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Vocación de Libertad

¿Podemos ser una nación?
Fecha de Publicación: 10/10/2018
Tema: Construir el Estado

En tres años vamos a estar celebrando el bicentenario de nuestra existencia como una nación independiente, al menos oficialmente. Tiene sentido, espero para algunos, hacernos la pregunta ¿podemos ser una nación?, básica y elemental a estas alturas, cuando después de 200 años nos encontramos casi el mismo lugar ―hemos perdido mucho territorio y otra buena parte lo tenemos en prenda; las grandes mayorías descendientes de aquellos habitantes de 1821, se encuentran en similar situación de hambre, miseria y casi ausencia de esperanza. Nuestro Tejido Social, si alguna vez lo hubo, hoy se encuentra desquebrajado por muchas razones históricas y algunas muy contemporáneas.

El tejido social, es el entramado de relaciones que configuran los vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida en una sociedad; y que teniendo su origen en la familia, se prolonga hacia una nación por la intervención de personas, hombre y mujeres, colectividades e instituciones intermedias entre la familia y el Estado. La calidad y fortaleza del tejido social, marca el desempeño y el destino que se forja en una nación.

El engrudo del tejido social es la confianza; valor fundamental sin el cual las relaciones entre dos o más personas se tornan imposibles para construir una familia, una empresa, un centro de estudios y cualquier otra forma de relacionamiento significativo en valor, hasta llegar al Estado Nación. Guatemala es uno de los países del planeta con menor nivel de confianza entre su gente.

Sin confianza, toda relación interpersonal e interinstitucional, se hace casi imposible para acometer las tareas necesarias que la prosperidad de una sociedad requiere, sobre todo en estos tiempos de grandes transformaciones y presiones de cambios irreversibles en el mundo. Es por esto que, uno de los aprendizajes claves hacia el futuro de Guatemala y en el cual el sistema educativo debe trabajar es enseñar a niños y jóvenes de hoy a “aprender a vivir juntos”. Difícil construir una nación, si no sabemos vivir juntos.

El Estado Nación, el nuestro, Guatemala, tiene su diseño más actual, en la Constitución Política de la República de 1985 y hemos de aceptar que este diseños fue elaborado en un momento en la historia del país y en circunstancias de un nivel de conflicto en el que privaba como es natural la desconfianza; es decir, todo lo contrario a lo que podría haber sugerido un diseño adecuado de nuestro Estado Nación.

Nuestra Constitución Política de 1985 ha sido vista, valorada y calificada en el mundo intelectual y académico de la política y el Estado, tanto a nivel nacional como internacional, como un documento ejemplar por su contenido relevante en la protección de los Derechos Humanos y la institucionalidad creada para su adecuada gestión: Corte de Constitucionalidad, Procuraduría de los Derechos Humanos; Ley de Amparo, exhibición personal y de constitucionalidad, Ley Electoral y de Partidos Políticos; Libertad de prensa, entre otras; y todo esto, orientado a cumplir con las utopías y sueños expresados líricamente en sus textos, pero que al llevarlas a la práctica encontraron la ruda, cruda y prevaleciente verdad: la existencia de poderes reales que no estaban dispuestos a cambiar, mismos que mantenían actuaciones generadoras de profundas desconfianzas internas.

En un derroche de optimismo y entusiasmo por salir de las oscuras noches de procesos políticos anteriores, violentos, criminales y faltos de libertad para disfrutar mejor la vida, sobre todo entre las grandes mayorías excluidas históricamente, nuestros constituyentes, encendidos de patrio ardimiento, dieron rienda suelta a “los mejores deseos”, con “las mejores intenciones”, pero evidentemente, nunca pensando en generar condiciones que favorecieran la desestructuración de los niveles de desconfianza que históricamente han prevalecido en la realidad guatemalteca.

Es una gran paradoja, el hecho de haber alcanzado la firma de los acuerdos de paz en 1996, bajo la gestión del expresidente q.e.p.d, Álvaro Arzú y entrar en forma acelerada y progresiva a un nivel de conflicto, antes bélico y predominantemente rural,replicas relojes y ahora, pasar a ser creciente y urbano; creciente como respuesta a las inconformidades que la democracia en su joven etapa no satisfacía, ni satisface ahora, y urbano porque el conflicto inicialmente se trasladó a una forma de hacer política bajo el perverso mal del clientelismo.

En todo este proceso, dada las crecientes sumas millonarias en ingresos por impuestos recaudados del Estado, los ingresos por privatización y la laxa postura al endeudamiento interno y externo del Estado, convirtió a la administración estatal en un botín político multimillonario que comprometió la administración del Estado con la corrupción, agregando, incapacidad e incompetencia irresponsable y un desperdicio que trajo el nivel de servicios del Estado hacia el ciudadano, a sus niveles más bajos y sin rendimiento de cuentas en ningún ámbito. El Estado se ha venido convirtiendo, con honrosas excepciones, en el refugio de empleo para los menos capaces.

Más adelante y en la medida en que los acuerdos de paz pasaban a ser recuerdos de paz, intuitiva o muy conscientemente, algunos actores, incluyendo los siempre omnipresentes amigos de la comunidad internacional, articularon el proceso que culminó con la ya también sepultada Agenda Nacional Compartida, esfuerzo que impulsado por el PNUD, bajo el cobijo de la ONU y con la colaboración activa y bien intencionada inclusión de los partidos políticos con bancada en el Congreso de la República, aterrizó en soluciones consensuada a la problemática estructural, pero atendiendo la coyuntura.

¿Qué falló nuevamente, si se supone que todos estábamos de acuerdo?, pues lo mismo que con los Acuerdo de Paz, la ausencia de un tejido social fuerte por denso y profundo en Guatemala, en donde el pegamento, el engrudo de la confianza no existe. ¿Podremos construir una nación guatemalteca con esta realidad?

Volvimos a fallar nuevamente con el plan Visión de País, tambiéreplicas de relojesn gestado entre élites y llevado al Congreso de la República con todos los partidos políticos representados firmando un compromiso para llevarlo a cabo y sobre lo cual, tampoco nada ha pasado. Sin confianza, ¿podrá haber nación?

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
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