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Teorema

El criterio ético
Fecha de Publicación: 14/07/2018
Tema: Construir el Estado
Perfil Presidencial, parte 2
Este es el segundo de una serie de artículos que buscan analizar en profundidad el perfil que debiera tener el próximo presidente de Guatemala. Si usted no leyó el anterior, quizá le interese hacerlo. Lo encontrará pulsando http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=1024

Pensamiento Ético. Por ética no debe entenderse solamente la natural facultad humana para distinguir entre el bien y el mal, que corresponde a la moral. La ética se refiere principalmente a la formación necesaria para decidir entre dos acontecimientos infortunados o dos situaciones favorables. La honradez del candidato forma parte de su conducta moral. Pero su conocimiento debe llegar más allá, adentrarse en los terrenos de la ética. Requiere haber leído a los filósofos que se han especializado en ese tema y estar al corriente de los avances recientes donde el pensamiento vertido es mucho más rico, sistemático y fácil de comprender que un siglo atrás.

Una decisión ética se planteó recientemente en nuestro país. Pocos días después de la erupción del Volcán de Fuego, los cuerpos de socorro interrumpieron la búsqueda de heridos porque el riesgo que corrían los rescatistas era muy alto y la probabilidad de encontrar personas con vida, era mínima. También se interrumpió la búsqueda de cadáveres. La decisión era contraria a los deseos, plenamente justificables por cierto, de los familiares de las víctimas. Ellos confiaban que prodigiosamente el tío, el hijo, la madre… fueran encontrados con vida. Milagrosamente, porque un ser humano solo puede sobrevivir (en promedio) cinco días sin agua, y eso, cuando las demás condiciones son convenientes.

Dura y difícil pero correcta, fue la decisión tomada. Una decisión eminentemente ética. Si se hubiera decidido dentro del campo de la moral (el de las costumbres y actitudes de la gente), seguramente se habría seguido buscando. Quizá hubieran recuperado uno o más cadáveres. Pero ese hallazgo probablemente habría costado la vida de uno o más rescatistas.

Los más grandes dilemas que se nos plantean a todos, especialmente en la vida familiar, son de naturaleza ética. Con mayor frecuencia se presentan ante el Presidente de la República, sobre quien recae la enorme responsabilidad de tomar decisiones en nombre de todos los ciudadanos. Cuando esa máxima autoridad nacional sabe cómo analizar y encontrar solución a los dilemas éticos, estos demandarán mucho más tiempo que otras dificultades inherentes a su cargo. Su mente tendrá poco espacio para considerar cualquier tentación de robar, mentir, abusar o aceptar un soborno. Quien maneja la ética con propiedad, muy difícilmente consigue dejar de aplicarla a su actividad personal.

Sin embargo el conocimiento ético, como el del neurocirujano, no es intuitivo. Es el resultado de muchas lecturas sobre este tema, íntimamente ligado a la filosofía. Una decisión ética no es compasiva. Es objetiva, impersonal, hasta fría. Responde a la pregunta: ¿Qué es lo mejor para los habitantes del país en el mediano y largo plazos? No se ocupa de los pequeños grupos que sufren ni de la inmediatez. Las minorías afectadas, cuando las hay, deben ser atendidas con criterios morales y de muy corto plazo. De haber un criterio ético decidiendo sobre los damnificados por la erupción del Volcán de Fuego, ese criterio estaría buscando responder ¿Cuánto tiempo más debe seguir el Estado proveyendo alimento, techo y abrigo a esas personas? ¿No se habrá excedido ya? ¿Cuándo, la ayuda dejará de serlo y empezará a debilitar el espíritu de trabajo, la rectitud y dignidad de los afectados?

Cuando la formación ética, está presente en un gobernante, este será asertivo en sus decisiones al dirigir a la nación. De lo contrario, se le verá dubitativo, pusilánime. El público advertirá que no sabe qué hacer ni hacia dónde ir; lo que es atroz al conducir la nación. Quizá el pensamiento ético del gobernante sea lo que más habrá de diferenciar a un gobierno de otro.

Lamentablemente, muy desgraciadamente, la ética y la política partidista no suelen caminar juntas. La mayoría de partidos buscan, en primer lugar, ganar la elección. Para ellos el fin justifica los medios utilizados para alcanzarlo, cualesquiera estos sean. El pensamiento moral expresa lo contrario. Afirma que el fin tiene que ser éticamente válido, y que los medios también deben serlo. Un candidato de “izquierda”, ocultará su filiación ideológica porque sabe que le sustrae votos dentro del sector de electores de “derecha”. Lo mismo sucede con el candidato de “derecha” que esconderá su personal identificación. Tanto en uno como en otro hay una forma de engaño, una manifestación de “listura”, muy frecuente entre los ciudadanos de nuestro país.

La formación ética permitirá, haciendo uso de la razón, explicar a los pobladores las políticas que traza el gobierno. No más engaño. No más mentira. No más discurso cargado de brillante elocuencia y contenido vacío. Al contrario, es la expresión clara, irrebatible, por ejemplo, de cuánto pierde el país si se cierra una mina y cuánto pierde si la mina está operando. La clave es “el país”, y no un sector de la población o los inversionistas. El país es el bien superior que se trata de proteger, de impulsar.

La belleza del razonamiento moral es que puede ser transmitido con las palabras más sencillas. No requiere de presentaciones por computadora. Los antiguos griegos lo demostraron. Hablaron de lo que era moralmente correcto hace casi dos milenios y medio, sin requerir de artilugio alguno y consiguieron convencer a las personas de su tiempo… y del nuestro.

Agradecimiento: Quiero reconocer a Luis Enrique Pérez, Armando de la Torre y Augusto de León el tiempo que dedicaron a revisar el borrador de este artículo y a los grandes aportes que le dieron. Este es, en realidad, un artículo a ocho manos.Si hubiera uno o más errores, ellos serían responsabilidad mía ya que mía fue la postrer revisión.