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Vocación de Libertad

Vocación política y legitimidad.
Fecha de Publicación: 08/07/2018
Tema: Otros

 

Monopolio de la violencia y/o monopolio del poder coercitivo del Estado es al final lo que un político perteneciente a un partido político obtiene, compartido con otros similares, en un proceso de elecciones libres, transparentes y competitivas, cuando hablamos de un sistema Democrático, republicano y constitucional, tal cual intentamos ya por 32 años establecer en Guatemala. Ciertamente, aun con poco éxito.

 

El gran sentido de la lógica prevaleciente detrás de esta forma de entregar ese poder en forma temporal a un grupo de personas, en un sistema electoral razonablemente valido para todos, es propender a la realización del bien común en medio del uso de ese poder para administrar la necesaria seguridad y aplicación de justicia que siempre se hace indispensable en un conglomerado de personas que quisiéramos vivir civilizadamente. El tiempo nos ha mostrado que, además de intentar enseñorearse y convertirnos en esclavos, el poder conferido por el pueblo, ha llegado a la vileza de convertir a la política en el medio para la práctica del latrocinio contra el Estado y a los políticos en sus más entusiastas practicantes.

 

En sus reflexiones al respecto, Max Weber escribe: “El Estado, como todas las asociaciones políticas que históricamente lo han precedido, es una relación de dominación de hombres sobre hombres, que se sostiene por medio de la violencia legítima (es decir, de la que es vista como tal). Para subsistir necesita, por tanto, que los dominados acaten la autoridad que pretenden tener quienes en ese momento dominan. ¿Cuándo y por qué hacen esto? ¿Sobre qué motivos internos de justificación y sobre qué medios externos se apoya esta dominación? En principio (para comenzar por ellos) existen tres tipos de justificaciones internas, de fundamentos de legitimidad de una dominación.” Es entendimiento de quien escribe, de que estos tres tipos de justificación han estado presentes en la historia contemporánea de Guatemala y vale la pena aprender de ello.

 

“En primer lugar, la legitimidad del “eterno ayer”, de la costumbre consagrada por su inmemorial validez y por la consuetudinaria orientación de los hombres hacia su respeto. Es la legitimidad “tradicional”, como la que ejercían los patriarcas y los príncipes patrimoniales de viejo cuño.”

 

Tres ejemplos podrían citar para ilustrar como la vocación político partidista se ha venido mostrando por algunos líderes y ejercicios de gobierno en la historia contemporánea de Guatemala. El primero y muy citado por todos, el del ex presidente Juan José Arévalo Bermejo, político y maestro de vocación probada en toda su gestión, sus realizaciones y documentos escritos en torno al desarrollo de nuestro país. Por supuesto y como todo ser humano, con sus luces y sombras, pero finalmente con logros en el bien común de los guatemaltecos.

 

Un segundo ejemplo bien podría ser el del General José Efraín Ríos Montt, quien, tanto en su liderazgo como militar de carrera que alcanzó el grado máximo de General, como por su vocación de servicio en el ámbito político partidista por un lado y en su incursión como cristiano evangélico profesante, no se puede negar el nivel de incidencia que logro en el país. También, con sus luces y sombras como todo ser humano.

 

Y un tercer ejemplo a citar, sería el del expresidente de la República y exalcalde por muchos periodos de la ciudad de Guatemala, Álvaro Arzú Irigoyen, a quien tampoco se le pueden regatear importantes contribuciones a la buena marcha y avances en el país. Cada uno son su estilo, forma y contenido, pero los tres con tres claros paradigmas en sus vidas:

 

Primero, un profundo amor por su país, por su gente y por su futuro. Segundo, un profundo deseo de provocar cambios y avances hacia el futuro.  Tercero, una clara concepción del mundo, ideas y convicciones sobre las cuales impulsar sus decisiones. Esto es lo que hace y define la existencia de una verdadera vocación política. ¿Podremos llegar a tener lideres con esta vocación político partidista en un futuro próximo? Tengo que expresar mis grandes dudas.

 

Weber también nos señala una segunda razón del porque los seres humanos sometemos nuestra voluntad a quienes ocupan posiciones de poder en el Estado. “Se habla entonces de la autoridad de la gracia (carisma) personal y extraordinaria, la entrega puramente personal y la confianza, igualmente personal, en la capacidad para las revelaciones, el heroísmo u otras cualidades de caudillo que un individuo posee. Es esta autoridad carismática la que detentaron los profetas o, en el terreno político, los jefes guerreros elegidos, los gobernantes plebiscitarios, los grandes demagogos o los jefes de los partidos políticos.”

 

Algo de estas características podríamos encontrar en las tres personas citadas antes y, además, cabe señalar que son estos ámbitos los que quizá hemos experimentado más en nuestro mundo del poder político partidista y por ello es que ha faltado el ingrediente de construcción institucional que permita darle continuidad a gestiones de gobierno en el Estado. Hemos dependido de caudillos; de personas y no de normas, de leyes o del pacto social expresado en nuestra Constitución Política de la República y en torno al cual, se supone hemos de construir nuestra sociedad.

 

 

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
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