de creación de la inteligencia artificial y la sustitución ya existente del hombre por “robots” en diferentes tareas.

La pregunta que hemos de respondernos es ¿Usamos los humanos, al menos, la mayoría, todo ese potencial divino que tenemos?, puesto que parto, al menos en lo personal, de entender que mientras mis capacidades/dones/competencias etc. etc. como prefiera llamarlas, no los traduzco de “potencia” a hechos reales y trascendentes para mis congéneres – así busco servir mejor - , lo que se dice del poder del pensamiento, es un “mito” y queda como “mito”. Como señalaba Aristóteles, ser en acto y ser en potencia.

“Está claro que los electorados actúan de modo reactivo, rechazando a los políticos y los partidos a los que antes votaban, y que por eso se produce el apoyo a candidatos tan dispares como López Obrador en México o Bolsonaro en Brasil, mientras crecen nuevas formaciones políticas en Europa que desafían el orden existente. Para entender este proceso ––sin duda complejo–– es preciso definir qué es lo que se reclama a esa “vieja política” de la hoy la gente se aparta.”

JCV.: no estoy seguro si comparto el criterio de que actuamos de forma reactiva, pero aun si así fuera, la pregunta que hemos de hacernos es: ¿Cómo y quién condiciono en nosotros el actuar reactivamente? Parto de la simpleza de entender que venimos viviendo en una cultura en la que el “sistema educativo”, todo el sistema – padres, familia, iglesia, empresa, medios de comunicación, maestros, escuelas y universidades – nos ha llevado por una ruta en la que “se nos entrena”, “se nos amaestra” para actuar y vivir respondiendo a algunos estímulos ( los materiales son los más evidentes, comunes y practicados) y por lo tanto la intervención de nuestra capacidad de pensar, reflexionar y actuar con consecuencia es prácticamente reducida a nada.

En consecuencia, no es que actuemos así – reactivamente - porque queramos actuar así, sino porque alguien, algunos, los menos quizá, pero muy poderosos, se las han ingeniado para que seamos así: reactivos y no proactivos como buenamente y con mucho éxito propuso el ahora famoso Steven Covey.

He querido hacer esta diferenciación a la propuesta por el respetable autor y escritor de estas reflexiones, Carlos Sabino, porque soy de los que clama la necesidad de sincerarnos y empezar a aceptar, comprendiendo antes, los mitos que “el sistema” ha instalado en nuestras mentes y que nos impiden ver con otra óptica una realidad que urge ser transformada, pero con razones y fundamentos claros y válidos para el bien común y no de algunos.

“Descartemos, para empezar, el tema de la corrupción que, en apariencia, es el motor de muchos de estos cambios. Claro que se rechaza con vehemencia la corrupción, especialmente en América Latina, pero el problema no parece ser razón suficiente para producir los cambios a los que asistimos. Corrupción siempre ha habido -y creo que antes mucho más que ahora- aunque eso no parece haber preocupado tanto a la ciudadanía en tiempos pasados. Lo que los votantes parecen rechazar es algo bastante más amplio y menos definido: la atención no se centra en ciertos casos o determinados políticos, sino que parece dirigirse hacia una forma de hacer política que surge de un modelo que propicia la corrupción. Porque esta “política tradicional”, además de ser corrupta, parte de ciertas premisas que, precisamente, son las que parecen haber perdido vigencia, al menos para una parte importante de los electorados. Veamos algunas de sus características.

JCV: En efecto, corrupción está presente en nuestras vidas, desde la existencia del hombre y para quienes creemos firmemente en la cosmovisión judeo cristiana bíblica, la corrupción es inherente al hombre a juzgar por los tablas de la ley, sobre todo si concebimos la corrupción en toda su extensión y no tan solo en los temas más de moda en la actualidad: la política.

Terminar con la corrupción, incluso si fuera solo la corrupción política, no parece ser el motor que mueve a los pueblos para generar los grandes cambios o ajustes necesarios en nuestra sociedad postmoderna, los datos duros que produce el estudio de Latino barómetro son más que elocuentes.

En el informe del 2017, la identificación de la Corrupción como “el problema más importante del país, es apena del 5% en Guatemala” y en el peor de los casos es el 31% en Brasil. En este mismo sentido al planteamiento: “si yo presenciara un acto de corrupción me sentiría obligado a denunciarlo” en Guatemala el 86% responde estar de acuerdo y en general en América Latina la respuesta es evidentemente abrumadora en favor de la denuncia. ¿Y entonces?

Al conectar y contrastar las dos respuestas anteriores, surgen tres hipótesis al menos: la primera: se ratifica la perspectiva de que el tema de la corrupción no es tan grave como parece, puesto que es evidente que el nivel de denuncia no es tan masivo, a pesar de que sabemos que existe un casi generalizado problema de corrupción. La segunda: el ciudadano común parcializa su entendimiento sobre lo que es o no es corrupción, a partir de su propia vivencia, culturalmente metido en actos de corrupción que no ve como tales (esto, entendería, intento decir el Presidente Morales en su respuesta en la entrevista con el periodista de Univisión, Jorge Ramos; y tercero: tenemos un reto inmenso para reducir el virus tan inoculado de la corrupción y que va más allá de la penalización y el castigo.

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
OTROS TÍTULOS DEL MISMO AUTOR:

Ver todos