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Contrapunto

Jair Bolsonaro y el liberalismo
Fecha de Publicación: 04/11/2018
Tema: Política

Carlos Sabino nació en Buenos Aires, en 1944. Sociólogo (Universidad de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales (Universidad Central de Venezuela). Es director de la Maestría y Doctorado en Historia de la Universidad Francisco Marroquín. Autor de numerosos libros, escribe artículos de opinión para Panampost, medio para el cual originalmente fue escrito este artículo https://es.panampost.com/carlos-sabino/2018/10/30/bolsonaro-liberalismo/ Lo reproducimos con autorización del autor.
 
Los virajes ideológicos de América Latina

Brasil tiene un nuevo presidente, el militar retirado Jair Bolsonaro, quien con decisión ha mostrado una imagen diferente a la de los partidos tradicionales y un programa concreto de cambio. Su elección, que ha sorprendido a muchos, tiene una gran significación porque consolida el viraje ideológico que se ha estado produciendo desde hace unos tres años en América y en otras partes del mundo.

Un viraje que nos aleja de la izquierda, moderada o radical, que había venido gobernando desde bastante tiempo atrás. La derecha, aunque le pese a muchos, ha renacido.

Recapitulemos un poco la historia reciente de nuestra región para entender el significado de este cambio. Sin alejarnos mucho en el tiempo conviene recordar que, hacia finales del siglo pasado, se produjo también un viraje de importancia.

Casi todos los países emprendieron reformas de signo liberal que superaron la crisis económica de los años ochenta, producida por el intervencionismo desmesurado del Estado en la economía. En casi todas partes se equilibraron un poco las cuentas fiscales –con lo que se detuvo la inflación-, se hicieron privatizaciones de no poca importancia y se recortaron los extendidos subsidios que existían. Pero esta apertura hacia economías más libres resultó, en el mejor de los casos, incompleta. Muchas reformas estructurales y de fondo se dejaron por la mitad o, simplemente, no se iniciaron.

A partir de la elección de Hugo Chávez como presidente de Venezuela, a finales de 1998, se inició una reacción contra el liberalismo. Aprovechando las facilidades que daban las instituciones democráticas, y con el apoyo del comunismo cubano, Chávez llevó a ese país hacia un definido rumbo socialista.

Es más, impulsó y financió la subida al poder de otros demagogos socialistas, como Correa en Ecuador, Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia. La ola de izquierda se afirmó con la presencia del matrimonio Kirchner en la presidencia de Argentina y, sobre todo, del nefasto Lula en Brasil. Desde allí, a través del Foro de Sao Paulo, se extendió por nuestro continente una política de desestabilización e impulso a la extrema izquierda que por un momento llegó a dominar el panorama político de Latinoamérica.

Pero las cosas comenzaron a cambiar hacia 2015. El fracaso de las políticas socialistas y la corrupción generalizada a la que llevó, el estancamiento económico y la pretensión de imponer una ideología contraria a los sentimientos ciudadanos, hizo que el panorama empezase a transformarse: las elecciones de ese año en Guatemala y Argentina mostraron el repudio a las políticas populistas.

Mientras Venezuela se hundía en la más profunda crisis de su historia se produjeron también cambios en Ecuador, Estados Unidos, Colombia Chile y otros países, siempre en detrimento de la izquierda. La reciente elección de Bolsonaro en Brasil ha dado nueva fuerza y una nueva dimensión al cambio producido.

Bolsonaro ha ganado porque ha propuesto un modelo político que es en parte liberal y en parte conservador. Es liberal porque propone abrir la economía del Brasil, promover la creación de empresas, reducir los impuestos y recortar la burocracia; es conservador porque defiende los valores tradicionales de la familia, se reconoce como nacionalista y quiere restablecer el orden en un país asolado por la delincuencia y la corrupción.

A muchos liberales, lo sé, le espantan su lenguaje crudo y ciertas actitudes conservadoras, como es lógico, y temen que el nuevo presidente pase por alto la institucionalidad de su país. Pero, creo yo, no es hora de medias tintas ni de ceder ante la izquierda moderada, es el momento de reenfocar la política de derechos humanos y de acabar con la politización de la justicia.

Los liberales debemos comprender que, ante las ofensivas de la izquierda, que ha rebasado todos los límites, no cabe otra cosa que aceptar parte de la agenda conservadora. Igual que cuando emergió el comunismo, hace justo un siglo, la amenaza es demasiado grande y el daño que se ha hecho demasiado hondo.

Tenemos la oportunidad, ahora, de volver a dar al Estado su papel de guardián del orden que tuvo en un tiempo, porque esa es su función esencial y no la de apropiarse de la riqueza de unos para dársela a otros –cuando no para usarla en provecho de los funcionarios de ese mismo Estado. Es el momento de recordar que los gobiernos deben estar al servicio del ciudadano y no a la inversa, y que la ley debe ser igual para todos, no para proteger a agitadores y delincuentes, ni para usarla como arma política. Al fin y al cabo ¿no es esa la esencia del ideal liberal?   

 

SOBRE EL AUTOR
Carlos Sabino
Nacido en Buenos Aires, 1944. Sociólogo (U. de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales (U. Central de Venezuela) Director de la Maestría y Doctorado en Historia de la U. Francisco M
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