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Contrapunto

Sobre las dictaduras y las guerras
Fecha de Publicación: 10/05/2018
Tema: Política
Una cosa es el juicio moral, otra el juicio histórico
 La dictadura era una institución política que nació en la República Romana hace más de dos mil años. Consistía en dar poderes plenos a una persona, el dictador, para poder enfrentar situaciones de excepción ante las emergencias que, de tanto en tanto, se presentaban. Muy importante era que la dictadura, así concebida, tenía una duración clara y estrictamente limitada: por lo general seis meses o un año. Luego, todo volvía a la normalidad jurídica. Quien conozca la historia de Roma, de la Roma republicana que perduró durante quinientos años, reconocerá que esta institución resultó un recurso indispensable para hacer frente a situaciones muy graves, como invasiones, guerras y catástrofes naturales. No fue por ella, por otra parte, que se perdió la república. Fueron otras causas, bastante complejas, las que llevaron después a que apareciese el imperio, causas que no es del caso exponer aquí.

Las repúblicas modernas carecen, como sabemos, de una institución semejante. En casi todas ellas hay algunos recursos para enfrentar situaciones extremas, como los diversos tipos de estados de excepción que se conocen, pero la dictadura –en el sentido romano- no existe. Es una lástima, opino francamente. Hay, en cambio, una actitud de crítica sin matices a toda forma de dictadura, una especie de anatema, que es más moral que política. Porque la dictadura, en ciertos casos, es con mucho el mal menor.

Es fácil oponerse a toda forma de dictadura -“de izquierda o de derecha”, como dicen- pero esta crítica pasa por alto que las dictaduras emergen en situaciones concretas y específicas, a las que hay que hacer frente. Claro está, a nadie le agradan las brutalidades represivas de la junta que presidió Videla en Argentina o la dictadura de Pinochet en Chile, para dar solo dos ejemplos. Pero nuestros filósofos políticos no son capaces de darnos respuesta a algunas preguntas de importancia decisiva: ¿hubieran preferido la instauración de un régimen autoritario en Chile o en Argentina, a la emergencia de la dictadura que se impuso?

¿Una transitoria dictadura en Venezuela, durante la crisis de 2002, podría haber sido peor que el totalitarismo de Chávez y Maduro, que ha hundido a ese país en la miseria, el atraso y el dolor?

Ocurre algo parecido con las guerras. Leo todos los días un gran cartel que colocaron en la ciudad de Guatemala que dice: “Las guerras son inútiles”, y me abruma la irracionalidad del planteamiento. Pienso que las guerras son espantosas, que hay que evitarlas en lo posible, que lanzarse a la lucha armada casi siempre es un crimen. Las guerras son crueles, nefastas, horribles… pero no son inútiles. ¿O acaso el que escribió la frase que menciono hubiera preferido vivir bajo el imperio del nazismo? ¿Es preferible soportar la esclavitud o rechazar y enfrentar a quienes nos invaden o avasallan?

Lo mismo ocurre con las dictaduras, que son cualquier cosa, menos inútiles. Claro que es preferible siempre una salida democrática, claro está que las dictaduras conculcan las libertades, pero hay situaciones en que, si no se impone una solución de fuerza, las libertades se perderán para siempre y ya no habrá opción. ¿Acaso nuestros demócratas quieren para el resto del mundo el destino del pueblo cubano?

Creo que esas posiciones pacifistas, bien intencionadas, democráticas y liberales son visiones morales de lo preferible, de qué sería deseable, pero que no pueden convertirse en guías para la acción en la realidad concreta y menos para juzgar retrospectivamente lo que ocurrió en la historia. La vida política trae situaciones en las que debemos elegir entre dos males, como ocurre a veces hasta en las más libres elecciones. Es lamentable, pero es así: el mundo podría ser mejor, pero es como es.

Suena muy bonito lanzar epítetos contra los dictadores, confundiéndolos en un todo uniforme sin matices ni distinciones. Pero la realidad es más compleja y no debe ser evaluada de modo tan simplista, ni puede la vida política evaluarse del mismo modo que la vida personal. Yo soy un liberal convencido, que lucha por las libertades individuales en todo contexto, en toda ocasión. Pero esta preferencia moral, esta filosofía, no puede ni debe ocultar que la vida política está llena de trampas y de laberintos sin salida, que la libertad debe ser defendida, en cada ocasión concreta, dentro de las posibilidades –a veces escasas- que la dura realidad nos ofrece.

Carlos Sabino, autor de numerosos libros, escribe artículos de opinión para Panampost, medio en el cual fue publicado originalmente artículo, que se reproduce con autorización del autor. https://es.panampost.com/author/carlos-sabino/
SOBRE EL AUTOR
Carlos Sabino
Nacido en Buenos Aires, 1944. Sociólogo (U. de Buenos Aires) y Doctor en Ciencias Sociales (U. Central de Venezuela) Director de la Maestría y Doctorado en Historia de la U. Francisco M
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