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Vocación de Libertad

Vocación político partidista
Fecha de Publicación: 24/06/2018
Tema: Política

 

En mis dos artículos anteriores, intente aterrizar las ideas de vocación y política, vistos por separado y así, construir una base sólida de comprensión y mutuo entendimiento en esta posibilidad de establecer conversaciones virtuales de valor. La plataforma de Pi Plaza de Opinión tiene este valioso propósito.

 

En esta y próximas entregas, desarrollaré las ideas conjugadas de vocación, política y partidos políticos. Acudiré en este intento a algunos textos que, en la historia, muchos hombres sabios han aportado a nuestro pensamiento occidental, puesto que creo que ese pensamiento ha sido de tal dimensión en el tema político, como lo pueda haber sido a la música, el de Ludwig Van Beethoven, Mozart, Tchaikovsky o Bach,o bien en las artes plásticas, El Greco, Da Vinci o Rembrandt.

 

Inicialmente, acudo a algunas ideas de Max Weber, mismas que usted puede encontrar desarrolladas en su obra: “Max Weber (1919): La política como vocación”. Mi intención y esfuerzo en estas líneas, consistirá en contextualizar sus ideas para nuestra aplicación en estos tiempos y en Guatemala. Por supuesto, con la limitación natural, de ser esta contextualización, desde la limitada óptica de mi sola experiencia.

 

“¿Qué entendemos por política? El concepto es extraordinariamente amplio y abarca cualquier género de actividad directiva autónoma. Se habla de la política de divisas de los bancos, de la política de descuento del Reichsbank, de la política de un sindicato en una huelga, y se puede hablar igualmente de la política escolar de una ciudad o de una aldea, de la política que la presidencia de una asociación lleva en la dirección de esta e incluso de la política de una esposa astuta que trata de gobernar a su marido.” En síntesis, lo que simplifico un poco, llamándole relaciones sanas y positivas.

 

El párrafo anterior, evidencia las ideas planteadas con respecto al concepto amplio y rico de la “política” y solamente busco subrayar, una verdad relevante en torno a lo político y la política, para que no se siga imponiendo en nuestro imaginario y menos en nuestro actuar, una pre disposición negativa hacia una acción humana tan natural como respirar o comer; puesto que, si mantenemos esta disposición, seguiremos entregando nuestra vida y la vida todos quienes habitamos este terruño, a nuevos energúmenos disfrazados de políticos. Alguna vez hablando de anti política, otros de vieja y/o nueva política, pero siempre, lobos disfrazados con piel de ovejas.

 

Al buscar cerrar este amplio concepto de política en la idea de vocación político partidista, acudo nuevamente a la sabiduría con que Max Weber lo plantea y para ello tomo prestado otras líneas de su misma obra:

 

 

Por política entenderemos solamente la dirección o la influencia sobre la dirección de una asociación política, es decir, en nuestro tiempo, de un Estado.”

 

 

 

 

Y es desde esta idea, en la que se introduce por Weber el concepto de Estado, planteado como una asociación política que está integrada por personas, por nosotros los ciudadanos. Un concepto que es posible pensar se encuentra en la estratosfera para nuestros energúmenos remedos de políticos, a quienes en 1982 el General José Efraín Ríos Montt ubico como politiqueros haciendo politiquería y no política.

 

Es hoy, parte del decir de algunos ejemplares politiqueros, que hacen falta políticas de Estado, para referirse a decisiones, pactos y acuerdos de largo alcance y de profundidad estratégica para el país. De lo que no estoy muy seguro es del nivel de profundidad con que comprende una buena parte de los que afirman estas necesidades, puesto que, si existiera tal profundidad, nuestra legislación producida en el Congreso de la República, no sería tan casuística y menos tan particularizada o si lo quiere ver con realismo, tan privatizada.

 

Si existiera una dimensión sería de comprensión de nuestros prospectos presidenciales o legisladores y alcalde, o jueces y magistrados, ministros y secretarios de Estado, el país tendría un mínimo de planificación y los servidores públicos, no serían tan banales e ignorantes, alevosos asaltantes de un puesto concedido como pago por su tiempo puesto en la campaña política.

 

Weber continúa inquietándonos y plantea una pregunta que debe ser respondida de tal manera de producir en nosotros un mayor entendimiento: ¿Pero, ¿qué es, desde el punto de vista de la consideración sociológica, una asociación política?

 

“Tampoco es éste un concepto que pueda ser sociológicamente definido a partir del contenido de su actividad. Apenas existe una tarea que aquí o allá no haya sido acometida por una asociación política y, de otra parte, tampoco hay ninguna tarea de la que puede decirse que haya sido siempre competencia exclusiva de esas asociaciones políticas que hoy llamamos Estados o de las que fueron históricamente antecedentes del Estado moderno.

 

Dicho Estado sólo es definible sociológicamente por referencia a un medio específico que él, como toda asociación política, posee: “la violencia física”. Todo Estado está fundado en la violencia, dijo Trotsky en Brest-Litowsk. Objetivamente esto es cierto. Si solamente existieran configuraciones sociales que ignorasen el medio de la violencia habría desaparecido el concepto de Estado y se habría instaurado lo que, en este sentido específico, llamaríamos anarquía. “

 

Interesante la claridad de la relación entre el poder político que entregamos al Estado, el monopolio de la coerción o la fuerza, la violencia le llama Weber, como característica propia de un Estado que debe estar sujeto a normas generales plasmadas en la Constitución de La República. Pensemos en esto y quedémonos hasta aquí para seguir elaborando en torno a estas ideas.

 

 

SOBRE EL AUTOR
Juan F. Callejas Vargas
 Juan Francisco Callejas Vargas   Guatemalteco de 67 años de edad, periodista de opinión, casado con una esposa con quien ha procreado ocho hijos. Estudios profesionales en U
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