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Mi Esquina Socrática

Lo mejor y lo peor de nuestro momento
Fecha de Publicación: 11/06/2018
Tema: Valores
Empiezo con lo peor por lo que ha entrañado de tanto horripilante sufrimiento humano: la erupción del Volcán de Fuego.

Las tragedias personales derivadas de ese fenómeno telúrico aún no se han contabilizado del todo y dudo que alguna vez pueda lograrse. Lo más horripilante en todo ello: lo seres humanos calcinados vivos, para llorarlos sin consuelo particularmente cuando nos referimos a tantos niños y adolescentes afectados.

Pero también ha asomado en esta tragedia algo de lo mejor de lo humano: la solidaridad tan generosa por parte del resto de la población laboriosa y en lo personal no afectada. Y así, la compasión cristiana de muchos se nos ha vuelto bálsamo ejemplar para todos. Para edificación propia y del resto de los pueblos del mundo que nos han sido testigos.

Y así lo peor, por otra parte, ha dado vía para lo mejor y doy entusiastas gracias a Dios por el corazón inspirado de este tan noble y tan sufrido pueblo guatemalteco.

De nuevo de regreso a lo peor: esa terca corrupción que persiste en nuestra vida pública, ahora agravada exponencialmente por la corrupción adicional que nos es del todo ajena de la CICIG. Que exacerba, y no puede curar, nuestras debilidades consuetudinarias, y encima importada desde el extranjero por los cálculos perversos de algunos hijos descarriados de esta ubérrima tierra, acompañados siempre del aplauso de un montón de ignorantes cortoplacistas.

Por otra parte, retrotrayéndonos a aquella esperanzadora expresión de civismo que aquí se destapó en abril del 2015, una verdadera insurgencia del todo pacífica, todavía nos inspira y mantiene en alto nuestro espíritu combativo.

Luces y sombras, que nos certifican de nuevo la vieja verdad de que “el precio de toda libertad es siempre una eterna vigilancia”.

Guatemala, has dado un salto exponencial hacia lo mejor precisamente porque lo has acometido bañado en las lágrimas del engaño y de la traición.

Me atrevo a creer que hemos progresado en estos últimos tres años mucho más que en los tres decenios que los precedieron.

Y todo ello nos ha sorprendido por el arribo de esa revolución tecnológica inesperada que son las redes sociales. Gracias a ellas, han quedado rotos los oligopolios en la radio, la prensa escrita y la televisión abierta, y la voz del ciudadano común y corriente se ha dejado oír con más fuerza que nunca antes.

Salto imponente al mismo tiempo para una mayor libertad individual y no menos, para una acrecentada responsabilidad.

Lo bueno y lo malo, como siempre, íntimamente entrelazados cual propio de la condición humana.

Este regalo sorprendente que nos ha renovado en el espíritu cívico, influye en esa renacida lucha contra la corrupción que paradójicamente nos la ha hecho más difícil ese adefesio de la prepotente y extranjerizante CICIG.

Renovemos, por tanto, nuestro firme compromiso con el rescate moral de nuestras instituciones y de nuestra vida pública pero sin esos tutores ni esas dádivas de otros que nos son del todo ajenos. Pues ningún pueblo ha logrado jamás su grandeza sino a base de su sudor, de su sangre y de sus lágrimas, como lo atestiguara felizmente Winston Churchill en la hora más negra de la historia de su pueblo.

Las estratagemas dolosas de ese engendro único en el entero planeta que se llama “CICIG” se han concentrado en el “sector justica”, que hipotéticamente habrían venido a ayudar, para chantajearnos y extorsionarnos a todos sin piedad.

El resultado ha sido y será catastrófico para la moral de todos los que aquí habitamos. La injusticia se ha vuelto más venenosa y selectiva, más enconada y más dañina que nunca antes entre nosotros. Y el nivel moral de la Corte de Constitucionalidad, de la Corte Suprema de Justicia y, hasta hace más o menos un mes, del Ministerio Público, se ha venido estrepitosamente abajo.

Pero a su turno este triste aporte de la CICIG lo podemos retrotraer a otro que le fue precedente y ya viejo de más de medio siglo: la creciente perversión de la formación de los juristas en la Universidad de San Carlos (y consiguientemente en las demás “privadas” sujetas a su influjo), muy en particular por esa irresponsabilidad colectiva de su Consejo Superior, al igual que de algunas de sus decanaturas sujetas a su autoridad, en particular la de la Facultad de Derecho desde principios de la década de los setenta del siglo pasado.

Por ejemplo, ¿acaso se ofrecen todavía cursos de ética profesional? ¿O de Derecho Comparado? ¿O hasta del análisis económico del derecho?, que muy bien le hubiera venido, por cierto, a la Magistrada Gloria Porras y a otros más.

Ya sé que se me va a objetar lo que acabo de decir con alusiones a los hombres y mujeres beneméritos egresados de esa entidad tricentenaria. Pero yo hablo del hoy o del más reciente ayer. Y ni se me alegue con los nombres de sus muchos mártires de la represión estatal. Hablo de los todavía vivos y activos, los únicos que todavía podrían haber hecho esa diferencia ética en el Poder Judicial.

Pues en la Universidad, como en cualquier otro ambiente humano, la putrefacción moral se vuelve más terca cuando minorías inescrupulosas han copado los resortes del poder retórico (o demagógicos) en ellas.

A ellos, por supuesto, no los investiga la CICIG, como tampoco al CUC, ni a CODECA, ni a FRENA, ni a CALDEH, ni a la Fundación Mirna Mack o la de Guillermo Toriello, ni tampoco al partido de la UNE…

Y, ¿de dónde les llegan entonces sus repletas bolsas de dinero? Ya lo sabemos ampliamente: de muy lejos de las costas guatemaltecas.

Lo mismo sabemos hasta de algunos francotiradores en el Departamento de Estado de los EE.UU., como también de la Secretaría General de la ONU, o de algunas Cancillerías nórdicas de Europa, o hasta de la Iglesia Luterana de los países escandinavos, o del refuerzo tangencial a todos ellos por parte de las dictaduras de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

No menos de muchos nombres y apellidos de los vergonzosamente “resarcidos” que todos conocemos a costa de los impuestos que pagamos ingenuamente los demás. ¿O será que los sobrantes de lo recaudado por la URNG con tantos secuestros y chantajes también todavía alcanzan?

Y sobre todo lo cual guardan los verdugos de la CICIG hermético silencio.

Precisamente por estos días también se mueve frenéticamente por los corredores gubernamentales de Washington nuestro corrupto dictador importado desde Colombia, Iván Velázquez, para que la administración de Trump no les corte el torrente de miles de millones de dólares de los contribuyentes norteamericanos que hasta ahora ellos han ahorrado en sus cuentas personales para días nublados…

Lo mejor y lo peor de este momento: la solidaridad generosa con los hombres y mujeres libres y los atropellos tan injustos contra los inocentes por medio de un Poder Judicial todavía más corrupto gracias a la cortina de humo con que los protege la CICIG.

¿Despertaremos alguna vez?...
(Continuará)