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Teorema

La siguiente etapa
Fecha de Publicación: 13/06/2018
Tema: Interacción Social

El último gran terremoto en Nicaragua aconteció pasada la media noche del 23 de diciembre de 1972. Marcó 6.2 en escala de Richter y tuvo una duración de 30 segundos. Hubo dos réplicas poco después, antes de que amaneciera. El centro de Managua quedó destruido. Casi 20,000 personas perdieron la vida y hubo un número semejante de heridos. Las pérdidas materiales fueron cuantiosas. Entonces gobernaba Anastasio Somoza Debayle.

Guatemala, Israel, Taiwán, China, Japón, España, Finlandia, El Salvador, México, Costa Rica, la Unión Soviética, Cuba, Yugoslavia, Filipinas y Estados Unidos, entre otros, enviaron socorristas, medicinas, alimentos, agua, frazadas, láminas de zinc... Venezuela envió a parte de su cuerpo de Defensa Civil para colaborar en el control de los saqueos. La Primera Dama, Hope Portocarrero de Somoza tuvo una actuación destacada, así como el Arzobispo de Managua, Monseñor Miguel Obando y Bravo. Ambos llegaron a trabajar más de 20 horas diarias prestando ayuda a los damnificados.

Muchas personas en otros países hicieron colectas de ayuda en efectivo, entre ellos el grupo de rock The Rolling Stones que realizó un concierto en Londres, a beneficio de las víctimas; recaudaron cerca de £ 200,000 en fondos de apoyo. En Madrid, subastaron los pétalos de una rosa, alcanzando precios muy elevados cada uno. Tanto el dinero como los pétalos llegaron a Managua.

A pesar de toda esa ayuda, o quizá debido a ella, la ciudad tardó demasiado en sobreponerse. Años después algunas personas, principalmente en los sectores populares, seguían sentándose en el dintel de las casas destruidas. Se les conoció como “los terremoteados”. La actitud de los nicaragüenses de esa generación cambió. La alegría de vivir, tan propia de ellos, parecía haberlos abandonado.

El terremoto de Guatemala, ocurrió el 4 de febrero de 1976 a las 3 de la madrugada. Tuvo una magnitud de 7.5 grados en la escala de Richter y una duración de 39 segundos. La actividad sísmica por reacomodo de las placas tectónicas duró tres meses. Unas 23 mil personas fallecieron, 76 mil resultaron heridas. Los daños materiales afectaron a más de un millón de propietarios. Un tercio de la capital quedó reducido a escombros; muchos edificios colapsaron. Según lo reporta Wikipedia, su daño fue 90 veces mayor que el de Managua.

Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en Nicaragua, en Guatemala la actitud fue diferente. El terremoto sucedió un miércoles. Ese mismo día, por la tarde, ya se organizaba la asistencia a las víctimas del interior, donde había poblaciones con destrucción total. La generosidad de los guatemaltecos, aun de los damnificados, fue de maravillosa entrega para ayudar a los más necesitados.

Ese fin de semana, con unas amigas, llevamos ayuda a San Lucas. La iglesia era el centro de distribución. Había unas zanahorias gigantescas que el párroco distribuía junto a los demás productos con suma parquedad, preocupado porque no alcanzara para todos. Le pedimos que tuviera más fe en la prodigalidad de los guatemaltecos, que descansara un poco y fuera a rezar. Atribulado como estaba, obedeció. Nosotros distribuimos raciones tan grandes como todo lo que la gente podía llevar en sus brazos. Cuando el sacerdote regresó habíamos terminado las existencias… pero descargábamos un camión recién llegado.

Creo que el primer comercio en abrir, el martes siguiente, fue “La casa de los abrigos” al principio de la sexta avenida. Quizá siguiendo su ejemplo, después fueron abriendo otros, más preocupados en el mensaje que en la venta. La campaña de Pollo Campero con el mensaje Guatemala está de pie, fue determinante en la actitud que habría de asumir la población los días siguientes. En vez de sentirnos víctimas y auto compadecernos, todos entendimos que había que trabajar más para reponer los daños. Las réplicas de la semana siguiente no evitaron que las empresas volvieran a operar. La gente tenía empleo, estaba ocupada y sabía que cobraría un salario; al terminar la semana gran parte de la economía nacional había regresado a la normalidad.

