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Vocación de Libertad

¡No queremos elecciones!
Fecha de Publicación: 13/08/2018
Tema: Electoral

En estas condiciones: ¡No queremos elecciones! Este fue el grito de guerra de una parte de la población que lucidamente –esto lo sabemos con certeza hoy– exigía en el proceso electoral del 2015, no continuar con la normalidad de este, intuyendo con mucho sentido el gran fiasco al que nos enfrentaríamos; fiasco que ha sido confirmado por el evidente fracaso de la gestión del Presidente Jimmy Morales y casi todo, por no decir todo, su equipo de trabajo.

Por supuesto, el fracaso no es solo para el Presidente Jimmy Morales y su combo, sino para todos los guatemaltecos que hoy sufrimos las consecuencias de un sistema que impide escoger a nuestras autoridades de entre las mejores opciones, sino que, siempre nos ha llevado a tener lo menos malo. El precio hasta ahora, ha sido muy alto.

Errar es de humanos, pero aprender de los errores es de sabios. Palabras más, palabras menos. El sentido de esta popular expresión de los abuelos, no puede tener más claridad ahora, próximos a iniciar nuevamente un proceso electoral en el que todo luce conspirar en contra del ideal democrático para que un pueblo sufriente, siga convencido del valor de la institucionalidad democrática como paradigma al cual aferrarse, mientras el costo no sea el seguir entregando el país a ineptos, irresponsables y, peor aún, a quienes viven del latrocinio del Estado.

Treinta y dos años, siete procesos de elección de Presidente –algunos incidentes en el medioy los resultados muestran que venimos de mal en peor. Algunos indicadores que, resumidos en estas líneas, creo que deben terminar de definirnos para no seguir la farsa que, como pueblo, no nos merecemos, pero que algunos prestidigitadores de la “vieja política” han venido practicando con éxito, y vía alianzas insólitas entre cabecillas, han logrado cooptar al Estado en los niveles que corresponde, para mantener secuestrada la hermosa idea de la democracia constitucional y republicana por la que miles han muerto en Guatemala.

Indicadores como:


El permanente nivel de hambre y miseria en el que venimos viendo vivir a millones de ciudadanos guatemaltecos y con mucho dolor, miles de niños, niñas; mujeres y ancianos, mayoritariamente indígenas que además mueren entre los que padecen de pobreza extrema en el país.

La imposibilidad de lograr niveles de movilidad social de millones de guatemaltecos, dada la falta de oportunidades para emprender empresas en ambientes más favorables para dejar de ser empleados de segunda y tercer categoría. En Guatemala, el que nace pobre, está condenado a morir pobre.

El triste y condenable fracaso de sistema educativo público y privado a nivel nacional, en el que sin querer queriendo, en el sector de educación pública hasta el nivel medio, hemos metido algo más de Q. 110 millardos y seguimos en franco retroceso a pesar de la voluntad de programas impulsados por la iniciativa privada –Empresarios por la Educaciónen compañía de la sacrosanta comunidad internacional. ¿Habrá interés genuino de educarnos o de mantenernos en la mediocridad?

La existencia de un nivel de impunidad que supera el 90% en el país y la ausencia de Estado en una gran parte del territorio nacional, hoy presa del crimen organizado y territorios donde ellos resultan ser la ley y el orden imperante.

La lacerante ineptitud en que se ha convertido el servicio del aparato estatal en casi todos los ámbitos, convirtiéndose en un lastre por su monumental costo, por su orientación clara a impedir el funcionamiento libre de los ciudadanos y por el “botín político “en que se ha convertido para los miembros de la “vieja política”

El triste y fracasado sistema de salud, incluyendo el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, al cual, desde hace muchos años dejaron de ir todos aquellos que pueden pagar un servicio de salud privado, ante lo malo, lo inútil y lo deplorable de casi todos los servicios que se prestan a todos los niveles de salud estatal. Todo esto, a un costo multimillonario.

El deprimente deterioro de la otrora autoridad del Tribunal Supremo Electoral y sus grandes falencias en la implementación de la vieja y nueva normativa electoral, en especial la del Voto en el Extranjero y las unidades de soporte para supervisar el financiamiento electoral ilícito.

La pérdida de confianza que la Corte de Constitucionalidad ha tenido de cara a la población más letrada del país, consecuencia de una serie de fallos en donde las dudas de su correcto actuar y apego a la ley, han abierto fisuras difíciles para salvaguardar la institucionalidad en el país.

En fin, llegamos a las puertas de una nueva convocatoria a elecciones de nuestras autoridades y ya me parece escuchar en el vecindario el grito: “En estas condiciones: ¡No queremos elecciones!”. Seguiremos conversando.

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
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