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Lectura Recomendada

César A. García E.: Credenciales de vida e Institucionalidad
Fecha de Publicación: 23/05/2018
Tema: Construir el Estado

Desde que fue nombrada –por el presidente– a través de un proceso diáfano, la fiscal general, Consuelo Porras, hay gente –irrespetuosa de la institucionalidad– queriendo serrucharle el piso de la silla que apenas llegó a ocupar hace tres días. Inmediatamente surgieron infundios y desinformación. Esto –raramente– después de que en el proceso de selección, no se le encontraron tachas y su trayectoria, no fue objetada por nadie, por lucir transparente. De pronto, todo cambia; ya “no importan” las credenciales de vida, ni la preparación para el cargo. “Importa” solamente que su cónyuge es militar y que continúe –a pie juntillas– las directrices que dejó planteadas su –ahora famosa– antecesora; “importa” que se “amigue” con los amigos de ella, “importa” que no cambie nada ni a nadie, en el MP, porque todo lo que recibe se asume “perfecto”… cuando en la vida –excepto Dios– todo es perfectible; “importa” que asegure que meterá preso al presidente. ¿Qué colección de idioteces son estas pretensiones, de quienes quieren ejercer poder e imponer sus desvaríos a ultranza? Francamente reducir el importantísimo rol del fiscal general, al encono contra un malogrado e indefendible presidente, es –por decir poco– necedad.

Tales pretensiones, son realmente impertinencias y lejos de apoyar la institucionalidad, la laceran. La institucionalidad funcional, no se basa en “personas perfectas” –porque no las hay– sino en el respeto irrestricto de marcos jurídicos, desde donde las instituciones nacen, todas las leyes atinentes y obviamente la Constitución Política de la República. En todo caso quien ejerza función pública está limitado en sus funciones –solamente– partiendo de lo que la ley le permita y prohíba… y en el caso de países bananeros –indudablemente– tomando en cuenta las directrices del Supra Poder. He visto varias entrevistas a la nueva fiscal, de quien me ha sorprendido favorablemente, su paciencia agustina y claridad de ideas. Paciencia para soportar mediocridad y altanería de megalómanos entrevistadores y claridad para explicar tranquilamente, sus pareceres. Pero también ha mostrado gran tolerancia, con las exigencias y hasta amenazas de quienes se atreven a decirle, cosas como: ‘“la estaremos observando”’ ¿Se merece una profesional de trayectoria limpia este trato?, ¿Debe aceptar las presiones de gente sin su trayectoria o prestigio?, ¿Debe tomar partido en esta absurda lucha de intrigas que si bien es cierto es “circo para el pueblo”… socava la institucionalidad y fustiga la economía? No lo creo y –sin siquiera conocerla, ni haberla saludado en mi vida– me parece que está muy clara de que no aceptará presiones de nadie, lo cual sería plausible. Algunos oportunistas, piensan las presiones –al margen de la ley– “son válidas” porque se enmarcan en su visión y aviesos fines; esa forma de pensar –otra vez– arremete contra la institucionalidad. ¡El fin nunca justificará los medios!

El miércoles se le quiso endilgar la responsabilidad de no haber invitado al PDH y al Comisionado, a su juramentación, cuando ese acto es organizado por el Ejecutivo ¿Qué les pasa?; además la ausencia o presencia de otros funcionarios –en un acto– es insustancial, para efectos prácticos; a cada quien le toca jugar un rol… esa es la democracia y respetar los linderos de sus competencias. Si la nueva fiscal acudió o no a todos los debates, es también irrelevante… lo que debe importar –ojalá algún día lo aprendiéramos– son las “credenciales de vida”. ¿Qué hemos hecho, con las oportunidades que tuvimos?, ¿Qué hemos construido en la vida?, ¿Qué preparación hemos conseguido y cuál es nuestra experiencia?… pero sobre todas las cosas ¿Somos ambivalentes o determinados? Y ¿Es nuestro actuar coherente con nuestro discurso? A juzgar por el trabajo de la comisión de postulación, la doctora Porras, demostró –y ampliamente– credenciales de vida ¿A qué viene tanta duda ahora, por qué quieren ponerle camisa de fuerza?, ¿Por qué pretenden que sea un capítulo dos de la fiscal Aldana, a quien tanto se criticó a su arribo al cargo que –por cierto– terminó honrando? Los relevos necesarios en la cosa pública, una vez las selecciones sean buenas, pueden resultar mejores cada vez; ello haría muy bien a la institucionalidad, porque se continuaría con el fortalecimiento del MP, donde se observan innegables avances. Es necesario respetar a la nueva fiscal, no descalificarla prematuramente, también lo es, que ella se dé su lugar y vaya poniendo en su sitio, a quienes intenten someter sus principios y valores, a cambio de cámara y titulares. Pienso que una mujer que ha llegado, a base de esfuerzo y modestia, hasta donde ella se encuentra, sabe
–de sobra– que su sujeción a la ley es lo único que importa y especulo que preferiría renunciar a actuar contra derecho, pues tiene un prestigio de vida que cuidar y éste, ha sido sometido al escrutinio público; solamente las personas sin “credenciales de vida” nunca tienen que perder.

Los guatemaltecos de trabajo, esperamos –con gran ilusión– la corrupción se purgue lo más posible de nuestro apestoso sistema político-mercantilista; algunos también entendemos que esta directriz ha sido impuesta, buenamente, desde el Supra Poder y es, en ese país, ley vigente, consensuada entre republicanos y demócratas ¿Nos duele que foráneos vengan y arreglen la casa? ¡Es natural!, pero es que nosotros no quisimos hacerlo, convirtiéndonos en “amenaza” para el Supra Poder. Permitimos –como nación “soberana”– que grupos fétidos tomaran el control de todo, e incluso, fueron y son alfombras del ‘statu quo’. Decidimos –también– ser “limosneros” de la comunidad internacional, en lugar de autodeterminarnos, pero siendo limosneros, carecemos de garrote; hay que ser honestos con la historia y enteramente autocríticos.

A todos nos debe quedar claro que las naciones que lograron abatir la miseria y la ignorancia –necesariamente– debieron arremeter contra la corrupción, los poderes absolutos y privilegiaron el interés común sobre el particular, pero sin pasar por encima de los derechos individuales; no hay otra ruta hacia la prosperidad, la generación de empleo y la atracción de inversión. Dentro de este marco referencial, los corruptos –no importa si son de la “suciedad” civil, burócratas, evasores legendarios, titiriteros de raza, derechistas patológicos, o vividores del erario público de profesión– deben quedar fuera, sin capacidad ni posibilidades de influir o gobernar. Es preciso discernir que no todo el que dice estar contra la corrupción, es virtuoso u honrado… muchos amorales y deseosos de protagonismo, frente al próximo proceso electoral, manejan hoy un discurso “moral” –con conveniente disfraz de impolutos o lisonjeros– pero socavan la institucionalidad; tal el caso del PDH que descuidando su importante rol, aparece como patético “paladín”, interfiriendo en asuntos ajenos a su mandato. ¿Sabrá este señor que es necesario ceñirse a la ley y respetar los pesos y contrapesos para que la República funcione? Lo único que debe contar, en un reinicio de Guatemala, bajo el marco de legalidad, son las credenciales de vida… el resto es basura, porque hablar todos podemos, pero hacer el bien es privilegio y decisión de pocos. ¡Piénselo!