Las embajadas reportaron esa actividad y la ayuda humanitaria internacional, que sí la hubo, solo fue una fracción de la recibida por Nicaragua cuatro años atrás. Las tareas de reconstrucción crearon nuevos empleos. Los albañiles se convirtieron en maestros de obra, los ayudantes en albañiles, los jardineros en ayudantes, los peones en jardineros… Además, a mediados de año hubo una gran helada en Brasil que elevó el precio del café. El PIB de Guatemala registró un repunte de 7.4% ese año y de 7.8% el siguiente.

Hoy, me pregunto si la arena y cenizas arrojadas por el volcán tienen algún valor comercial. ¿Han sido analizadas? ¿Existe en ellas algún mineral que se pueda aislar de manera económica? Si así fuera, todo ese material que ahora pone en peligro de azolvamiento los ríos, desaparecería como por encanto. ¿Podría el gobierno entregar una muestra a la Embajada amiga de Israel pidiéndole enviarla a sus centros de alta tecnología para hacer esos análisis?

La erupción de un volcán es un fenómeno de la naturaleza. No se puede anticipar, no se puede evitar. No es culpa de nadie. Los países con mayor riqueza tienen legislaciones sobre zonas de riesgo que es prohibido habitar. Y se cumplen. Ese no es el caso de Guatemala y no podrá serlo mientras sigamos siendo un país atrasado, con un alto índice de crecimiento poblacional y pobres indicadores de desarrollo político.

Empero, este no es el momento para hablar de nuestras carencias. Estamos ya en la segunda semana posterior al desastre. Aún hay riesgo de nuevas explosiones, que no podemos anticipar. Los lahares ya demostraron ser una amenaza real. Tenemos 110 víctimas mortales, 6 comunidades afectadas, 200 personas desaparecidas (algunos aseguran que se trata de cantidades mucho mayores). Hay cerca de 300 heridos.

Tenemos refugios, el abastecimiento de alimentos y medicinas, así como la atención prestada por médicos y paramédicos ha sido intensa, algunas empresas dan apoyo a los valerosos rescatistas que pusieron su vida en riesgo (alguno la perdió). Con las bodegas llenas, quizá podamos decir que la primera fase de respuesta de la población y del gobierno, ha concluido y que, dentro de nuestras limitaciones, lo hemos hecho espléndidamente bien.

Quedan los heridos. Queda el trauma psicológico. Queda la reincorporación de esas personas. Queda asistirlas para que recuperen los cadáveres de sus parientes. Pero se trata de un número reducido de víctimas. Si hubiera una nueva erupción del volcán, la gente ya sabría cómo conducirse y las autoridades cómo manejarla. Los alcaldes han denunciado que personas de otras comunidades han llegado a la zona afectada y haciéndose pasar por víctimas, buscan recibir una casa o un terreno. ¿Dónde debe terminar la acción de la población a favor de los damnificados?

Creo que lo importante ahora es restablecer las fuentes de empleo, tanto para quienes sufrieron pérdidas o sus deudos como de quienes no fueron afectados directamente. Me cuentan que en las instalaciones de La Reunión trabajaban cerca de 2,000 personas, entre personal del hotel, jardineros, peones, caddies de golf y otras ocupaciones. Otro tanto sucedió en las fincas y la agroindustria que quedó soterrada. Por otra parte, la afluencia turística, estudiantes de español, realización de bodas, conferencias y otros eventos, así como visitantes en general habrá disminuido en Escuintla, Antigua Guatemala y otras ciudades. Eso significa menor ocupación de hoteles restaurantes, cafeterías y en una inmensa cantidad de establecimientos y personas que viven del turismo. Hoy el empleo y los ingresos de todas esas personas se ha reducido también.


El esfuerzo debe concentrarse (sin olvidar a los heridos y sus familiares), en recuperar esas plazas de trabajo, en hacer productivas de nuevo las plantas destruidas. Que cuando el riesgo haya reducido, se pase a las tareas de limpieza que serán la fuente de trabajo que equivaldrá, esta vez, a los trabajos de reconstrucción de casas y edificios en 1976.

Que tanto como sea posible, las élites de pensamiento se reúnan para buscar soluciones. Esa tarea no corresponde al gobierno ni a sus instituciones, creadas para fines diferentes. El liderazgo de tales acciones debe quedar en manos de los pensadores, no de los políticos. Ahora, en esta segunda fase post desastre, el empleo es la prioridad.