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Teorema

Guatemala caótica
Fecha de Publicación: 09/05/2018
Tema: Política
Para 1982, la población ya estaba convencida de que el régimen de Romeo Lucas García estaba totalmente corrupto. Pese al temor a represalias, desde dos años atrás abundaban los comentarios inculpadores contra el Presidente, sus funcionarios y los “contratistas” e intermediarios. Lo ilegítimo había iniciado antes de la votación que lo convirtió en el 37º Presidente de la República.

El domingo 5 de marzo de 1978, los ciudadanos que asistimos a votar recibimos una papeleta con solo tres candidatos (la última vez que fueron pocos), todos militares. No había una sola opción civil. Éramos 1.8 millones de electores con solo unos 25 mil militares, casi todos soldados. Pareciera que fuéramos a elegir al jefe de una base militar.

Entre los candidatos de aquella papeleta figuraba Enrique Peralta Azurdia quien había derrocado mediante un Golpe de Estado a Ydígoras Fuentes y asumido la dirección del gobierno (1963-66). A Peralta, elmás conocido, se le veía como hombre poco inteligente, pero honrado. Fue quien obtuvo más votos en aquella elección.

Otro candidato en la papeleta era Ricardo Peralta Méndez, quien había estado a cargo del Programa de Reconstrucción Nacional, creado después del terremoto de 1976. Dentro del Ejército se le consideraba un oficial ilustrado. En realidad solo lo era en relación con sus adversarios en la papeleta. Durante su campaña Vinicio Cerezo hablaba por él, respondiendo las preguntas difíciles y, a veces, también las sencillas.

En las urnas el triunfo fue de Peralta Azurdia pero el Alto mando militar, despreciando la voluntad ciudadana, se puso de acuerdo con los políticos para otorgar el triunfo a Lucas, quien asumió la presidencia, con Francisco Villagrán Kramer como vicepresidente. En la elección anterior (1974) había sucedido lo mismo, Ríos Montt había ganado en las urnas pero fue Laugerud quien ocupó la casa presidencial.

Romeo Lucas García era un hombre de carácter fuerte, autoritario, sumamente rústico. En el libro de Méndez Vides sobre Arzú, el exalcalde cuenta que una vez Lucas lo llevó a su finca en Alta Verapaz. Al entrar a la casa, “pateó a un par de coches que estaban adentro, para que salieran”. (Página 124)

En favor de Lucas habría que decir que mantuvo la dignidad de la Nación. Rechazó tajantemente la intromisión de la Embajada de USA (era la presidencia de Carter) y de otras entidades internacionales y nacionales que pretendían decirle como gobernar. Francisco Villagrán Kramer, su vicepresidente, había renunciado solicitando a USA que nos interviniera militarmente. Con la prensa no tuvo dificultad porque era sumisa.

También, como se dice, “hizo obra”. Aunque sus proyectos fueron foco de corrupción. La mayoría no solo fueron corruptos, sino nunca produjeron nada. Se construyeron hospitales, escuelas, mercados, centros deportivos… todo a costos elevadísimos.

Allí nació el puente sobre el Río Dulce, la hidroeléctrica Chixoy, ZOLIC, y Puerto Quetzal. Sin la corrupción, esas instalaciones hubieran podido construirse a un costo menor. Sin embargo, su operación sigue prestando valiosos servicios al país. En cambio otros, como Celulosas de Guatemala –CELGUSA–, –DAG– y muchos más, solo causaron pérdidas económicas y deterioro al prestigio nacional.

La rentabilidad, la solvencia financiera no importaban, había que firmar contratos y cobrar “comisiones”. El BM, el BID y el BCIE estaban encantados. La banca española estuvo presente utilizando a CORFINA como intermediario financiero de varios proyectos, todos fracasados: CELGUSA, una fábrica de grifería, otra de discos de corte, una de abrasivos... nunca produjeron nada. En Hidrochulac se invirtieron US$ 120 millones sin generar un solo Kwh. Todos estos proyectos contaban con el respaldo del Estado de Guatemala; hubo pagar los préstamos.

El Grupo español MIT/ITP fue el promotor de CELGUSA, planta que no llegó a producir una sola onza de celulosa. Solo contrató a firmas españolas quienes a su vez subcontrataron empresas locales. Entre mayor la cadena de intermediarios, más se diluía la responsabilidad, más demoraba el proyecto y más aumentaba el costo final. El Ministro de Finanzas llego a poner una oficina de proyectos en ese Ministerio desde donde “controlaba” las comisiones.

Fue entonces cuando se perdió el respeto a las cifras millonarias.

Los personajes que rodearon a Lucas, contribuyeron a crear la imagen de desprestigio y corrupción en su gobierno. Carlos Álvarez, Raúl García Granados, Miguel Isidro Tejedor, Valentín Solórzano, Donaldo Álvarez, Marco Tulio Búcaro, Valiente Téllez, Germán Chupina, García Arredondo, los “garrotes” Marroquín, Ricardo Arguedas… unos como funcionarios, otros como gestores de negocios oscuros, son nombres que aún se recuerdan… y estremecen.

