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Lectura Recomendada

Luis Enrique Pérez: Derecha e izquierda
Fecha de Publicación: 02/05/2018
Tema: Política
La derecha no tiene padres. No puede ser huérfana.
 

Algunos analistas políticos (que carecen de aptitud analítica), o algunos sintetistas igualmente políticos (que carecen de aptitud sintética), y hasta algunos sincretistas políticos (que convierten el sincretismo en confusión), afirman que, con la muerte de José Efraín Ríos Montt y Álvaro Enrique Arzú Irigoyen, la derecha ha quedado huérfana.

 En su delirio analítico, sintético o sincrético, ignoran que la derecha no tiene padres y, por consiguiente, jamás podría quedar huérfana. Los único padres que puede tener, son aquellos que esos analistas, sintetistas y sincretistas pueden inventar. Dedúcese que es esa invención la que ha quedado huérfana, y no la derecha. Y con esa orfandad de su invención analítica, sintética o sincrética, pueden soñar plácidamente. Pueden fantasear licenciosamente. Pueden complacerse hasta embriagarse.

 En ese plácido sueño, en ese fantasear licencioso y en esa embriagada complacencia, pueden contemplar una derecha que, en su inventada orfandad, llora por Ríos Montt, o llora por Arzú Irigoyen, e intenta buscar nuevos padres, y entonces resurgir. La derecha lamenta la muerte de ambos; pero jamás pretendió que vivieran eternamente. Reconoce sus méritos extraordinarios para impedir la devastación socialista de la república; pero jamás creyó que esos méritos les confirieran inmortalidad.

 La derecha no puede quedar huérfana, porque nunca ha tenido padres, ni necesita tenerlos, ni los necesitará. Y ningún auténtico ciudadano de derecha pretendió, ni pretende, ni pretenderá, que su derechismo es obra de una providencial paternidad.

 Esa paternidad, y por consiguiente, la posibilidad de orfandad, es propia de la izquierda; de esa izquierda que, por ejemplo, ha quedado en la orfandad por la muerte de Hugo Chávez o de Fidel Castro. Es una izquierda que necesita de padres y de hijos: de padres que manden incondicionalmente, y de hijos que obedezcan incondicionalmente, para imponer la servidumbre socialista, so pretexto del bien del pueblo, de la democracia, de la justicia y de la libertad.

 Mientras haya ciudadanos que no quieren ser siervos del Estado, sino individuos soberanos para procurar su propio bien conforme al derecho, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que no quieren ser parásitos económicos y sociales del Estado, sino seres humanos ansiosos de libertad de producir, intercambiar y consumir, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que quieren prosperar, no con favores arbitrarios del Estado, sino con la riqueza que libre y justamente pueden generar para ellos mismos y para toda la sociedad, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que pugnan por eliminar los favores especiales o privilegios que el Estado otorga para beneficiar a algunos ciudadanos y prohibirle ese beneficio a otros, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que pugnan por la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, y que creen que, en el Estado, la justicia comienza con tal igualdad de derechos, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que creen que el Estado debe primordialmente garantizar derechos de los ciudadanos, y que procurar el bien común es precisamente garantizar esos derechos, habrá derecha, sin hijos ni padres.

 Mientras haya ciudadanos que creen que el Estado debe ser un imperio del derecho, al que estén sometidos gobernantes y gobernados, y ansían que nadie sea víctima de la voluntad arbitraria de quienes gobiernan, habrá derecha, sin hijos de padres.

 Mientras haya ciudadanos que crean que la finalidad suprema del Estado es garantizar la libertad, y con ella, la vida y la propiedad privada, y estén dispuestos a sacrificar la vida misma por la libertad, habrá derecha, sin hijos ni padres.

Post scriptum. Mientras la libertad sea un ideal que late poderosamente en el corazón de algún ciudadano, y ese ideal racionalmente le inspire un ánimo combatiente, infatigable y fogoso, habrá derecha, sin hijos ni padres.