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Teorema

Elogio a los políticos
Fecha de Publicación: 03/06/2018
Tema: Gobierno

Por lo general nos referimos de manera peyorativa a las personas que hacen política, los infamamos constantemente. Con frecuencia somos injustos, principalmente cuando generalizamos. Menospreciamos, o hasta pretendemos ignorar, que el político, por encima de otras personas públicas, vive permanentemente bajo una lente de aumento poderosa. La sociedad, principalmente la prensa, escudriña cada uno de sus actos, les obliga a hacerlos públicos y critica con severidad cualquier desliz. Además, aquello de ver la paja en el ojo ajeno… cuadra muy bien.

Recuerdo haber leído sobre una diputada que un domingo fue a Tikal Futura, compró una hamburguesa y pagó con la tarjeta de crédito del Congreso. Un columnista lo supo y lo publicó censurando aquella ligereza suya, que terminó convirtiéndose en un acto terrible contra la moral pública. En un dos por tres, aquella pobre mujer quedó clasificada al menos entre quienes leímos esa nota, por aquel solo acto, como una persona corrupta.

Fuimos pocos quienes consideramos que había sido un acto sin mayor trascendencia, una falta que expresaba una educación pobre era asuntos éticos. Por lo contrario, sin tener como acreditarlo, los detractores de tal proceder nos erigimos en ejemplos de moralidad, en gigantes de buen comportamiento ciudadano, en ciudadanos ejemplo para todos. ¡Bellacos!

Años después, y también antes, esa misma persona cometió agravios mayores contra la ciudadanía. Debimos pagarle una suma millonaria, escandalosa, quizá el más alto resarcimiento que haya cancelado el Estado con nuestros impuestos. Pero aquello que era lo importante, fue callado, ignorado. Pronto formó parte del olvido nacional. Nadie se preguntó si para recibir esa suma que algunos sitúan por encima de Q. 20 millones, utilizó sus influencias como legisladora. Nadie se preguntó si hubo de dar algo a cambio, o si comprometió intereses nacionales.

El recuerdo de la hamburguesa se impuso sobre los actos verdaderamente graves cometidos por ella y también sobre sus no pocos aportes al país. Es como si todos hubiéramos exigido que esa pobre mujer, toda llena de defectos, muy pocas cualidades y quizá ninguna virtud a menos que pudiera considerarse como tal su desmedida ambición― tuviera que ser, no una congresista más, sino un ejemplo para la juventud, un modelo para la ciudadanía.

Algunos diputados han sido terribles maleantes, verdaderos saqueadores, consumados extorsionistas, los hubo secuestradores, ladrones de profesión o “pícaro-listo” de pueblo pequeño. Eso es una verdad inocultable. Pero no todos son así. Afortunadamente algunos están empeñados en cumplir su deber, en representar dignamente a sus electores y defender sus posturas. Ellos son los controversiales, los señalados, los que la prensa ah, la ceguera de la prensa suele malquerer y contra quienes se empecina.

Déjeme citar, como ejemplo de estos buenos diputados, a dos opuestos por su orientación política, por su extracción social, por su visión de cómo es Guatemala y cómo debiera ser: Sandra Morán y Fernando Linares.

Usted no puede estar de acuerdo con ambos, sobre una misma cuestión. Aunque sí podría estar en contra de los dos. Pero lo más probable es que favorezca a uno y adverse al otro. Además, si usted puede reunir suficiente objetividad, habrá de reconocer que ambos desempeñan bien su cargo, que los dos representan los intereses y aspiraciones de quienes los eligieron y que ambos actúan con honradez intelectual, manejan un discurso “políticamente incorrecto” y no lo han cambiado a lo largo de su gestión.

Algunas veces el político comete actos verdaderamente heroicos y el público les da la espalda. Aún más, destruye su memoria sin tomar en cuenta lo más importante de su gestión. Se les priva de su lugar en la historia de los países. Confieso que no escapo a esa condición de crítico injusto. En mi descargo y quizá buscando expiar esa culpa, es que escribo estas líneas reflexivas que pienso ampliar más adelante.

Permítame poner un par de ejemplos.

Primero: En mayo de 1940, Winston Churchill asumió como Primer Ministro del Reino Unido. Su desempeño en el cargo, no solo evitó que Hitler invadiera la isla, como lo había prometido, sino también fue artífice del triunfo aliado.

Sin embargo, recién terminada la guerra, a fines de julio de 1945 Churchill tuvo que entregar la conducción política del reino a Clement Attlee, candidato del Partido Laborista, quien le había derrotado en las elecciones de ese año.

Segundo: Golda Meir fue electa Primer Ministro de Israel. Fue la quinta Primer Ministro de ese joven Estado, la primer mujer en ocupar ese cargo en Israel y segunda en el mundo. Asumió a mediados de marzo de 1969, solo dos años después de la exitosa gesta conocida como “La Guerra de los seis días”. El entonces joven Benjamín Netanyahu, bajo sus órdenes, participó en el rescate de los pasajeros de un avión de la aerolínea Sabena, tomado por comandos terroristas palestinos. También le correspondió decidir qué hacer después del asesinato de 11 atletas israelitas en los Juegos Olímpicos de Múnich (mediados de 1972).

Pese a ser una pacifista consumada, le señora Meir tuvo que enfrentar a Siria y Egipto quienes lideraban a una coalición de países árabes. En octubre de 1973 cuando Israel celebraba el Yom Kipur, su festividad religiosa más importante, que ese año coincidió con el Ramadán, festividad también religiosa de ayuno en el mundo musulmán. Los invasores buscaban recuperar las posesiones del Sinaí y los Altos del Golán que habían perdido en la “Guerra de los seis días”, 4.5 años atrás. Después de un inicio victorioso para Siria y Egipto, Israel se impuso forzando su retirada. Sus tropas llegaron a sólo cien km de El Cairo y a cuarenta km de Damasco.

Golda Meir adquirió gran popularidad internacional, mostraba a un Israel dispuesto a buscar la paz y sacrificarse para alcanzarla. Al tiempo que otorgaba máxima prioridad a la seguridad de su territorio y de sus habitantes, convirtiendo a Israel en uno de los países más respetados en el mundo. Internamente hubo señalamientos contra ella y prefirió renunciar, considerando que el bienestar de su país requería unidad política y estaba por encima de cualquier otra consideración. Dimitió en 1974.