A partir de 1980 los crímenes de la guerrilla fueron aún más sanguinarios y espectaculares. De incendiar fincas y máquinas pasaron a la quema de la Embajada de España. De invadir fincas a ocupar poblaciones. De derribar torres a tomar carreteras. De bombardear puentes a explotar una bomba poderosa y cruenta en el parque central y frente a sedes bancarias y edificios públicos.

A fines de 1981 la guerrilla había sometido a poblaciones enteras, a su control. La Capital estaba sitiada. La imagen en el exterior era pésima. Habían conseguido desintegrar el país.

Con parte del territorio tomado por la guerrilla, los servicios públicos que prestaba el Estado casi dejaron de funcionar. Los servicios privados se mantenían con gran esfuerzo. La inflación se desbordó. El gobierno, errático y desesperado estableció precios tope y control de cambios, causando más corrupción. Había emitido bonos en quetzales y en dólares, lo que elevó la tasa de interés arriba de 20% (habría de superar 30%). Doquier había caos.

¿Cómo llegamos a eso, a tanto? No lo sé, pero la creciente corrupción e impunidad debieron estar entre las causas. La política, mucho más que en años anteriores, se había convertido en un medio de enriquecimiento.

Muchos, si no todos quienes vivimos esa época, recordamos el ambiente de Golpe de Estado que hubo durante casi todo marzo de 1982. Por eso, cuando finalmente aconteció, a ninguno causó sorpresa. Dos semanas atrás, día a día, los pobladores esperábamos que sucediera. El ocasional sonido de un helicóptero sobrevolando la ciudad hacía que la gente saliera a verlo anhelando que fuera el inicio.

El golpe fue realizado por un grupo de veintidós oficiales de rango medio, conocido como los “militares jóvenes”. Actuaron sin que lo conociera ni autorizara el alto mando militar. Hubo aplausos para ellos. En la población predominó el agrado, la satisfacción y esperanza de que entrar en una época mejor para nuestra Guatemala.

En un acto de madurez, los “militares jóvenes” reconocieron carecer del conocimiento y experiencia necesarios para gobernar. Nombraron a tres militares, dos activos y uno retirado, para tomar el mando. En una Iglesia Verbo, fundada por él, Efraín Ríos Montt predicaba su fe cuando le pidieron integrar esa terna. Poco después se rompió el triunvirato y Ríos asumió como Jefe de Estado.

A principios de mayo, el gobierno de Ríos había recuperado las carreteras, territorios y poblaciones tomados por la guerrilla. Hizo prisioneros y sometió a juicio a la mayoría de altos funcionarios de Lucas, otros lograron escapar y unos más simplemente fueron destituidos. Para mediados de año, el orden estaba restablecido.

El 8 de agosto de 1983, 16 meses después, Ríos, quien se había vuelto molesto y una amenaza permanente para los grupos de presión, fue depuesto por alto mando militar. Designaron a Óscar Mejía Víctores, un militar “buenazo”, acomodaticio, simpaticón, complaciente… quien gobernó en sustitución de Ríos Montt.

Mi intención al recordar esa época es transmitir la idea de que, en materia de desorden político, social y económico, hemos estado peor que ahora y hemos salido adelante.

El caos que entonces prevalecía en Guatemala era superior al que derivó de la aprensión de Pérez y Baldetti en 2015 y desde luego, mucho, muchísimo mayor que el actual. Hoy, muchas personas se muestran alarmadas, piensan que de un momento a otro podría suceder un Golpe de Estado Técnico. Temen que el gobierno de Morales podría ser depuesto y que podríamos terminar con un gobierno de izquierda rosada que no provendría de un proceso electoral. Se alarman más al considerar que ese gobierno progresivamente se radicalizaría y terminaríamos como Venezuela, Nicaragua o Bolivia.

No creo que nada así pueda suceder, me siento tranquilo y confiado a ese respecto. Si se compara con lo que vivimos a principios de 1980, el caos actual es poco importante. Es como buscar semejanzas entre el hospital de Amatitlán con el Roosevelt.

Lo que sí me preocupa son las elecciones del año próximo. Por un lado, creo que no podemos darnos el lujo de derrochar el tiempo con otro gobierno como cualquiera de los anteriores en este siglo. Por otro lado, ese líder enérgico, determinado, firme, sólido, seguro, fuerte… que me parece que necesitamos, no lo alcanzo a ver. Ojalá de las elecciones del año próximo salgamos con un presidente civil que, como Ríos Montt en 1982, o Álvaro Arzú en 1996, dé la talla para conducir al país con la autoridad necesaria y sin preocuparse mucho por el costo político que conlleve.