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Teorema

Perfil presidencial (parte 1)
Fecha de Publicación: 12/07/2018
Tema: Construir el Estado

La discusión acerca de las características que debe tener el nuevo Presidente de la República ya empezó. Algunos comentarios son o frívolos o muy obvios. Que sea alto, con buena voz, conocimiento y experiencia; que conozca otros países, que hable varios idiomas y sea encantador…

Otros, más serios, exigen que el presidente conozca todas las aldeas y caseríos del país y que, además, haya estado allí; que sea buen orador, honrado y con capacidad para entender las necesidades de la gente más sencilla. Y así...

Con todo el respeto que esas esas valiosas opiniones merecen, me pregunto: ¿Y si excavamos más profundo? ¿Y si nos damos cuenta de que un buen orador tiene mayor capacidad para engañarnos? Portillo, por ejemplo, fue un buen orador. Cerezo también lo era. Sin embargo, el gobierno de cada uno fue desastroso. El mayor mérito de Cerezo fue haber creado el
PARLACEN, cuya utilidad, treinta años después, sigue siendo de imposible demostración. Además, tuvo en sus manos la oportunidad de encaminar al país por una ruta de grandeza; pero la desperdició miserablemente. Portillo no hizo nada por Guatemala, todo lo contrario, nombró a Rabbé y otros como él, que destruyeron mucho de lo bueno que legó Arzú y que está resumido en su carta con el título: “Una mesa y una silla”. Ver: http://www.elpuertoinforma.com.gt/nacionales/un-escritorio-y-una-silla-encontro-alfonso-portillo-cuando-alvaro-arzu-le-entrego-la-presidencia/

¿De qué sirve que el presidente conozca detalladamente la “Guatemala profunda”? Los asuntos que atañen a esos territorios competen a alcaldes, comudes y cocodes, quienes están a cargo de atender necesidades, buscar soluciones, crear proyectos y, si es necesario, pedir asistencia técnica y, en ocasiones muy especiales, incluso solicitar asistencia financiera al gobierno central.

Suponga usted por un momento, que la ANAM deja de hacer política partidista y concibe una política de Estado consistente en crear un refugio adecuado para situaciones de emergencia, que sería utilizado por sus vecinos y los de municipios cercanos. Un alojamiento temporal, que contaría con instalaciones de albergue, baños, cocina y comedor, escuela, área para servicios religiosos y una enfermería. Suponga que los alcaldes piden al Gobierno Central que proporcione la arquitectura, la ingeniería y parte de los materiales y que este accede a participar en una política así, para mitigar daños en caso de desastre. Si ese fuera el caso, podría convenir, pero no es imprescindible, ni importante siquiera, que el presidente conozca esas poblaciones.

Por supuesto que es substancial que el nuevo presidente no sea corrupto, ni ladrón, y que diga la verdad. Desde luego que es necesario un grado de autoritarismo más alto en Guatemala que, por ejemplo, en la pacífica Costa Rica.

Los caficultores buscan en las raíces de los cafetos, hongos y bichos diversos. Saben que las plantas sanas tienen muchas pequeñas raíces que absorben mejor los nutrientes y que es eso lo que deben inspeccionar. Si los ciudadanos cavamos más profundo, si sabemos qué buscar en las raíces del nuevo gobernante, podemos encontrar gallinas ciegas y plagas: desechémoslo. Pero también debemos saber qué buscar. Quienes privilegiamos el conocimiento, la inteligencia, la aptitud y el conocimiento de la ética, estaríamos buscando otros atributos. Tengo una propuesta para usted, estimado lector, lo invito a considerar aspectos como los siguientes:

Conocimiento de historia. ¿Es posible gobernar sin conocer la historia universal? ¿Sin saber que algunas pequeñas decisiones terminaron siempre en grandes éxitos o fracasos? ¿Cómo fue, por ejemplo, que en Perú, Fujimori inició un tercer período habiendo evidencia suficiente de lo que sobrevendría? Ubico, en Guatemala, lo había hecho antes, en 1943. Si ambos hubieran desistido, habrían sido héroes nacionales, y no perseguidos políticos a quienes incautaron propiedades legítimas y se puso en entredicho su honorabilidad. ¿Cómo sucedió que, por lo contrario, en Colombia, Álvaro Uribe consideró pero desistió de ese tercer mandato? ¿Sabía, de acuerdo con la historia, lo que el destino le reservaba de haber optado por una tercera postulación? ¿Es él un conocedor de la historia? Y a Daniel Ortega ¿nadie le dijo que en este tercer período le iría horriblemente mal?

Nada sucede que sea totalmente nuevo en la historia política universal. En más de 200 países y más de dos mil años de historia ya ha sucedido de todo. Solo queda interpretar sus páginas que dicen: “Si haces esto… sucederá esto otro. Y la consecuencia de no acudir a mí habrás de sufrirla tú, o tu gobierno, o tu país.” Cuba, Venezuela y Nicaragua son, en América Latina, ejemplos recientes de países devastados por gobernantes que ignoraron la historia del mundo. Las consecuencias que provocaron fueron diferentes de lo que sus dirigentes esperaban obtener.

Esto no significa, de manera alguna, que un historiador, por el solo hecho de serlo, pueda convertirse en un gran gobernante. Podemos afirmar que un gobernante debe conocer la historia, cuanto más mejor; pero no podemos asegurar que un historiador deba ser un buen gobernante.

Quiero manifestar mi respeto y aprecio por quienes leen estas líneas, dejando para próxima oportunidad la discusión de otros aspectos como la  importante formación en asuntos éticos, el pensamiento político, la importancia de conocer la constitución y otros temas de igual importancia.